Recuperar la cultura del esfuerzo

VER:
Ya hace tiempo que desde diferentes ámbitos sociales, no sólo el educativo, se está haciendo una llamada a “recuperar la cultura del esfuerzo”, principalmente en los países más desarrollados. El buen nivel de vida, las prestaciones y servicios que ofrece la llamada “sociedad del bienestar”, la bajada generalizada del nivel de exigencia para alcanzar determinados objetivos, junto con otros factores… han propiciado a menudo que las personas hayan interiorizado una actitud de “reclamar derechos” pero sin “tener obligaciones”. Ya no hace falta “esforzarse” para alcanzar un fin, porque probablemente obtendrás algo similar, con lo cual, deja de valorarse aquello que antes costaba trabajo, y crece la desmotivación. De ahí la necesidad de recuperar valores como el compromiso, la constancia, el trabajo…
JUZGAR:
También en nuestra vida como católicos hemos de “recuperar la cultura del esfuerzo”. La mayoría de la gente de nuestras comunidades parroquiales se limita a cumplir el precepto dominical (“y si llego antes del Credo también me vale”), quizá en ocasiones puntuales se da una mayor participación, pero no se quiere saber nada de un compromiso cristiano continuado, ya sea en la propia comunidad parroquial o fuera de ella. Los cada vez menos sacerdotes y laicos comprometidos se esfuerzan con la mejor voluntad por seguir sacando las cosas adelante, lo cual propicia que no se vea la necesidad del compromiso, porque “se sigue obteniendo lo mismo”.
En la Iglesia, en nuestras parroquias y asociaciones, debemos tener presente que como cristianos tenemos una misión, y tenemos una meta, y que esa misión sólo se cumple, y esa meta sólo se alcanza, con un estilo de vida propio de la cultura del esfuerzo
Urge recuperar la cultura del esfuerzo. Y no se trata de convertirnos en los nuevos pelagianos que denuncia el Papa Francisco en Gaudete et exsultate, los cristianos que se empeñan en seguir el [camino] de la justificación por las propias fuerzas (57), sino todo lo contrario: Necesitamos vivir humildemente en su presencia, envueltos en su gloria; nos hace falta caminar en unión con Él reconociendo su amor constante en nuestras vidas (51).
Y en la Virgen María, a quien hoy celebramos Asunta al Cielo, encontramos el mejor modelo. Ella llevó a cabo su misión de Madre de Dios, y alcanzó la meta de gloria que hoy celebramos, porque Ella vivió humildemente en la presencia de Dios, Ella caminó siempre en unión con Él aunque a veces no comprendiera lo que ocurría, Ella reconoció el amor constante de Dios en su vida.
Y es también modelo porque su vida no fue un cómodo “dejarse llevar” por esta experiencia de Dios, sino que estuvo marcada por el esfuerzo: el esfuerzo de estar disponible y aceptar el Plan de Dios ante el anuncio del Ángel; el esfuerzo de ir a visitar y ayudar a Isabel, estando embarazada de pocos meses; el esfuerzo de enfrentarse a José cuando éste tuvo noticia de que estaba encinta; el esfuerzo de ir a Belén para cumplir la ley, y el esfuerzo del parto en un pesebre; el esfuerzo de tener que huir a Egipto para proteger la vida de Jesús ante la matanza de Herodes; el esfuerzo de respetar que Jesús, desde bien joven, “tenía que estar en las cosas de su Padre”; el esfuerzo de conservar y meditar en su corazón todo lo que no comprendía; el esfuerzo de permanecer al pie de la cruz de su Hijo; el esfuerzo de perseverar en la oración con los discípulos, tras la Resurrección de Jesús…
María vivió “la cultura del esfuerzo” en presencia de Dios y por eso hoy es llevada al Cielo.
ACTUAR:
¿Vivo habitualmente la cultura del esfuerzo? ¿Y en mi vida de fe, me limito a cumplir o he asumido algún compromiso evangelizador? ¿Cuál creo que es la misión que Dios me ha encomendado? ¿Tengo como modelo “los esfuerzos” de María y, a la vez, su humildad y confianza en Dios?
La celebración de la Asunción de María a los cielos nos recuerda que también nosotros estamos llamados a llegar a esa misma meta, pero que sólo la alcanzaremos si recuperamos la cultura del esfuerzo. La Nueva Evangelización requiere discípulos-apóstoles-santos que se comprometan por seguir al Señor, dando testimonio de su Reino, y María es nuestro modelo. Pidámosle que interceda por nosotros para que sepamos esforzarnos pero con humildad, sencillez y confianza, como Ella, para que lleguemos a participar con Ella de su misma gloria en el cielo (oración colecta Misa del día).