II Jornada Mundial de los Pobres

VER:
Hace años, la ciencia ficción mostraba el siglo XXI como una época de prosperidad ya que los avances técnicos harían que la vida fuera mucho más fácil. Sin embargo, el siglo XXI ha traído un cambio de época que ha hecho tambalearse y caer muchos “pilares” que sustentaban la vida social hasta ese momento y que nos daban un sentimiento generalizado de seguridad y confianza, para el presente y para el futuro. La crisis económica, la amenaza terrorista, diferentes acontecimientos políticos, la realidad de la inmigración y los refugiados, el cambio climático… han provocado que, a pesar de los avances técnicos, el sentimiento de seguridad y confianza haya desaparecido. Y aun en el caso de que alguien pueda estar en buena situación, son tantas las víctimas que han quedado y siguen quedando por el camino, que resulta difícil tener y mantener una verdadera esperanza.
JUZGAR:
Muchos podrían ver reflejada esta situación en la Palabra de Dios de este domingo: Serán tiempos difíciles, como no los ha habido desde que hubo naciones hasta ahora, decía la 1ª lectura. Y en el Evangelio, Jesús utiliza un lenguaje apocalíptico: En aquellos días, después de una gran tribulación, el sol se hará tinieblas, la luna no dará su resplandor, las estrellas caerán del cielo, los ejércitos celestes temblarán. Si nos quedamos en una lectura superficial y literal de esta Palabra, pensaremos que se nos está anunciando la proximidad de una catástrofe, de un tiempo de sufrimiento; pero no es así.
Porque la 1ª lectura continúa: Entonces se salvará tu pueblo. Y Jesús continúa: Entonces verán venir al Hijo del hombre… cuando veáis vosotros suceder esto, sabed que Él está cerca, a la puerta. De ahí que el mensaje que la Palabra de Dios nos transmite en este domingo podría resumirse así: “Cuando peor están las cosas, más cerca está el Señor de nosotros”. Por eso, aunque haya razones para la incertidumbre, podemos mantener la esperanza. Más aún: la certeza de la cercanía del Señor nos dará fuerza para no quedarnos paralizados por el miedo y hacer lo que esté en nuestra mano para cambiar este mundo, como hace unos domingos nos invitaba la campaña del DOMUND.
Un cambio que debe empezar por las víctimas, por quienes han quedado y siguen quedando por el camino. De ahí que el Papa Francisco, que tiene una sensibilidad especial por los últimos y “descartados”, ha convocado por segunda vez la Jornada Mundial de los Pobres, para sensibilizarnos e invitarnos a ir al encuentro de las diversas situaciones de sufrimiento y marginación en la que viven tantos hermanos y hermanas, que habitualmente designamos con el término general de “pobres”.
El lema de esta Jornada es: “Este pobre gritó y el Señor lo escuchó”, tomado del Salmo 34, 7. Este lema corrobora que “cuando peor están las cosas, más cerca está el Señor”, porque el Señor escucha a los pobres que claman a Él y (…) buscan refugio en Él con el corazón destrozado por la tristeza, la soledad y la exclusión. Escucha a todos los que son atropellados en su dignidad y, a pesar de ello, tienen la fuerza de alzar su mirada al cielo para recibir luz y consuelo. Escucha a aquellos que son perseguidos en nombre de una falsa justicia, oprimidos por políticas indignas de este nombre y atemorizados por la violencia; y aun así saben que Dios es su Salvador.
Pero además, el Señor, no solo escucha el grito del pobre, sino que le responde. La respuesta de Dios al pobre es siempre una intervención de salvación para curar las heridas del alma y del cuerpo, para ayudar a reemprender la vida con dignidad.
Y para esa intervención de salvación, el Señor cuenta con nosotros: La respuesta de Dios es también una invitación a que todo el que cree en Él obre de la misma manera, dentro de los límites humanos. De ahí que la Jornada Mundial de los Pobres pretende ser una pequeña respuesta que la Iglesia entera dirige a los pobres de todo tipo y de cualquier lugar para que no piensen que su grito se ha perdido en el vacío. Probablemente es como una gota de agua en el desierto de la pobreza; y sin embargo puede ser un signo de cercanía para cuantos pasan necesidad.
ACTUAR:
¿Sufro por la incertidumbre e inseguridad que ha traído el siglo XXI? ¿Creo que “cuando peor están las cosas, más cerca está el Señor de nosotros”, o caigo en la desesperanza? ¿Qué víctimas del cambio de época conozco? ¿Cómo estoy respondiendo al grito de los pobres?
Nuestra época, con todas sus dificultades, es una oportunidad para volvernos hacia el Señor, y los pobres nos enseñan a hacerlo. El grito del pobre es también un grito de esperanza… fundada en el amor de Dios, que no abandona a quien confía en Él Los pobres nos evangelizan. Sintámonos todos deudores con ellos, para que tendiendo las manos unos a otros, se realice el encuentro que sostiene la fe, vuelve operosa la caridad y permite que la esperanza prosiga segura en su camino hacia el Señor que llega.