Parròquia Sant Vicent Màrtir de Benimàmet

Homilía de la Inmaculada-C

Con el depósito lleno

Inmaculada-C

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VER:

Durante los meses de invierno, la Dirección General de Tráfico recomienda entre otras cosas que, durante los desplazamientos, procuremos llevar lleno el depósito de combustible. Así, en caso de producirse alguna circunstancia que nos obligue a detenernos, podemos mantener el motor en marcha y que funcione la calefacción, evitando el riesgo de congelarnos. Es verdad que, debido al precio del combustible, nos cuesta llevar el depósito lleno, pero merece la pena porque está en juego nuestra propia seguridad.

JUZGAR:

Hoy estamos celebrando la Inmaculada Concepción de la Virgen María. Como iremos repitiendo en las diferentes oraciones de esta solemnidad, Dios quiso preparar a su Hijo una digna morada y por eso preservó a la Virgen María de toda mancha de pecado. Preservar significa proteger, resguardar anticipadamente a alguien o algo, de algún daño o peligro. María fue resguardada anticipadamente, ya desde su misma concepción, de ese “peligro”, de esa tentación que tenemos los seres humanos, y que denominamos “pecado original”. En la 1ª lectura hemos escuchado el relato (que no hay que interpretar literalmente) que quiere ofrecer una explicación de la causa de ese “pecado original” y que consiste en que los seres humanos, haciendo un mal uso de nuestra libertad, sentimos la inclinación de desobedecer a Dios e incluso pretender ser como Él y suplantarle, lo cual acarrea consecuencias funestas, entre otras, la pérdida de la Gracia, la comunión de vida y amor con Dios.

De esta inclinación, de este “pecado original”, fue preservada la Virgen María y por eso, como hemos escuchado en el Evangelio, el Ángel la llama llena de gracia. Porque María no sólo fue preservada por Dios de todo pecado, sino que a medida que fue creciendo supo mantener esa pureza, supo mantener “lleno de gracia” el depósito de su fe, lo que le permitió “circular segura” a lo largo de su vida, afrontando con confianza en Dios todas las circunstancias, desde el anuncio del Ángel, pasando por la Cruz de Jesús, hasta Pentecostés.

El domingo próximo diremos que, para circular con seguridad en nuestro caminar como cristianos, Dios mismo nos construye “autovías”, ofreciéndonos su Palabra, la Eucaristía y los demás Sacramentos, tiempos y recursos para la oración individual y comunitaria, los Equipos de Vida, la formación… para que no nos quedemos “atascados”. Y para preparar el camino del Señor, a nosotros nos corresponde “circular” por esas autovías que el Señor nos ha preparado.

Pero como la inclinación al pecado está siempre presente, hoy dirigimos nuestra mirada hacia María en su Inmaculada Concepción, pidiéndole que interceda por nosotros, ya que Ella, por ser la única llena de gracia, es para nosotros abogada de gracia y ejemplo de santidad (Prefacio).

Nosotros debemos aprender de María a procurar tener siempre “lleno de gracia” el depósito de nuestra fe, para poder “circular” también por nuestra vida con confianza en Dios en todas las circunstancias, y sobre todo para mantener el “calor” de la esperanza cuando debemos afrontar situaciones especialmente adversas. Y la “estación de servicio” para repostar es el Sacramento de la Reconciliación, por el que recibimos el perdón de los pecados y recuperamos el estado de Gracia, la comunión de vida y amor con Dios. Aunque nos cueste, necesitamos “llenar el depósito” periódicamente, para no quedarnos parados, “congelados” en nuestra vida de fe.

ACTUAR:

¿Soy consciente de la tentación constante que supone el pecado original? ¿En qué ocasiones desobedezco a Dios, o en la práctica vivo como si Él no existiera? ¿Afronto las circunstancias de la vida con confianza en Dios? ¿Procuro mantener lleno de gracia el depósito de mi fe? ¿Cuánto hace que no he “repostado”, que no me he acercado a recibir el Sacramento de la Reconciliación?

Durante el tiempo de Adviento debemos preparar el camino del Señor, y uno de esos preparativos es procurar tener “lleno de Gracia” el depósito de nuestra fe. Miremos a María Inmaculada porque como dice el Papa Francisco: Es la que nos enseña el camino de la santidad y nos acompaña. Ella no acepta que nos quedemos caídos. Conversar con ella nos consuela, nos libera y nos santifica. La Madre no necesita de muchas palabras, no le hace falta que nos esforcemos demasiado para explicarle lo que nos pasa. Basta musitar una y otra vez: «Dios te salve, María…» (GE 176). Que ésta sea hoy nuestra oración humilde y confiada.

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