Parròquia Sant Vicent Màrtir de Benimàmet

Homilía XIV del TO-B

Una cura de humildad

14 TO-B Cura humildad

  Descargar homilía

VER:

Un día, después de una serie de errores y equivocaciones, tuve que terminar diciendo, a pesar mío: “Una cura de humildad nunca viene mal”. Solemos ser muy exigentes y críticos con los errores de los demás, y se nos olvida que nosotros no somos perfectos y que como cualquier persona, podemos cometerlos. Cuando esto ocurre, no nos gusta nada porque nos hace sentir humillados y avergonzados, nos vemos obligados a reconocer nuestras propias limitaciones. Pero, si queremos, la cura de humildad puede servirnos para ser más comprensivos con los demás.

JUZGAR:

La Palabra de Dios de este domingo nos presenta algunas “curas de humildad”. En la 2ª lectura, San Pablo afirma claramente: Para que no tenga soberbia, me han metido una espina en la carne… para que no sea soberbio. San Pablo, por su formación, por su encuentro con Cristo, por su claridad de ideas respecto a la fe cristiana… corre el peligro de caer en la soberbia, y sufre la humillación de esa “espina”, quizá un defecto físico, que para él supone una continua cura de humildad.

Y el propio Jesús, en el Evangelio, ha sufrido la humillación de ser rechazado en su propia tierra, donde era conocido: ¿No es éste el carpintero, el hijo de María? Y desconfiaban de Él. Jesús, como verdadero hombre, sufre la humillación de experimentar el fracaso: no desprecian a un profeta más que en su tierra, entre sus parientes y en su casa. No pudo hacer allí ningún milagro. Y se extrañó de su falta de fe.

Sabemos que no fue la única humillación que Jesús sufrió; hubo más, en forma de ataques, comentarios maledicentes… hasta desembocar en la gran humillación que fue su crucifixión. Sin embargo, Jesús dio a esas humillaciones un sentido, como hemos expresado en la oración colecta: Oh Dios, que por medio de la humillación de tu Hijo levantaste a la humanidad caída… Jesús acepta las humillaciones por nosotros, para mostrarnos que no es la soberbia ni la prepotencia lo que hace crecer y progresar a la humanidad, sino el camino de la humildad, que es el camino de la santidad.

Y en este sentido, el Papa Francisco indica en “Gaudete et exsultate”: La humildad solamente puede arraigarse en el corazón a través de las humillaciones. Si tú no eres capaz de soportar y ofrecer algunas humillaciones no eres humilde y no estás en el camino de la santidad. La humillación te lleva a asemejarte a Jesús (118).

Por tanto, necesitamos las “curas de humildad”, aunque no nos gusten, como también reconoce el Papa: No digo que la humillación sea algo agradable, porque eso sería masoquismo, sino que se trata de un camino para imitar a Jesús y crecer en la unión con Él (120).

Sólo con la mirada puesta en Jesús descubriremos en qué consiste una “cura de humildad”: No es caminar con la cabeza baja, hablar poco o escapar de la sociedad. Son las humillaciones cotidianas de aquéllos que callan para salvar a su familia, o evitan hablar bien de sí mismos y prefieren exaltar a otros en lugar de gloriarse, eligen las tareas menos brillantes, e incluso a veces prefieren soportar algo injusto para ofrecerlo al Señor (119).

Sólo con la mirada puesta en Jesús podremos vivir como Él las humillaciones: Tal actitud supone un corazón pacificado por Cristo, liberado de esa agresividad que brota de un yo demasiado grande (121).

Sólo con la mirada puesta en Jesús podremos experimentar, como San Pablo: Te basta mi gracia: la fuerza se realiza en la debilidad. Y sólo con la mirada puesta en Jesús podremos decir también: así residirá en mí la fuerza de Cristo. Por eso vivo contento en medio de mis debilidades, de los insultos, las privaciones, las persecuciones y las dificultades sufridas por Cristo. Porque cuando soy débil, entonces soy fuerte.

ACTUAR:

¿He tenido recientemente alguna “cura de humildad”? ¿Cómo he reaccionado? ¿Aprendí algo positivo de ella? ¿Cuáles son mis “espinas” personales? ¿Asumo voluntariamente alguna humillación en mi vida cotidiana? ¿Lo veo como un camino para crecer en la unión con Cristo? ¿Experimento Su fuerza en mi debilidad?

En la 1ª carta de San Pedro leemos: Cristo padeció por vosotros, dejándoos un ejemplo para que sigáis sus huellas (1Pe 2, 21). Él soportó humillaciones para mostrarnos el camino de la salvación. Mirándole a Él, aceptemos las “curas de humildad”, aunque nos cueste, porque como dice el Papa: es parte ineludible de la imitación de Jesucristo (118). Esto no se entiende naturalmente y el mundo se burla de semejante propuesta. Es una gracia que necesitamos suplicar: «Señor, cuando lleguen las humillaciones, ayúdame a sentir que estoy detrás de ti, en tu camino» (120).

Los comentarios están cerrados.