Parròquia Sant Vicent Màrtir de Benimàmet

Homilía de la Ascensión del Señor-B

Sigamos a nuestra Cabeza

Ascensión-B

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VER:

En los Juegos Olímpicos celebrados en Río de Janeiro en 2016, una atleta ganó la medalla de oro en los 400 metros lisos al tirarse de cabeza a la meta y ganar por sólo 7 milésimas de segundo. Esta atleta lo hizo porque el reglamento de la Asociación de Federaciones de Atletismo indica que Los participantes serán calificados en el orden en que cualquier parte de su tronco (y no la cabeza, el cuello, los brazos, las piernas, las manos o los pies) alcance el plano vertical del borde más próximo de la línea de llegada. Por tanto, lo que se toma en consideración a la hora de determinar al ganador son los hombros o el pecho; y ella, para conseguir que sus hombros cruzasen la línea de meta, se lanzó de cabeza. Y no ha sido la primera en hacerlo: han sido varios los atletas que han ganado medallas impulsando con fuerza la cabeza porque así fuerzan la entrada en la meta de los hombros, tronco y el resto del cuerpo.

JUZGAR:

Estamos celebrando la solemnidad de la Ascensión del Señor. Como hemos escuchado, Jesús… dio instrucciones a los apóstoles que había escogido movido por el Espíritu Santo y ascendió al cielo (1ª lectura). Jesús ha cumplido ya la voluntad salvífica del Padre y ascendió al cielo y se sentó a la derecha de Dios (Evangelio).

Y en la oración colecta hemos pedido que donde nos ha precedido Él, que es nuestra cabeza, esperamos llegar también nosotros como miembros de su cuerpo. Siguiendo el ejemplo del atletismo, podemos decir que Jesús ha completado su carrera y ha llegado a la meta, pero no quiere entrar solo: quiere que los miembros de su cuerpo, nosotros, entremos con Él.

La voluntad salvífica del Padre es que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad (1Tm 2, 3-4); y Jesús, antes de su Pasión, expresa: Padre, éste es mi deseo: que los que me confiaste estén conmigo donde yo estoy, y contemplen mi gloria (Jn 17, 24). Para que ese deseo se cumpla, en los domingos anteriores Jesús ha insistido en la necesidad de estar unidos a Él, como las ovejas al Buen Pastor (Domingo IV), como los sarmientos a la vid (Domingo V), permaneciendo en su amor (Domingo VI).

Jesús, en su Pasión, “se lanza de cabeza” a la Cruz para atravesar la meta de la muerte y ganar la carrera hacia su Reino. Y así Él, que es nuestra cabeza, “estira de nosotros” para que entremos detrás de Él y también atravesamos la meta de la muerte y podamos estar con Él en su Reino.

Pero en una carrera todos los miembros del cuerpo colaboran para conseguir la medalla. También nosotros, miembros de Cristo, tenemos que colaborar con Él, nuestra cabeza, y en la 2ª lectura hemos escuchado algunas indicaciones: Sed siempre humildes y amables, sed comprensivos, sobrellevaos mutuamente con amor; esforzaos en mantener la unidad del Espíritu con el vínculo de la paz. Son actitudes que debemos pedir y desarrollar en lo concreto de nuestra vida y relaciones: familia, trabajo, parroquia, asociaciones y grupos de los que formemos parte… con personas concretas y acciones concretas. Así crecerá también la conciencia de estar unidos a Cristo y entre nosotros, formando un solo cuerpo y un solo Espíritu. Crecerá nuestra conciencia de estar corriendo juntos la carrera de la vida, hacia una misma meta, porque una sola es la esperanza de la vocación a la que habéis sido convocados.

ACTUAR:

¿Qué significa para mí la Ascensión del Señor? ¿Me siento miembro de su Cuerpo? ¿Qué hago para permanecer unido a Él, como mi Cabeza que es? ¿Mi estilo de vida me ayuda a avanzar en la carrera de la vida? ¿Me siento unido a los otros “corredores”, formo “cuerpo” con los otros miembros de Cristo, o vivo mi fe de modo individualista?

Jesús, por amor, como vimos el domingo pasado, “se tiró de cabeza” en la Pasión para ganar para nosotros la gloria de la resurrección. Vivamos con la ardiente esperanza de seguirlo en su Reino (Prefacio) y correspondamos a ese amor como hemos escuchado que hicieron los primeros discípulos y Apóstoles: Ellos fueron y proclamaron el Evangelio por todas partes. Somos herederos y continuadores de esta misión, sigamos a nuestra Cabeza; y cuando nos asalten las dudas, cansancios, miedos y preocupaciones, tengamos presente que Jesús no se ha ido para desentenderse de este mundo (Prefacio), y su mismo Espíritu es quien nos une y envía, porque como celebraremos el próximo domingo, el Señor hoy también nos dice a nosotros: Cuando el Espíritu Santo descienda sobre vosotros, recibiréis fuerza para ser mis testigos en Jerusalén, en Judea, en Samaría y hasta los confines del mundo.

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