Comenzar de nuevo

VER:
Sobre todo cuando hemos llegado a la edad adulta, en algún momento de nuestra vida hemos deseado poder “comenzar de nuevo”. A veces sufrimos no sólo el paso, sino “el peso” de los años. Nos pesa nuestra historia, las experiencias y situaciones que hemos tenido que vivir; nos pesa lo que prevemos: las dificultades, los problemas, las incertidumbres… También nos pesa nuestra propia realidad personal, darnos cuenta de que hay cosas en nosotros que no nos gustan, pero que no cambian y no vamos a poder cambiar, ser conscientes de nuestros pecados… Todo esto hace que en algún momento deseemos poder comenzar de nuevo. Pero es un deseo que sabemos que no se va a cumplir, porque no se puede volver atrás en el tiempo ni cambiar las circunstancias.
JUZGAR:
Es verdad que no se puede volver atrás en el tiempo, pero sí que es posible comenzar de nuevo, y la fiesta de la Inmaculada Concepción de María, que hoy estamos celebrando, nos lo recuerda.
En la 1ª lectura hemos escuchado el relato (que no hay que interpretar literalmente) del que se sirve el autor sagrado para expresar cómo el ser humano arrastra tras de sí una larga historia de errores, de equivocaciones, de pecado… Una larga historia de querer apartar a Dios de su vida, una historia que continúa hoy: con diferentes actores, con diferentes circunstancias, pero esa historia sigue.
Y si reflexionamos en nuestra propia vida, seguro que encontramos también una historia similar. Unos más graves que otros, pero cuántos errores, cuántas equivocaciones, y cuántos pecados; y a pesar de nuestros buenos propósitos, somos conscientes de que esa dinámica continúa.
Pero en esa situación, Dios no abandonó, ni abandona, a la humanidad. Como nos disponemos a celebrar en Navidad, Dios mismo viene a nosotros para que podamos comenzar de nuevo. Y la Inmaculada Concepción de María es el primer paso para ese nuevo comienzo: por la Concepción Inmaculada de la Virgen María preparaste a tu Hijo una digna morada (oración colecta). Preservaste a la Virgen María de toda mancha de pecado original, para que fuese digna Madre de tu Hijo (Prefacio).
Gracias a la venida del Hijo de Dios hecho hombre, podemos comenzar de nuevo. Para Dios, nadie, ninguno de nosotros, está “condenado” a seguir arrastrando de por vida esa historia de errores, de equivocaciones, y de pecados. Como nos recuerda san Pablo en la 2ª lectura: Él nos eligió en la Persona de Cristo… para que fuésemos santos e irreprochables ante Él por el amor.
Sea cual sea nuestro pasado, Dios Padre, por medio de su Hijo nacido de María Inmaculada, nos abre a todos un futuro nuevo. Como diremos en el Prefacio: Purísima había de ser la Virgen que nos diera el Cordero que quita el pecado del mundo. Cristo ha vencido el poder del pecado y nosotros, unidos a Él, también podemos vencerlo y comenzar de nuevo en nuestra vida.
Y como María, también nos preguntamos: ¿Cómo será eso…? Porque somos conscientes de la dificultad, por no decir imposibilidad, de comenzar de nuevo. Y la respuesta para nosotros es la misma que para María: El Espíritu Santo vendrá sobre ti… porque para Dios nada hay imposible. El Espíritu Santo es quien nos enseña y ayuda a comenzar de nuevo, viviendo la vida nueva en Cristo.
María, por su Inmaculada Concepción, no opuso resistencia al Espíritu de Dios; nosotros sí experimentamos esa resistencia y rechazo hacia Dios, consecuencia de nuestro pecado. Esta fiesta nos recuerda que ella, Purísima, es abogada de gracia (Prefacio), y le pedimos su intercesión.
ACTUAR:
¿Qué significa para mí esta fiesta de la Inmaculada Concepción de María? ¿Sabría explicarlo? ¿Alguna vez he deseado comenzar de nuevo? ¿Qué resistencias pongo para acoger el plan de Dios en mi vida? ¿Me siento llamado por Dios para ser santo? ¿Creo que el Espíritu Santo puede hacer que mi vida comience de nuevo? ¿Pido la intercesión de la Virgen María para vencer el pecado?
La Inmaculada Concepción de la Virgen María es uno de los signos de la propuesta de salvación que Dios hace a todo el género humano. Dios la preparó para ser la Madre de su Hijo y Ella, con su hágase en mí, propició su venida a este mundo, dando un nuevo comienzo a toda la humanidad. Pidamos la intercesión de María Inmaculada para saber abrirnos al Espíritu Santo y, con su fuerza, vencer el pecado y abrirnos al futuro de gloria que Dios quiere para todos nosotros.