Parròquia Sant Vicent Màrtir de Benimàmet

Homilía Navidad-B

Un Niño la cambia todo

Descargar homilía

VER:

Muchas personas, tanto solteras como casadas, opinan que es una locura tener hijos. Por una parte, la situación económica y social, a nivel nacional y a nivel mundial, hace que se piense que no están los tiempos como para traer hijos al mundo. Pero por otra parte, tampoco se está muy dispuesto a cambiar los hábitos de vida: se pierde libertad e independencia, los quebraderos de cabeza y preocupaciones se multiplican… Desde luego, la llegada de un niño a un hogar lo cambia todo, y ya nada nunca puede volver a ser como antes. Pero como suelen decir quienes han tenido un hijo, a pesar de esas renuncias e inconvenientes, esa experiencia no la cambiarían por nada del mundo.

JUZGAR:

Nosotros hoy queremos hacer nuestra esa experiencia. Estamos aquí reunidos porque un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado (1ª lectura medianoche), porque hoy, en la ciudad de David, os ha nacido un Salvador: el Mesías, el Señor (Evangelio medianoche). Estamos celebrando la Navidad, el nacimiento del Hijo de Dios: Jesús, el Emmanuel (que significa «Dios con nosotros») (Evangelio vigilia).

Muchos piensan que esto es una locura, ¿cómo se nos ocurre que Dios puede nacer entre nosotros? Pues bien, precisamente estamos celebrando la locura de Dios, que ha querido traer a su Hijo a “este” mundo, al mundo de entonces y al mundo de ahora: Ha aparecido la Bondad de Dios y su amor al hombre (2ª lectura aurora). Estamos celebrando la locura de Amor de Dios hacia nosotros.

Estamos celebrando que en distintas ocasiones y de muchas maneras habló Dios antiguamente a nuestros padres… Ahora… nos ha hablado por el Hijo (2ª lectura día). Estamos celebrando que ese Amor loco de Dios hacia nosotros se hizo carne y acampó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria (Evangelio día).

Estamos celebrando que, desde que fue concebido por obra del Espíritu Santo, este Niño empezó a cambiarlo todo. Empezó por san José, que había decidido repudiar en secreto a María, pero después hizo lo que le había mandado el ángel del Señor y se llevó a casa a su mujer (Evangelio vigilia).

Estamos celebrando que, como a san José, este Niño también nos pide a nosotros que cambiemos de hábitos de vida: renunciar a la impiedad y a los deseos mundanos y a llevar desde ahora una vida sobria, honrada y religiosa (2ª lectura medianoche). Celebrar la Navidad implica celebrar que hemos perdido “libertad e independencia”, tal como nosotros solemos entenderlas. Si acogemos a este Niño en nuestra vida, ya no podemos entender la libertad e independencia como poder hacer lo que nos dé la gana, sino que dejamos que Él oriente nuestras decisiones y nuestros actos, para poder gozar nosotros de la libertad de los hijos de Dios: Desde que mi voluntad está a la vuestra rendida, conozco yo la medida de la mejor libertad (Himno Oficio de Lectura Santos Varones).

Como los padres que han deseado tener un hijo, estamos celebrando que nuestros quebraderos de cabeza y preocupaciones se multiplican. Ya no vivimos para nosotros mismos, pensando sólo en nuestros problemas e intereses. Ahora vivimos también para Otro, y, por Él, para otros, para el prójimo, y hemos de procurar que nuestra vida se ajuste a lo que Él nos pide. Y eso acarrea trabajos, preocupaciones y quebraderos de cabeza.

Estamos celebrando que un Niño lo ha cambiado todo, que desde que Él nació, nada puede ya volver a ser como antes, ni en la historia del mundo, ni en nuestra historia personal. Pero si estamos hoy aquí, es porque, igual que los padres que reciben a un hijo deseado, celebramos que, a pesar de todo, esta experiencia merece la pena y no la cambiaríamos por nada del mundo.

ACTUAR:

¿He deseado celebrar la Navidad? ¿La estoy viviendo como el nacimiento de Alguien que cambia mi vida? ¿A qué debería renunciar para vivir mejor la Navidad? ¿Estoy dispuesto a asumir esos cambios? ¿Creo que merece la pena acoger de verdad al Niño Dios en mi vida?

La alegría y celebraciones por el nacimiento de un hijo deben ir acompañadas de su mayor cuidado. Hoy celebramos con alegría el nacimiento del Niño Dios, pero este Niño debe crecer en nosotros. La Navidad no termina hoy, ni dura sólo unos días. Hagamos como María, que conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón (Evangelio aurora), para aprender a cuidar de este Niño y dejar que cambie nuestra vida, aunque nos cueste, porque Él nos transformará a nosotros en hijos de Dios.

Los comentarios están cerrados.