¡Silencio! Es casa de oración

VER:
Uno de los problemas y dificultades que tenemos dentro del templo es que se guarde un ambiente de silencio y recogimiento, aunque no haya comenzado la celebración eucarística. Ni el templo es un cine, ni la Eucaristía una película, sino un encuentro con el Señor y hay que prepararse, el silencio propicia el recogimiento interior. Me decía un compañero: «Curiosamente, los mayores rechazos, protestas y enfados ante mi petición de silencio han provenido de personas “habituales”, las mismas que luego, con ocasión de bodas, bautizos y primeras comuniones se quejan de que “esa gente no sabe guardar respeto”».
JUZGAR:
En este tiempo de Cuaresma, tiempo de conversión, el Evangelio de san Juan nos ha presentado a Jesús que encontró en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas…; y, haciendo un azote de cordeles, los echó a todos del templo… les dijo: no convirtáis en un mercado la casa de mi Padre.
En los textos paralelos de Mateo, Marcos y Lucas, Jesús añade citando al profeta Isaías (56, 7): Está escrito: mi casa es casa de oración. Pedir y guardar silencio en el templo no es un capricho o una cabezonería de éste o aquél cura, sino una petición expresa del Señor que no debemos obviar.
En este sentido, Mons. Antonio Cañizares, Arzobispo de Valencia, escribió recientemente: es necesario esforzarnos todos en que las iglesias o templos sean de verdad casa de oración (…) Quiero insistir aún más en el silencio debido para la oración, la escucha de la Palabra, para la adoración y la contemplación, para el recogimiento necesario, para el encuentro con Dios y consigo mismo (3 de enero de 2018).
Y también el Papa Francisco, en sus Audiencias Generales, ha indicado: cuando nosotros vamos a misa, quizá llegamos cinco minutos antes y empezamos a hablar con este que está a nuestro lado. Pero no es el momento de hablar: es el momento del silencio para prepararnos al diálogo. Es el momento de recogerse en el corazón para prepararse al encuentro con Jesús. ¡El silencio es muy importante! No vamos a un espectáculo, vamos al encuentro con el Señor y el silencio nos prepara y nos acompaña. (15 de noviembre de 2017).
Y continúa diciendo: El silencio no se reduce a la ausencia de palabras, sino a la disposición a escuchar otras voces: la de nuestro corazón y, sobre todo, la voz del Espíritu Santo (…)Tal vez venimos de días de cansancio, de alegría, de dolor, y queremos decírselo al Señor, invocar su ayuda, pedir que nos esté cercano; tenemos amigos o familiares enfermos o que atraviesan pruebas difíciles; deseamos confiar a Dios el destino de la Iglesia y del mundo (10 de enero de 2018).
Si no guardamos y hacemos guardar el silencio en el templo, éste no será una casa de oración y no podremos hablar a Dios de lo que nos importa, de lo que nos preocupa; y necesitamos hacerlo; y tampoco nos habremos preparado para escuchar a Dios, algo que también necesitamos. Por eso sigue diciendo el Papa Francisco: Es necesario estar en silencio y escuchar la Palabra de Dios. ¡Necesitamos escucharlo! Es de hecho una cuestión de vida, como recuerda la fuerte expresión que «no solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios» (Mateo 4, 4). La vida que nos da la Palabra de Dios (…) Cuando se lee la Palabra de Dios debemos escuchar, abrir el corazón, porque es Dios mismo que nos habla y no pensar en otras cosas o hablar de otras cosas. ¿Entendido? (31 de enero de 2018)
ACTUAR:
¿Soy de los que hablan dentro del templo? ¿Cómo reacciono cuando me piden que guarde silencio? ¿He sufrido la charla de otras personas que me ha impedido tener un tiempo de oración o prepararme para la Eucaristía? ¿Cuál es mi actitud cuando se proclama la Palabra de Dios?
Depende de nosotros que nuestros templos sean verdaderas casas de oración, en donde desde el silencio podamos hablar a Dios y escucharle: está en juego nuestra vida espiritual, nuestro seguimiento de Cristo y nuestro testimonio de fe, porque como dice el Papa Francisco: la Palabra de Jesús que está en el Evangelio está viva y llega a mi corazón. Nosotros escuchamos el Evangelio y debemos dar una respuesta en nuestra vida. Si, por tanto, nos ponemos a la escucha de la «buena noticia», seremos convertidos y transformados por ella, por tanto capaces de cambiarnos a nosotros mismos y al mundo. ¿Por qué? Porque la Buena Noticia, la Palabra de Dios entra por las orejas, va al corazón y llega a las manos para hacer buenas obras. (7 de febrero de 2018)