Hay que pensarlo bien

VER:
Una vez entró una pareja al despacho parroquial, preguntando “qué tenían que hacer para casarse”. Les respondí, en broma pero en serio: “Lo primero, hay que pensarlo muy bien”. Porque son muchos los que simplemente “se casan”, como un trámite más, pero sin ser (o querer ser) conscientes de la importancia y de las consecuencias de dar ese paso, unas consecuencias que afectan, positiva o negativamente, a toda su persona e incluso a su entorno. Por eso no es de extrañar el alto índice de fracaso matrimonial que reflejan las estadísticas: en 2017, un total de 102.341 parejas se divorciaron, separaron u obtuvieron la nulidad civil, un 1 por ciento más que en el año 2016, según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE).
JUZGAR:
En el Evangelio, Jesús es preguntado por los fariseos para ponerlo a prueba: ¿Le es lícito a un hombre divorciarse de su mujer? Jesús, al responder, no niega la realidad del fracaso matrimonial y el consiguiente recurso al acta de repudio: Por vuestra terquedad dejó escrito Moisés este precepto.
Pero señala que no hay que resignarse a aceptar esta realidad como algo “normal”, porque no responde al Plan de Dios para la humanidad, y por eso cita el pasaje del libro del Génesis que hemos escuchado en la 1ª lectura: Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer, y serán los dos una sola carne. Y para destacar cuál es la clave de una unión duradera entre el hombre y la mujer, añade a la cita del Génesis: De modo que ya no son dos, sino una sola carne.
Estas palabras de Jesús no deben interpretarse como si en un matrimonio cada uno pierde su personalidad, o como si en todo tuvieran que estar siempre de acuerdo, tener los mismos gustos, los mismos amigos, y hacerlo todo juntos sin separarse un instante, como si fueran siameses.
No ser dos, sino una sola carne, significa que el matrimonio no está formado por un “yo” junto a otro “yo”, sino por un “nosotros”. Y por eso hay que pensar bien el paso que se va a dar.
Los dos “yo” iniciales, que desean contraer matrimonio, están llamados a unirse y compenetrarse cada vez más profundamente en la totalidad de sus personas, sin limitaciones de espacios y tiempos. No significa que no tengan actividades separadas, amistades no comunes o gustos particulares de cada uno; esto incluso es beneficioso porque luego se comparten esas experiencias con el otro y se enriquece el “nosotros”, la vida matrimonial.
Pero no ser dos, sino una sola carne, es incompatible con mantener “zonas secretas”, ámbitos privados en donde el otro “no quiero que entre”, porque acaban siendo dos individualidades que están juntas durante un tiempo pero luego cada “yo” camina por su lado.
Y todo esto, que es válido para cualquier matrimonio, supone aún una mayor exigencia para quienes desean unirse mediante el Sacramento del Matrimonio. El Sacramento del Matrimonio no es una fórmula jurídica más, un contrato o un expediente para legalizar la vida conyugal. El Sacramento del Matrimonio asume toda la realidad humana de la unión matrimonial, iluminándola y dándole una grandeza y unos horizontes más allá de lo humanamente esperable, porque el Sacramento del Matrimonio refleja, en ese “nosotros” que forman los esposos, en ese no ser dos sino una sola carne, la comunidad de amor que constituyen el Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo, y también la unión que por amor Dios tiene con su pueblo, con nosotros. Por eso hay que pensarlo bien antes de pedir el Sacramento del Matrimonio, por el compromiso que libremente se adquiere.
ACTUAR:
Si estoy o he estado casado, ¿he vivido mi matrimonio como un “nosotros”? ¿A qué creo que se debe el alto índice de fracaso matrimonial? ¿Conocía el significado del Sacramento del Matrimonio?
Contraer matrimonio es mucho más que simplemente “casarse”: hay que pensarlo bien, porque es un compromiso que libremente se asume para formar un “nosotros”, para no ser dos, sino una sola carne. Si además quieren hacerlo con el Sacramento del Matrimonio, ese compromiso se asume ante Dios. Pidamos hoy por todos los matrimonios, especialmente por los que atraviesan dificultades, para que encuentren la ayuda y el camino necesarios para avanzar en su deseo de formar una verdadera comunidad de vida y amor, de modo que ya no sean dos, sino una sola carne.