Todo un carácter

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Seguro que conocemos a personas de las que podemos decir que son “todo un carácter”. Con esta expresión queremos significar que tienen una serie de características y cualidades en su personalidad que las distinguen de los demás, para bien o para mal, provocando una reacción en quienes les rodean, ya sea de admiración o de rechazo. Estas características se manifiestan en sus palabras, pensamientos, decisiones, acciones… de tal modo que todas ellas están fuertemente marcadas por ese carácter propio, porque una persona que es “todo un carácter” es fiel a sí misma.
ACTUAR:
Hoy celebramos la fiesta del Bautismo del Señor. En el Evangelio hemos escuchado que llegó Jesús desde Nazaret de Galilea a que Juan lo bautizara en el Jordán. Jesús recibe el Bautismo como uno más, como un signo de su voluntad de “pasar por uno de tantos” (cfr, Flp 2, 7). Pero hay una diferencia: el Bautismo de Juan era un signo de conversión; en esta ocasión, apenas salió del agua, vio rasgarse el cielo y al Espíritu bajar hacia Él como una paloma. Se oyó una voz del cielo: Tú eres mi Hijo amado, mi preferido. El Espíritu que se cernía sobre las aguas de la primera creación (Gn 1, 2) desciende ahora sobre Cristo, significando la nueva creación que comienza con Él. Y el Padre manifiesta a Jesús como su Hijo amado, para que todos reconociesen en Él al Mesías, enviado a anunciar la salvación (Prefacio).
A partir de ese momento, Jesús comienza su vida pública, anunciando el Evangelio. Y podemos decir que Jesús fue “todo un carácter”, por su fidelidad al Padre y a sí mismo en esta misión, hasta sus últimas consecuencias. Por eso afirma san Juan en la 2ª lectura: Éste es el que vino con agua y con sangre: Jesucristo. No sólo con agua, sino con agua y con sangre.
Contemplando a Jesús recibiendo el Bautismo al comienzo de su anuncio del Evangelio, debemos recordar algo que a menudo pasamos por alto: El Bautismo imprime en el cristiano un sello espiritual indeleble (carácter) de su pertenencia a Cristo. Dado una vez por todas, el Bautismo no puede ser reiterado (Catecismo de la Iglesia Católica, 1272). El carácter bautismal no es sólo un concepto teológico: es algo que afecta a toda nuestra vida, porque si el Bautismo imprime carácter en nosotros, eso significa que nosotros debemos ser cristianos “de carácter”: nuestras palabras, pensamientos, decisiones, acciones… deben manifestar este “carácter”, debemos ser fieles al Bautismo recibido, y para ser “cristianos de carácter”, vamos a recordar de lo que nos confiere el Bautismo:
Es el fundamento de toda la vida cristiana, el pórtico de la vida en el espíritu.
El Sacramento del Bautismo perdona los pecados y da una vida nueva como hijos de Dios: hace capaces de creer en Él, de esperar en Él y de amarlo.
El Bautismo nos une a la muerte y resurrección de Cristo.
Nos concede poder vivir y obrar guiados por el Espíritu Santo, nos permite crecer en el bien.
También nos incorpora a la Iglesia, y nos hace partícipes de su misión evangelizadora.
No solemos tener presente todo lo que hemos recibido en el Bautismo. Demasiadas veces los cristianos vivimos una fe superficial, cómoda, rutinaria, de mero cumplimiento. El Bautismo queda como “algo del pasado”. Sin embargo, la fe que se requiere para el Bautismo no es una fe perfecta y madura, sino un comienzo que está llamado a desarrollarse (1253). En todos los bautizados, niños o adultos, la fe debe crecer después del Bautismo (1254). El Bautismo nos compromete a seguir creciendo y madurando como cristianos siendo “todo un carácter”, siguiendo el ejemplo de Jesús. Y podemos hacerlo porque el sello bautismal capacita y compromete a los cristianos a servir a Dios mediante una participación viva en la santa Liturgia y por el testimonio de una vida santa y de una caridad eficaz (1273).
ACTUAR:
¿Soy una persona “de carácter”? ¿Qué caracteriza ese carácter personal? ¿Y como cristiano? ¿Tengo presente lo que he recibido en el Bautismo? ¿Vivo la fe de forma cómoda y rutinaria, o soy “todo un carácter”? ¿Se me nota el Bautismo en mis palabras, pensamientos, decisiones y acciones?
Con la fiesta del Bautismo del Señor termina el tiempo de Navidad. Mañana iniciamos el Tiempo Ordinario, lo cual no significa que sea de menor importancia. Precisamente en el día a día es donde debemos manifestar la vida nueva en Cristo recibida en el Bautismo, siendo “todo un carácter” como cristianos, para continuar la misión evangelizadora que Cristo nos ha encomendado.