Parròquia Sant Vicent Màrtir de Benimàmet

Homilía 2 de Cuaresma-B

Dios se revela

2 Cuarema-B

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Con el auge de las redes sociales, son muchas las personas que exponen prácticamente toda su vida en Facebook, Instagram, WhatsApp: dónde están o han estado, con quién, qué han hecho… todo ello acompañado de muchas fotografías. Como reacción a esta extremada exposición pública, hay quienes no utilizan las redes sociales porque son personas reservadas, reacias a manifestar sus gustos y actividades. Sin embargo, esta actitud, buena en principio, puede llevar al otro extremo, haciendo que la persona se encierre en sí misma, negándose a darse a conocer y haciéndose inaccesible a casi todo el mundo.

JUZGAR:

El domingo pasando decíamos que necesitábamos marcarnos un objetivo para la Cuaresma: celebrarla “un año más”, pero que no sea “lo de todos los años”. Es un tiempo privilegiado para centrarnos más en Cristo y ver qué nos cuestiona de Él, qué no entendemos. Es un tiempo para buscar respuestas, para aclarar dudas, para unirnos más a Él.

Y también este domingo la Palabra de Dios nos ayuda a plantearnos algunos interrogantes. Al escuchar la 1ª lectura, podemos preguntarnos: ¿Por qué Abrahán accedió a la petición de sacrificar a su hijo? ¿Por qué Isaac no se resistió? ¿Qué pretendía Dios con esta prueba?

Al escuchar el Evangelio, también podemos preguntarnos: ¿Por qué Jesús manifestó su gloria a Pedro, Santiago y Juan? ¿Qué pretendía, puesto que luego les prohíbe hablar de ello?

Si Dios fuera “reservado”, cerrado en sí mismo, inaccesible, estas preguntas quedarían sin respuesta. Pero en la Biblia descubrimos que Dios ha utilizado la historia humana como una “red social”, para ir manifestándose progresivamente al ser humano, en la medida en que éste ha sido capaz de comprender esta revelación. Una manifestación realizada a base de palabras y de obras.

Y así se entiende el porqué del episodio de la 1ª lectura. En aquella época los sacrificios humanos eran corrientes y no resultaba extraño que se pidieran; y si además se sacrificaba al propio hijo, se creía que la ofrenda era más valiosa y agradaba más a la divinidad. Por eso Abrahán accede a sacrificar a su hijo, y éste acepta su destino. Pero Dios, por medio de esta práctica habitual en aquel tiempo, va a manifestar que no es como los otros dioses, que Él no quiere sacrificios humanos.

Dios siguió dándose a conocer a lo largo de la historia de Israel, y su revelación máxima, su “fotografía”, la tenemos en Jesús. Y desde ahí se entiende el porqué de la Transfiguración, para que creyeran que Él era verdaderamente el Hijo de Dios, aunque tuviese que pasar por la Pasión y la Cruz. Por eso, después de anunciar su muerte a los discípulos, les mostró en el monte santo el esplendor de su gloria (Prefacio). Dios se manifiesta plenamente en Jesús, por eso dice: Éste es mi Hijo amado; escuchadlo. Jesús es la Palabra de Dios hecha carne. Escuchándole descubrimos que Dios no se reserva nada para sí, que se hace totalmente accesible para todo el que se acerque a Él.

Y desde esta revelación plena de Dios en Jesús y su cercanía total al ser humano cobran sentido las preguntas que san Pablo plantea en la 2ª lectura: Si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros? El que entregó a su propio Hijo a la muerte por nosotros, ¿cómo no nos dará todo con Él? ¿Quién condenará? ¿Será acaso Cristo, que murió, más aún, resucitó e intercede por nosotros? Son preguntas que deberíamos meditar en la oración de este tiempo de Cuaresma, para darnos cuenta que sólo escuchando a Cristo, el Hijo amado de Dios, muerto y resucitado por nosotros, encontraremos respuesta a las mismas.

ACTUAR:

¿Utilizo las redes sociales? ¿Soy una persona reservada? ¿Me encierro en mí mismo, resulto inaccesible para casi todo el mundo? ¿Aprovecho que Dios ha querido revelarse, darse a conocer? ¿Qué hago para ponerme a la escucha de Jesús? ¿Qué repercusión tiene su Palabra en mi vida? ¿Me ayuda a afrontar mis etapas de pasión y de cruz?

Como estamos diciendo, la Cuaresma es el tiempo que se nos ofrece para despejar incógnitas respecto a Cristo, de modo que no olvidemos nuestro objetivo: celebrarla “un año más”, pero que no sea “lo de todos los años”. Para encontrar respuestas, escuchemos a Jesús en la oración, en la Eucaristía, en los Equipos de Vida, en la vida diaria, porque todo eso conforma la gran “red social” que es nuestra historia personal, en la que Dios sigue revelándose para nuestra salvación.

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