Los santos de la puerta de al lado

VER:
Con motivo de la celebración de una fiesta patronal, una persona hizo algunas referencias a la vida y milagros del santo que se celebraba, basándose en lo que “toda la vida” se había contado; y al escuchar algunas cosas que relataba, algunos no pudieron reprimir la carcajada y hacer comentarios burlescos, ya que lo que escuchaban resultaba fantasioso y ridículo. Tristemente, algunas “vidas de santos” que en su día se escribieron para fomentar la devoción a un santo incluyen una serie de relatos sobre sus palabras y hechos que lo convierten en alguien totalmente fuera de la realidad.
JUZGAR:
La fiesta de hoy nos permite dejar de lado esos relatos inverosímiles para recuperar lo que es de verdad la santidad, y además, para recordarnos que todos estamos llamados a ella, porque como indicó el Concilio Vaticano II: Todos los fieles, cristianos, de cualquier condición y estado… son llamados por el Señor, cada uno por su camino, a la perfección de aquella santidad con la que es perfecto el mismo Padre». (LG 11).
Hoy vamos a ayudarnos de lo que ha dicho el Papa Francisco en su exhortación apostólica Gaudete et exsultate (Alegraos y regocijaos), “sobre el llamado a la santidad en el mundo actual”.
Es cierto que en los procesos de beatificación y canonización se tienen en cuenta los signos de heroicidad en el ejercicio de las virtudes, la entrega de la vida en el martirio y también los casos en que se haya verificado un ofrecimiento de la propia vida por los demás, sostenido hasta la muerte (5).
Todos estamos llamados a la santidad, pero no todos tenemos ocasión o podemos llevar a cabo esas acciones heroicas. Entonces, no se trata de desalentarse cuando uno contempla modelos de santidad que le parecen inalcanzables. Hay testimonios que son útiles para estimularnos y motivarnos, pero no para que tratemos de copiarlos (…) Lo que interesa es que cada creyente discierna su propio camino y saque a la luz lo mejor de sí (11).
Por eso el Papa nos invita a tener en cuenta la santidad «de la puerta de al lado», de aquellos que viven cerca de nosotros y son un reflejo de la presencia de Dios, o, para usar otra expresión, «la clase media de la santidad». (7) Y pone algunos ejemplos: los padres que crían con tanto amor a sus hijos, esos hombres y mujeres que trabajan para llevar el pan a su casa, los enfermos… En esta constancia para seguir adelante día a día, veo la santidad de la Iglesia. (7)
Todos estamos llamados a ser santos viviendo con amor y ofreciendo el propio testimonio en las ocupaciones de cada día, allí donde cada uno se encuentra. ¿Eres consagrada o consagrado? Sé santo viviendo con alegría tu entrega. ¿Estás casado? Sé santo amando y ocupándote de tu marido o de tu esposa, como Cristo lo hizo con la Iglesia. ¿Eres un trabajador? Sé santo cumpliendo con honradez y competencia tu trabajo al servicio de los hermanos. ¿Eres padre, abuela o abuelo? Sé santo enseñando con paciencia a los niños a seguir a Jesús. ¿Tienes autoridad? Sé santo luchando por el bien común y renunciando a tus intereses personales. (14)
Pero aunque la concreción de la santidad sea diferente en cada cristiano, hay un denominador común para todos: las Bienaventuranzas, que hemos escuchado en el Evangelio. Jesús explicó con toda sencillez qué es ser santos, y lo hizo cuando nos dejó las bienaventuranzas. Son como el carnet de identidad del cristiano. (63)
Permitámosle que nos golpee con sus palabras, que nos desafíe, que nos interpele a un cambio real de vida. De otro modo, la santidad será solo palabras (66). El Papa hace una reflexión sobre las Bienaventuranzas, y termina resumiendo cada una con una frase: Ser pobre en el corazón, esto es santidad (70). Reaccionar con humilde mansedumbre, esto es santidad (74). Saber llorar con los demás, esto es santidad (76). Buscar la justicia con hambre y sed, esto es santidad (79). Mirar y actuar con misericordia, esto es santidad (82). Mantener el corazón limpio de todo lo que mancha el amor, esto es santidad (86). Sembrar paz a nuestro alrededor, esto es santidad (89). Aceptar cada día el camino del Evangelio aunque nos traiga problemas, esto es santidad (94).
ACTUAR:
Que Todos los Santos a quienes hoy celebramos intercedan por nosotros en nuestro camino personal de santidad: en ellos encontramos ejemplo y ayuda para nuestra debilidad (Prefacio). Podemos y debemos ser “los santos de la puerta de al lado”. Como dice el Papa: Deja que la gracia de tu Bautismo fructifique en un camino de santidad. Deja que todo esté abierto a Dios y para ello opta por él, elige a Dios una y otra vez. No te desalientes, porque tienes la fuerza del Espíritu Santo para que sea posible, y la santidad, en el fondo, es el fruto del Espíritu Santo en tu vida (15). Esta santidad a la que el Señor te llama irá creciendo con pequeños gestos (16). Así, bajo el impulso de la gracia divina, con muchos gestos vamos construyendo esa figura de santidad que Dios quería (18).
Hoy ponemos nuestra esperanza en que, realizando nuestra santidad por la participación en la plenitud de tu amor, pasemos de esta mesa de la Iglesia peregrina al banquete del Reino de los Cielos (oración final), con todos los Santos a quienes hoy celebramos.