¿Dónde le veremos mejor?

VER:
Cuando vamos a comprar entradas para un espectáculo, o queremos ver una cabalgata, un desfile, unos fuegos artificiales… procuramos averiguar desde dónde lo veremos mejor, para situarnos, si podemos, en el lugar más adecuado para no perdernos ningún detalle. Desde otras posiciones también se podría ver lo que queremos, pero no tan bien. Por eso, si podemos elegir, nos quedamos con el mejor lugar. En estos días cercanos a la Semana Santa, muchas personas también piensan desde dónde verán mejor las procesiones, y procuran ir con antelación para ocupar el sitio, o incluso alquilan sillas o balcones para tener una buena visión de los tronos y cofradías.
JUZGAR:
En el Evangelio hemos escuchado que algunos griegos, acercándose a Felipe, le rogaban: Señor, queremos ver a Jesús. Este quinto domingo de Cuaresma nos sitúa ya a las puertas de la Semana Santa, y nosotros deberíamos hacer nuestra esa petición: “Queremos ver a Jesús”. No queremos simplemente ver las procesiones, las imágenes… lo que queremos es verle a Él, a Quien esas imágenes representan.
Y la Palabra de Dios en este Domingo nos da algunas pistas para que encontremos el mejor lugar para ver a Jesús sin perdernos detalle. Porque la Semana Santa podemos verla desde diferentes perspectivas (turismo, tradición, folclore, sentimiento…) pero la perspectiva adecuada es la de la fe, porque sólo desde la fe tiene sentido la Pasión de Jesús y toda la Semana Santa.
Así, la 1ª lectura nos invita a ver la Semana Santa como el cumplimiento de la promesa hecha por Dios y que anunció Jeremías: Mirad que llegan días en que haré con la casa de Israel y con la casa de Judá una alianza nueva. La alianza es el término bíblico para expresar la acción de Dios con toda la humanidad, representada en su pueblo: yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo. Aunque la alianza incluye unas estipulaciones que comprometen a las partes, no debemos verla sólo como un simple contrato con unas cláusulas, sino como una expresión del amor de Dios hacia su pueblo. Pues bien, sólo desde la fe veremos mejor a Jesús como la rúbrica de Dios en esa alianza nueva y eterna, que establece con nosotros por medio de Su sangre derramada por nuestra salvación.
Sólo desde la fe veremos mejor a Jesús tal como lo hemos escuchado en la 2ª lectura: a gritos y con lágrimas, presentó oraciones y súplicas al que podía salvarlo de la muerte, cuando en su angustia fue escuchado. Jesús, verdadero hombre, quiso solidarizarse con el sufrimiento humano, y aprenderemos a verle en tantos que hoy, a gritos y con lágrimas, presentan oraciones y súplicas al Padre. Sólo desde la fe veremos mejor que, aunque nos pueda parecer lo contrario, al igual que ocurrió con Jesús, esas oraciones y súplicas no caen en el vacío, sino que también en su angustia son escuchados, porque Él se ha convertido para todos los que le obedecen en autor de salvación eterna.
Sólo desde la fe veremos mejor la Pasión de Jesús como la hora de que sea glorificado el Hijo del hombre, la expresión máxima del amor hasta el extremo de Dios hacia el ser humano. Veremos mejor a Jesús como el grano de trigo que si muere da mucho fruto. Veremos mejor que su muerte en cruz no fue un fracaso, sino la siembra de la esperanza y de la vida eterna; veremos mejor que todo lo que se hace por el Reino de Dios, aunque nos cueste la vida, no se pierde ni cae en el vacío.
ACTUAR:
¿Cómo me sitúo ante la Semana Santa? ¿Quiero de verdad “ver a Jesús”, o me conformo con estar en algunas celebraciones, mientras disfruto de unos días de descanso y vacaciones? ¿Dónde creo que voy a verle mejor? ¿Tengo presente la Alianza que Dios ha hecho con nosotros, la cumplo? ¿Veo a Cristo en quienes, a gritos y con lágrimas, presentan oraciones y súplicas? ¿Entiendo la Pasión del Señor como su glorificación, como la máxima expresión del amor de Dios?
No desperdiciemos la oportunidad de situarnos en el mejor lugar si de verdad queremos “ver” a Jesús. Y el mejor lugar es ante su Cruz. Ahí veremos que Dios no puede dejar de amarnos, y eso es lo que llena de sentido a nuestra vida. Como el discípulo amado, situémonos junto a la cruz de Jesús para “verle” de verdad, para experimentar su amor, para experimentar la misericordia de Dios, manifestada en la Pasión de su Hijo, que desde la Cruz atrae a todos hacia Él.