Lo único importante

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A finales de octubre las tiendas ofrecían ya todo lo necesario para la decoración navideña de los hogares: la inmensa mayoría de estos adornos consistían en bolas de muchos materiales y colores, espumillones, guirnaldas de abeto, muérdago, velas, estrellas, colgantes para el árbol de Navidad, mantelerías y elementos de sobremesa con mucha purpurina dorada o plateada, luces multicolores para poner en balcones y ventanas, figuras de ángeles, patinadores, muñecos de nieve, paisajes invernales, tiovivos… Todo ofrece una imagen de invierno, y erróneamente podemos pensar que eso “ayuda” a preparar la Navidad, pero no es así, porque lo esencial de la Navidad no aparece.
JUZGAR:
Mucha gente celebra la Navidad como celebra otras fechas: por tradición, porque “toca hacerlo”, pero sin querer entrar en el verdadero sentido de la Navidad, su único sentido, que es el religioso.
Sin caer en tópicos, no debemos olvidar que la Navidad no es, como habitualmente se dice, un tiempo de buenos sentimientos, ni una fiesta para los niños, ni siquiera una simple fiesta familiar. Navidad es celebrar el nacimiento del Hijo de Dios hecho hombre, como hemos escuchado en el Evangelio: Comienza el Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios. Si eliminamos este hecho, preguntémonos con sinceridad para qué los regalos, los adornos, las luces, las comidas en familia… ¿Sólo “porque sí”, por consumir determinados productos, por tener “buenos sentimientos” unos días al año, sin otra justificación? Como eso no tiene sentido, muchas personas no soportan estas fechas.
Para celebrar la Navidad no necesitamos adornos, ni regalos, ni “comilonas” familiares. Lo único que necesitamos es prepararnos del mejor modo, como hemos escuchado en la 1ª lectura y en el Evangelio: En el desierto preparadle un camino al Señor. Hemos de estar preparados porque el mismo Hijo de Dios que vino al mundo hace más de dos mil años viene ahora a nuestro encuentro, en cada hombre y en cada acontecimiento, para que lo recibamos en la fe y por el amor demos testimonio de la espera dichosa de su Reino (Prefacio III de Adviento).
¿En qué consiste esa preparación? La Palabra de Dios también nos da varias pistas. En la 1ª lectura, entre otras imágenes, Isaías decía: que lo torcido se enderece. Podemos pensar qué hay en nuestra vida que necesite enderezarse y corregirse según el Evangelio: actitudes, pensamientos, sentimientos…
En la 2ª lectura hemos escuchado: ¡Qué santa y piadosa ha de ser vuestra vida! Podemos revisar la calidad de nuestra oración, la actitud con que participamos en la Eucaristía, cómo preparamos nuestra formación, qué compromiso cristiano estoy llevando a cabo y cómo lo desempeño.
En el Evangelio, Juan el Bautista predicaba que se convirtieran… para que se les perdonasen los pecados. Podemos hacer examen de conciencia, sin prisas, para recibir el Sacramento de la Reconciliación.
También iba vestido de piel de camello, con una correa de cuero a la cintura, y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre. Podemos revisar si somos austeros en los gastos o nos dejamos llevar por el consumismo.
Cada uno tendremos que ver cómo preparamos el camino al Señor, porque si estamos bien preparados, aunque no tengamos adornos, ni regalos, ni “comilonas” familiares, podemos igual-mente celebrar la Navidad ya que tendremos lo único necesario: a Él. Y nadie nos lo podrá quitar.
ACTUAR:
¿Qué preparativos estoy realizando ya de cara a la Navidad? ¿La vivo principalmente como una fiesta en familia, o para tener buenos sentimientos, o para hacernos regalos? ¿Adorno mi hogar con motivos religiosos, o utilizo otro tipo de adornos? ¿Cómo voy a preparar el camino al Señor? ¿Daré prioridad a las celebraciones eucarísticas de estos días, frente a otro tipo de celebraciones o compromisos familiares o sociales? ¿Procuraré ser más austero en los gastos?
El Adviento es el tiempo que Dios, por medio de su Iglesia, nos ofrece para prepararnos bien ante su venida a nuestra vida. De cada uno depende que lo aprovechemos o no, y por eso hemos pedido: cuando salimos animosos al encuentro de tu Hijo, no permitas que lo impidan los afanes de este mundo (oración colecta). No nos dejemos llevar por lo accesorio y preparémonos para lo único importante y necesario: acoger en nuestra vida al Dios hecho hombre.