Un amor como el suyo

Hace unas semanas, nos conmocionaba y admiraba la noticia del gendarme francés que fue asesinado tras intercambiarse por la mujer que un terrorista mantenía como rehén. En el homenaje que se le tributó, se ensalzó su valentía y su compromiso como miembro de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad. Pero a raíz de su asesinato se conoció también su historia personal, que hizo comprender mejor el gesto de su entrega: el agente había nacido en una familia poco religiosa, pero a los 33 años vivió un proceso de conversión: recibió la primera Eucaristía y la Confirmación tras un proceso de catecumenado, y él y su esposa, casados civilmente, estaban preparando la celebración del Sacramento del Matrimonio. Como dijo un monje amigo suyo, para él ser policía significaba proteger; y sabía que, como dice Jesús, nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos. Por eso sólo una fe cristiana animada por el amor podía pedirle el sacrificio sobrehumano de entregar su vida para salvar a otros.
JUZGAR:
En el Evangelio de hoy hemos escuchado esas mismas palabras de Jesús, en uno de los pasajes más bellos del Evangelio. Jesús abre su corazón a sus discípulos: como el Padre me ha amado, así os he amado yo… Ya no os llamo siervos… a vosotros os llamo amigos… Y les indica qué espera de ellos ahora que pronto dejará de estar físicamente a su lado: permaneced en mi amor… os he elegido y os he destinado para que vayáis y deis fruto…
Estamos en el sexto domingo de Pascua; estamos llegando al final de este tiempo litúrgico, que es el verdadero “tiempo fuerte” para un cristiano. Y en la oración colecta hemos pedido que los misterios que estamos recordando transformen nuestra vida y se manifiesten en nuestras obras. Hemos oído muchas veces que ser cristiano no consiste en “creer” intelectualmente una serie de verdades y en “cumplir” una serie de preceptos: ser cristiano ha de transformarnos interiormente y se nos tiene que notar externamente, tenemos que “dar fruto”, como nos pide el Señor.
El comienzo y el motor de esa transformación interior no es un acto de la propia voluntad ni un empeño personal: es, o debería ser, nuestra respuesta de amor al Amor de Dios manifestado en Cristo Jesús. Y ese Amor es posible para cualquiera que se acerque a Cristo porque como hemos escuchado en la 2ª lectura: En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que Él nos amó y nos envió a su Hijo… Podemos amar porque previamente Dios nos ha amado.
Por eso, Jesús no pide solamente que os améis unos a otros, ya que esto sería una exigencia difícil de cumplir y estaría limitada a unas cuantas personas de nuestro entorno; Jesús añade: como yo os he amado. Nuestro modelo de amor es el propio Jesús, que nos ha amado hasta el extremo, y para ser de verdad cristianos debemos amar como Él. Y entonces descubriremos, en primer lugar, la necesidad de “permanecer en su amor”, como el sarmiento permanece unido a la vid (domingo pasado), y la necesidad de ser sus amigos, y no unos simples siervos que “cumplen lo mandado”.
Y en segundo lugar descubriremos la necesidad de manifestar ese amor más grande con nuestros actos de amor y entrega generosa, “dando la vida” poco a poco o, como hemos visto, totalmente.
El amor, en sus múltiples formas y concreciones, es el camino para que los misterios que estamos recordando transformen nuestra vida y se manifiesten en nuestras obras. El amor nos hace permanecer unidos a Cristo y por eso nos hace capaces de cumplir su mandamiento, como hemos escuchado en la 2ª lectura: Amémonos unos a otros, ya que el amor es de Dios, y todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios… porque Dios es amor. Las obras de amor serán la manifestación de nuestra fe.
ACTUAR:
¿Conozco, o he realizado, algún acto de amor más allá de lo humanamente esperable? ¿La Pascua está transformando mi vida y se manifiesta en mis obras? ¿Vivo el ser cristiano como respuesta de amor al amor que Dios nos ha manifestado en Cristo? ¿Procuro que mi amor sea como el suyo?
Aprovechemos los medios y ocasiones para cuidar nuestra amistad con Cristo y permanecer unidos a su amor: la oración, la Eucaristía, la Reconciliación, la formación… Él hará brotar en nosotros un amor entregado como el suyo que manifestará que conocemos a Dios, porque Dios es amor.