Parròquia Sant Vicent Màrtir de Benimàmet

Homilía X del TO-B

Locos y locuras

10TO-B Locuras

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VER:

Muchas veces empleamos la palabra “locura” no sólo para hablar de la pérdida del juicio o la razón, sino también con otros significados. Hablamos de “locuras de juventud” para referirnos a acciones o decisiones que se hacen durante esos años pero que en la vida adulta ni nos planteamos; decimos que “hay que estar locos” para practicar determinados deportes de riesgo; amamos a alguien “con locura”; cuando alguien lleva a cabo una acción desacertada, o toma una decisión fuera de lo común, decimos que “ha cometido una locura”; cuando lo pasamos muy bien, decimos que ha sido “de locura”… La misma palabra la utilizamos tanto en sentido positivo como negativo. Todos hemos hecho nuestras propias “locuras”, con mejores o peores consecuencias: unas veces simplemente nos habremos salido del camino trillado, de “lo que todos hacen”; otras veces nuestra “locura” ha echado a perder algo bueno que teníamos, y después nos arrepentimos amargamente.

JUZGAR:

El Evangelio de hoy nos presenta un hecho que quizá nos ha pasado bastante desapercibido: Jesús volvió a casa y al enterarse su familia, vinieron a llevárselo, porque decían que no estaba en sus cabales. Los parientes de Jesús creen que está loco: sus palabras y sus obras las consideran una locura y quieren que deje de actuar así. Los letrados aprovechan la situación y aún hacen una acusación más grave: Tiene dentro a Belcebú y expulsa a los demonios con el poder del jefe de los demonios. Acusan a Jesús no ya de estar loco, sino lo que es peor, de estar endemoniado, algo que estaba castigado con la lapidación.

Y visto que Jesús sigue con su “locura”, llegaron su madre y sus hermanos y desde fuera lo mandaron llamar. No pensemos que María también pensaba que Jesús se había vuelto loco; más bien debemos ver ante todo la lógica preocupación de una madre por su hijo, una Madre que, ante el Misterio de su Hijo, desde la Encarnación hasta la Cruz tuvo a menudo que “meditar todas estas cosas en su corazón”, como indican los Evangelios, para seguir comprendiendo y fiándose de Dios.

Jesús se defiende, primero, de la acusación más grave, la de estar endemoniado, dejando patente lo absurdo de esa afirmación con una respuesta muy cuerda: ¿Cómo va a echar Satanás a Satanás? Un reino en guerra civil no puede subsistir. Si Satanás se rebela contra sí mismo, para hacerse la guerra, no puede subsistir, está perdido.

Y después se defiende ante su familia con otra respuesta que no daría alguien que está loco: ¿Quiénes son mi madre y mis hermanos? El que cumple la voluntad de Dios, ése es mi hermano, y mi hermana, y mi madre. Jesús no reniega de los lazos de sangre, sino que amplía el concepto de “familia”, de parentesco. Y María, que escuchó esta respuesta, no vio en ella un desprecio, sino la total coherencia y “cordura” de Jesús, ya que Ella fue la primera que dijo: Aquí está la esclava del Señor. Hágase en mí según tu palabra (Lc 1, 38) al recibir por el anuncio del Ángel la noticia de la Encarnación del Hijo de Dios, algo por lo que muchos también la considerarían “loca”.

Quizá también a nosotros nos consideren unos “locos” por ser cristianos, por seguir creyéndonos estas cosas. Pero la verdadera locura consiste en ignorar a Dios, como nos ha mostrado el relato (que no hay que interpretar literalmente) de la 1ª lectura. Lo realmente “cuerdo” es cumplir la voluntad de Dios en nuestra vida, aun cuando esto extrañe o provoque rechazo en los demás.

ACTUAR:

¿Qué “locuras” he cometido en mi vida? ¿Qué consecuencias han tenido? ¿Parientes o amigos cercanos me han acusado alguna vez de estar “loco” por ser cristiano? ¿Cómo me sentí, cómo reaccioné? ¿Qué hago para conocer, meditar y cumplir la voluntad de Dios, como María?

Contemplar a Jesús siendo tachado de loco hasta por sus parientes más cercanos nos invita también a nosotros a ser unos “locos”, porque como decía la 2ª lectura, creemos que quien resucitó al Señor Jesús, también con Jesús nos resucitará. Y desde esta fe, la Palabra de Dios hoy nos invita a cometer “locuras”, porque venga lo que venga creemos que todo es para vuestro bien; porque no nos desanimamos aunque nuestra condición física se vaya deshaciendo; porque no nos fijamos en lo que se ve, sino en lo que no se ve. Seamos “locos”, sin miedo, porque entonces seremos hermanos, hermanas y madres de Jesús, que por su locura de amor hacia nosotros, se encarnó, murió y resucitó por nuestra salvación.

 

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