¿Qué tendrá «eso»?

VER:
Durante una procesión de Corpus, uno de los sacerdotes vio que una persona del público, después de mirar hacia la Custodia, exclamó con tono y gesto despectivo: “¿Qué tendrá «eso» para mover a tanta gente?” La fiesta de Corpus es una de las grandes solemnidades católicas y, a pesar del ambiente secularizado, continúa celebrándose con bastante esplendor, aunque muchas personas vayan a las procesiones y actos eucarísticos atraídos sólo por la parte cultural, tradicional y folclórica que conlleva. Pero no hay que olvidar que todos esos elementos, totalmente accesorios, surgieron, existen y están en función de «eso» a lo que se refería aquél espectador.
JUZGAR:
Porque «eso» es Jesucristo, su Cuerpo y su Sangre, bajo la apariencia de pan y vino. Y más allá de las razones filosóficas y teológicas que se han dado, con la doctrina de la transubstanciación, para mostrar la razonabilidad de este hecho, tenemos que recordar que es un misterio de fe. Nos lo ha dicho Jesús en el Evangelio: Tomó un pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio diciendo: “Tomad, esto es mi cuerpo”. Cogiendo una copa, pronunció la acción de gracias… y les dijo: “Ésta es mi sangre”.
Como indica el Catecismo Católico para Adultos de la Conferencia Episcopal Alemana: “Cuerpo”, en lenguaje semítico, no significa sólo una parte del hombre, sino toda la persona física concreta (…) está claro que se trata de la presencia de la persona de Jesucristo. Igualmente, la palabra “sangre” significa en semítico la sustancia vital del hombre (…) significa al mismo Jesús.
Nosotros creemos en Jesús y creemos lo que nos dice, nos fiamos de Él, y por eso afirmamos la presencia verdadera, real y sustancial de Cristo bajo las especies de pan y vino.
Es presencia verdadera porque no es una imagen, una representación.
Es presencia real porque no depende de la propia opinión o creencia: está ahí, lo creamos o no.
Es presencia sustancial porque no cambia la apariencia del pan y el vino (tamaño, olor, sabor, composición química…), sino la esencia o sustancia del pan y del vino: dejan de tener un sentido como alimentos corporales para recibir un nuevo sentido: ser signos sensibles de la presencia de Jesucristo. En el pan y el vino Jesucristo se nos entrega personalmente.
Y debemos recordar que la doctrina de la transubstanciación no pretende dar una explicación “racional”, en el sentido científico de la palabra, del misterio de la Eucaristía. Tampoco debemos entender que la presencia de Jesucristo en la Eucaristía se lleva a cabo por una especie de acción mágica. Se produce por el Espíritu Santo: la Iglesia pide al Padre que envíe su Espíritu Santo sobre el pan y el vino para que se conviertan, por su poder, en el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo.
Como indicó el Papa Francisco en su Catequesis sobre la Eucaristía del 7 de marzo de 2018: La acción del Espíritu Santo y la eficacia de las mismas palabras de Cristo pronunciadas por el sacerdote, hacen realmente presente, bajo las especies del pan y del vino, su Cuerpo y su Sangre. Jesús en esto ha sido clarísimo: «Este es mi cuerpo, esta es mi sangre». Es Jesús mismo quien dijo esto. Nosotros no tenemos que tener pensamientos extraños: «Pero, cómo una cosa que…». Es el cuerpo de Jesús; ¡es así! La fe: nos ayuda la fe; con un acto de fe creemos que es el cuerpo y la sangre de Jesús. Es el «misterio de la fe», como nosotros decimos después de la consagración.
ACTUAR:
¿Qué significa para mí la fiesta del Corpus Christi? ¿Cómo la celebro? ¿Alguna vez me he preguntado cómo es posible la presencia real de Cristo en la Eucaristía? ¿He intentado explicárselo a alguien? ¿Qué supone para mí que la Eucaristía sea presencia real de Cristo?
Agradezcamos profundamente que Cristo se haya quedado en la Eucaristía: por eso es fuente y cima de toda la vida cristiana (LG 11). San Cirilo declara: No te preguntes si esto es verdad, sino acoge más bien con fe las palabras del Señor porque Él, que es la Verdad, no miente.
Y entonces, si alguien se preguntara: “¿Qué tendrá «eso» para mover a tanta gente?”, podremos responder, siguiendo el Catecismo de la Iglesia Católica: “«Eso» es Jesucristo, que en su presencia eucarística permanece misteriosamente en medio de nosotros como quien nos amó y se entregó por nosotros, y se queda bajo los signos que expresan y comunican este amor (1380).”