Las autovías de Dios

VER:
Hasta mediados de los años 80, las carreteras nacionales eran el camino habitual para desplazarse en automóvil de un lugar a otro. Una carretera nacional se caracteriza por tener una única calzada con doble sentido de circulación y un solo carril para cada sentido, además de una gran presencia de curvas, pendientes, dificultades para los adelantamientos, “puntos negros”… por lo que la circulación a menudo era complicada e incluso peligrosa. Las autovías, por el contrario, tienen dos calzadas y varios carriles para cada sentido de la marcha, las curvas son más suaves, tienen viaductos y túneles para superar obstáculos geográficos… lo que facilita mucho la circulación. Si habitualmente utilizamos la autovía, pero en alguna ocasión debemos ir por una carretera nacional, inmediatamente notamos la diferencia: más peligros, más tiempo de viaje, más atascos…
JUZGAR:
Estamos en el segundo Domingo de Adviento, y en el Evangelio hemos escuchado que Juan el Bautista, citando al profeta Isaías, exhortaba al pueblo: Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos. Porque como decíamos el Domingo pasado, el Señor viene una vez más a nosotros.
Pero a menudo ese camino del Señor se parece más a una carretera nacional que a una autovía. Hay muchos obstáculos, fuera y dentro de nosotros, que dificultan, retrasan e incluso impiden que el Señor venga. Fuera de nosotros, nos encontramos con las “curvas peligrosas, pendientes y puntos negros” que constituyen la indiferencia generalizada hacia Dios, el auge de diferentes tipos de laicismo, la crítica exacerbada y ridiculización hacia la Iglesia y sus miembros…
Dentro de nosotros encontramos el “tráfico intenso” de nuestros egoísmos, el acomodamiento de la vivencia de la fe, el consumismo, la celebración rutinaria de la Eucaristía, el abandono de la oración, la confesión y la formación… que hacen que no podamos “adelantar” y avanzar en la fe.
Por eso en la oración colecta hemos pedido: no permitas que, cuando salimos animosos al encuentro de tu Hijo, lo impidan los afanes terrenales. Y seguramente no esté en nuestra mano solucionar los obstáculos externos, pero los internos sí. Por eso Juan el Bautista recorrió toda la comarca del Jordán predicando un bautismo de conversión. El tiempo de Adviento es también un tiempo de conversión, una ocasión para allanar los senderos del Señor, como pedía el Bautista, para “rebajar el nivel” de nuestro egoísmo y acomodamiento, para “rellenar” el barranco en que hemos caído por la mediocridad con que creemos, celebramos y vivimos nuestra fe.
Pero como somos conscientes de nuestra debilidad, en la oración sobre las ofrendas pediremos al Señor: al vernos desvalidos y sin méritos propios, acude, compasivo, en nuestra ayuda. Y como nos recordaba la 1ª lectura, Dios no nos abandona: ha mandado abajarse a todos los montes elevados… ha mandado que se llenen los barrancos hasta allanar el suelo, para que Israel camine con seguridad. Para que circulemos con seguridad en nuestro caminar como cristianos, Dios mismo es quien nos construye “autovías”, ofreciéndonos su Palabra, la Eucaristía y los demás Sacramentos, tiempos y recursos para la oración individual y comunitaria, los Equipos de Vida, la formación… para que no nos quedemos “atascados” sino que “podamos adelantar”, para que sepamos afrontar y superar los obstáculos, dentro y fuera de nosotros, que nos impiden avanzar en la vida iluminada por la fe.
Para preparar el camino del Señor, a nosotros nos corresponde “circular” por esas autovías que el Señor nos ha preparado, siguiendo lo que san Pablo indicaba a los Filipenses en la 2ª lectura: colaborar en la obra del Evangelio, crecer en el amor y cargarnos de frutos de justicia.
ACTUAR:
¿Suelo circular por carreteras nacionales o por autovías? ¿Y en mi vida de fe, me siento como en una “carretera nacional” llena de obstáculos que hacen que no adelante? ¿Aprovecho las “autovías” que Dios pone a mi disposición? ¿Cómo voy a preparar el camino del Señor?
No dejemos que los afanes de este mundo impidan nuestra marcha, no nos quedemos en el “atasco”. Preparemos el camino del Señor circulando por las “autovías” que Dios nos ofrece para llegar a nuestro destino, porque como decía San Pablo: Ésta es nuestra confianza: que el que ha inaugurado entre vosotros una empresa buena, la llevará adelante hasta el Día de Cristo Jesús.