Jesús simplifica y asesora

VER:
A la hora de realizar algún trámite administrativo, una persona corriente puede verse perdida en medio de una multitud de leyes, reglamentos, decretos, normativas municipales, autonómicas estatales, europeas… Se hace necesario buscar a un gestor o asesor que conozca bien las distintas leyes para que asesore, oriente, simplifique y facilite el trámite que se desea realizar.
JUZGAR:
En el Evangelio hemos escuchado que un escriba se acercó a Jesús y le preguntó: ¿Qué mandamiento es el primero de todos? En teoría, los escribas habían estudiado la Ley de Moisés y eran especialistas en interpretarla, pero éste escriba en concreto tiene dudas. Según los maestros de la ley, había hasta 613 preceptos o mandamientos contenidos en la Ley, muchos de ellos sobre aspectos insignificantes, y por eso el problema consistía en distinguir entre lo esencial y lo secundario, y saber cuáles de ellos eran los más importantes. De ahí su pregunta a Jesús.
Y Jesús, como un buen gestor o asesor, orienta al escriba citándole la propia Ley, con un fragmento del Deuteronomio, que hoy también hemos escuchado en la 1ª lectura: Escucha, Israel, el Señor nuestro Dios es el único Señor: amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser. Podríamos pensar que Jesús ha simplificado demasiado esa maraña de los 613 preceptos, y que ha desechado todos los demás, pero como Él mismo dijo, no creáis que he venido a abolir la ley o los profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud (Mt 5, 17). Y precisamente para dar esa plenitud a la ley, amplía su respuesta de un modo inesperado, sin que el escriba se lo pida: El segundo es éste: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo». El mandamiento más importante es único pero doble, como las dos caras de una moneda: amar a Dios y al prójimo, y esto de una forma inseparable, como indica Jesús en su respuesta: No hay mandamiento (en singular) mayor que éstos (en plural). El amor a Dios pasa necesariamente por el amor al prójimo, como también indicó Jesús en otro momento: cada vez que lo hicisteis con uno de éstos, mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis (Mt 25, 40). Y el escriba reconoce que Jesús tiene razón, porque ese único mandamiento doble vale más que todos los holocaustos y sacrificios.
También a nosotros, al querer vivir toda nuestra vida desde la fe, nos puede ocurrir como al escriba: sabemos que tenemos los 10 Mandamientos, los Mandamientos de la Iglesia, la doctrina social, las enseñanzas y preceptos en temas morales… pero ante algunas situaciones podemos encontrarnos como “perdidos”, sin saber cómo actuar, y necesitamos simplificar, y orientación.
Por eso el Papa Francisco indicó en Evangelii gaudium: el mensaje que anunciamos corre más que nunca el riesgo de aparecer mutilado y reducido a algunos de sus aspectos secundarios. El problema mayor se produce cuando el mensaje que anunciamos aparece entonces identificado con esos aspectos secundarios que, sin dejar de ser importantes, por sí solos no manifiestan el corazón del mensaje de Jesucristo (34).
Para evitar la dispersión y la confusión, el Papa propone no proponer una transmisión desarticulada de una multitud de doctrinas que se intenta imponer a fuerza de insistencia, sino concentrarse en lo esencial, que es lo más bello, lo más grande, lo más atractivo y al mismo tiempo lo más necesario. La propuesta se simplifica, sin perder por ello profundidad y verdad (35). En este núcleo fundamental lo que resplandece es la belleza del amor salvífico de Dios manifestado en Jesucristo muerto y resucitado (36).
Y el modo de responder a ese amor de Dios manifestado en Cristo es cumplir el único mandamiento, amando a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a uno mismo. Y este único mandamiento ya se concretará en la multitud de ocasiones y situaciones que la vida nos presenta.
ACTUAR:
¿Amo a Dios con todo mi corazón, con toda mi alma, con toda mi mente y con todo mi ser? ¿Qué se antepone o contrapone a Él? ¿Amo al prójimo como a mí mismo? ¿Qué dificultades encuentro para ello? ¿Sé distinguir lo esencial del Evangelio? ¿Cómo lo transmito de palabra y de obra?
Si queremos sentir que “no estamos lejos del Reino de Dios”, Jesús simplifica y nos asesora: hay que cumplir el mandamiento más importante. Y recordando lo que decíamos en la fiesta de Todos los Santos, el cumplimiento de este mandamiento en nuestra vida cotidiana será nuestro camino de santidad, porque como también nos recuerda el Papa: Todos estamos llamados a ser santos viviendo con amor y ofreciendo el propio testimonio en las ocupaciones de cada día, allí donde cada uno se encuentra (GE 14).