Parròquia Sant Vicent Màrtir de Benimàmet

Homilía XXIV del TO-B

Seamos «Cristocentricos»

24TO-B

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A mediados de agosto sorprendió esta noticia: una mujer estaba en urgencias de un hospital y porque, según ella, no la atendían, prendió fuego presuntamente, con un mechero a una bombona de oxígeno, que explotó generando el caos. Había más de 100 personas en la sala, pero esta mujer no pensó en las consecuencias que su acción podía tener para los demás, sólo pensó en sí misma y “su problema”. Éste es un ejemplo más del egocentrismo en el que a menudo caemos: cada uno nos creemos el centro del mundo y que todo tiene que girar a nuestro alrededor, y no nos importan los demás con tal de salirnos con lo que a nosotros nos interesa.

JUZGAR:

También como creyentes tendemos a ser egocéntricos: queremos un Dios a “nuestra” medida. Nuestra oración es sobre todo de petición, pensamos sólo en nuestros intereses y “exigimos” que Dios esté a nuestro servicio y haga lo que le pedimos; al participar en la Eucaristía lo hacemos de forma individualista, no vemos la necesidad de compartirla como comunidad parroquial; exigimos que la parroquia nos dé “servicios”, cuando y como los queramos, pero no queremos asumir algún compromiso dentro de la comunidad; y en general, consideramos nuestra fe como algo privado, “entre Dios y yo”, para “salvarme”, sin que me importe qué hagan o qué les pase a los demás.

Los textos de la Eucaristía de este domingo son una llamada a salir de ese egocentrismo para pasar a ser Cristocéntricos; una llamada a dejar de creernos que “yo” soy el centro de todo para dejar que sea Cristo el centro de todos y de todo.

En el Evangelio hemos escuchado las duras palabras que Jesús dirige a Pedro: ¡Quítate de mi vista, Satanás! ¡Tú piensas como los hombres, no como Dios! Pedro acababa de afirmar de Jesús: Tú eres el Mesías. Pero está siendo egocéntrico, porque está pensando en un Mesías tal como él y su pueblo lo querían: fuerte, victorioso, que expulsase a los romanos y volviese a instaurar el reinado de Israel.

Por eso, cuando Jesús les habla del verdadero Mesías, el Siervo sufriente, que tiene que padecer mucho, tiene que ser condenado… ser ejecutado…, Pedro de eso ya no quiere saber nada, y se lo llevó aparte y se puso a increparlo, porque Pedro está pensando en él mismo y sus intereses, no en lo que conviene a todos.

Tras las duras palabras, Jesús hace una invitación a salir del egocentrismo: El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo. Mirad, el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por el Evangelio la salvará. Jesús no es egocéntrico, Él vive una existencia entregada totalmente a Dios y al prójimo, y si queremos ser de verdad discípulos suyos nos pide que hagamos lo mismo. El camino para “salvarme” pasa necesariamente por seguir a Jesús renunciando al propio “yo”, a creernos el centro de todo, y a vivir una existencia entregada a los demás, fruto de nuestra fe en Jesús. El camino de la salvación pasa por ser Cristocéntricos para que podamos “salvarnos”, en plural.

También el apóstol Santiago decía en la 2ª lectura: ¿De qué le sirve a uno decir que tiene fe, si no tiene obras? Una fe “privada”, egocéntrica, sólo entre “Dios y yo” y desentendiéndose de los demás, no es una verdadera fe cristiana. Por eso decía: Enséñame tu fe sin obras y yo, por las obras te probaré mi fe.

Y es verdad que ser Cristocéntricos, vivir entregados a los demás desde la fe, conlleva la cruz, como ha advertido Jesús: que cargue con su cruz y me siga; pero no es una cruz que nos “mata”. Sólo siendo Cristocéntricos tendremos la experiencia del mismo Jesús, que ya profetizó Isaías en la 1ª lectura: Ofrecí la espalda a los que me golpeaban… no oculté el rostro a insultos y salivazos. Mi Señor me ayudaba, por eso no quedaba confundido. El camino del Cristocentrismo, aunque conlleve la cruz, es el único camino de la salvación porque ese camino lo recorremos con el mismo Jesús.

ACTUAR:

¿Qué rasgos de egocentrismo detecto en mí, en lo personal, social, en la fe…? ¿Puedo decir que soy una persona Cristocéntrica? ¿Me niego a mí mismo? ¿Cómo “pierdo” la vida por el Evangelio?

En la oración sobre las ofrendas pediremos que la oblación que ofrece cada uno en honor de tu nombre sirva para la salvación de todos. Que la Eucaristía, que es el mismo Jesús, nos ayude a dejar de ser egocéntricos para ser Cristocéntricos, recordando que el que quiera salvar su vida la perderá, pero el que pierda su vida por el Evangelio la salvará.

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