Por propia experiencia
VER:
Hay situaciones y experiencias que hay que vivirlas para poder transmitirlas de forma creíble. Suelo poner un ejemplo a este respecto: yo, como varón, puedo estudiarme todo el proceso del embarazo y el parto en una mujer, saberme de memoria todos los síntomas, pero sólo podré transmitir conocimientos, no hablaré por propia experiencia porque no lo he vivido. En cambio, una mujer que haya tenido un hijo transmitirá de forma mucho más creíble lo que se siente durante el embarazo y el parto, porque hablará por propia experiencia, porque ella sí que lo ha vivido.
JUZGAR:
El domingo pasado reflexionamos que teníamos que revisar nuestro modo de transmitir “el mejor anuncio del año”, el nacimiento del Hijo de Dios, y entre otras cosas vimos que teníamos que resultar creíbles al hacer dicho anuncio. Y para resultar creíbles, hemos de experimentar lo que supone haber acogido en nuestra vida al Hijo de Dios, haber dejado que “nazca” en nosotros, para hablar por propia experiencia, y no limitarnos a repetir unas fórmulas aprendidas.
El Evangelio de este cuarto Domingo de Adviento nos presenta la escena de la Anunciación. Y, contemplando a María que acoge al Hijo de Dios, vamos a reflexionar si nosotros podemos tener esa misma experiencia, para poder transmitirla después de un modo creíble y no sólo de oídas.
El ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea… Hoy, aquí, en Benimámet, Dios sigue enviando “ángeles” que nos traen mensajes de Dios. ¿Creo esto? ¿Tengo actitud de escucha?
La virgen se llamaba María. Dios no se dirige a una colectividad anónima; se dirige personalmente a cada uno de nosotros. ¿Creo que Dios se dirige a “mí”? ¿Me siento interlocutor de Dios?
Alégrate… el Señor está contigo. Dios no es “algo”, ni siquiera “Alguien lejano”. Él está con nosotros, “intimior intimo meo”, más interior que lo más íntimo mío, como escribió San Agustín (Confesiones III, 6, 3). ¿Es ésta mi experiencia de fe, o siento que Dios está como “fuera” de mí, aparte?
Has encontrado gracia ante Dios. ¿Me creo que Dios quiere que yo acoja a su Hijo en mi vida?
Concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo y le pondrás por nombre Jesús. Nuestra fe no consiste en creer un conjunto de verdades. Nuestra fe es vida y se ha de encarnar en lo profundo de nuestro ser, hasta nuestras entrañas. Y nuestra fe se nos tiene que notar, hemos de “darla a luz” en nuestra vida cotidiana, sin ocultarla. Y nuestra fe no es en algo abstracto, es en Alguien: creemos en Jesús, el Hijo de Dios hecho hombre, y no hemos de tener miedo a llamar a nuestra fe por Su nombre.
¿Cómo será eso…? Igual que le ocurrió a María, también a nosotros nos puede resultar muy difícil de comprender cómo podemos acoger a Dios en nuestra vida. No es malo preguntar, lo malo sería no hacerlo, creyendo que “eso no puede ser”. ¿Me encierro en mis dudas?
El Espíritu Santo vendrá sobre ti… Por el Bautismo y la Confirmación hemos recibido ese mismo Espíritu. ¿Lo tengo presente en mi vida, lo invoco?
Ahí tienes a tu pariente Isabel… Hay muchas personas que verdaderamente han acogido a Dios en sus vidas. ¿Conozco a algunas? ¿Me ayuda su propio testimonio de fe?
Porque para Dios nada hay imposible. A veces decimos que creemos en Dios, pero no acabamos de creernos que Él lo puede todo. ¿Hay algo que considere “imposible” incluso para Dios?
ACTUAR:
La respuesta que demos a estas preguntas nos ayudará a darnos cuenta si estamos en condiciones de acoger en nuestra vida al Hijo de Dios, que nace entre nosotros. Dios cuenta con nosotros, como contó con la Virgen María, para que “concibamos y demos a luz” a Jesús, su Hijo, y así pueda seguir haciéndose presente en nuestro mundo.
Nuestra respuesta no puede ser otra que la de María: Aquí está la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra. Fiémonos más de Dios que de nosotros mismos, abrámonos con humildad a la acción de su Espíritu, y comprobaremos que para Dios nada hay imposible, que realmente Él se encarnará en nuestra vida, para que nuestro testimonio de fe resulte creíble, porque no estaremos repitiendo fórmulas y conceptos aprendidos, sino que hablaremos de Jesús por propia experiencia.
