¿Qué se puede esperar?

VER:
Hoy comenzamos el tiempo de Adviento. Un año más, volveremos a escuchar que es por excelencia el “tiempo de espera, tiempo de esperanza”, como dice la letra de un conocido canto. Una vez más, en casi todas las parroquias estará presente la Corona de Adviento. Pero aunque exteriormente todo sea “lo de siempre”, puede que en nuestro interior, casi sin querer, nos formulemos una pregunta: “¿Qué se puede esperar?” Porque lo que escuchamos o leemos en las noticias, o lo que simplemente vivimos cada día, no nos habla precisamente de esperanza: una situación política muy complicada, con fuertes enfrentamientos y crispación en muchos niveles. La amenaza constante de un ataque terrorista. Aunque digan que la economía ha mejorado, la gente de a pie no lo notamos: hay una gran cantidad de parados y, según una reciente encuesta, cuatro de cada diez españoles con trabajo temen perder su empleo. La sequía, los incendios forestales, el cambio climático, están teniendo ya repercusiones serias para todos. Las oleadas de inmigrantes no cesan y tristemente siguen generando muertes. En un nivel más cotidiano, las faltas de respeto, de educación, de civismo, provocan también muchos conflictos, algunos bastante graves. Se vive con la impresión de que la gente “normal”, la que procura hacer lo correcto, cumplir sus obligaciones… se encuentra desprotegida frente a los abusos que otros cometen impunemente, ante los que en la práctica no se puede hacer nada. Crece la sensación de que es inútil intentar cualquier medio de mejora, porque con toda probabilidad no sólo no saldrá adelante, sino que encima nos acarreará muchos quebraderos de cabeza. Y si entramos en el plano más personal, los problemas familiares y de otros tipos parece que no tienen fin. Todo esto va generando una sensación de vacío, de inseguridad e incertidumbre, de “sálvese quien pueda”… que provoca que, aunque exteriormente todo parezca “lo de siempre”, en realidad, en nuestro interior, al oír hablar de “tiempo de espera, tiempo de esperanza”, nos estemos preguntando: “¿Qué se puede esperar?”
JUZGAR:
A la vista de la realidad, esta pregunta es totalmente lógica y legítima, tanto para creyentes como para no creyentes: la realidad es la que es, y negarla o edulcorarla sería pretender autoengañarnos o peor aún, engañar a otros. No se trata de no hacer la pregunta, sino de formularla correctamente.
La pregunta correcta sería: “¿A Quién podemos esperar?” Porque la realidad que tenemos, humana o material, por sí misma no ofrece signos de esperanza; de ahí ciertamente no podemos esperar que la solución, ni siquiera un camino que ofrezca suficientes garantías.
Aunque muchos no quieran verlo ni reconocerlo, el único camino fiable que se abre ante nosotros es el de Aquél que dijo: Yo soy el Camino, y la Verdad, y la Vida (Jn 14, 6). Él es a Quien esperamos.
Por eso, en este primer Domingo de Adviento, en la primera oración de la Eucaristía, hemos pedido: aviva en tus fieles, al comenzar el Adviento, el deseo de salir al encuentro de Cristo, que viene…
Desde esta perspectiva debemos enfocar este tiempo litúrgico que hoy iniciamos, dejando que resuene en nosotros la advertencia del Señor en el Evangelio: Velad… pues no sabéis cuándo vendrá el dueño de la casa. El Adviento, “lo de siempre, lo de todos los años”, está para hacer crecer en nosotros ese deseo de “salir al encuentro de Cristo”, el deseo de salir de nosotros mismos y mirar más allá de esa realidad que nos asfixia, para poner nuestros ojos y nuestra esperanza en Él, para descubrir que viene ahora a nuestro encuentro, en cada persona y en cada acontecimiento, para que lo recibamos en la fe y, por el amor, demos testimonio de la espera dichosa de su Reino (Prefacio III de Adviento).
ACTUAR:
¿Qué pienso de la realidad social, política, económica, medioambiental…? ¿Cómo me afecta, qué sentimientos provoca en mí? ¿He comenzado el Adviento, como “un año más, lo de siempre”? ¿Tengo verdadero deseo de salir al encuentro de Cristo, que viene? ¿Cómo voy a prepararme?
No pretendamos negar ni enmascarar la dura realidad que vivimos; que nos sirva para aprovechar este tiempo, recordando que en Adviento no esperamos “algo” indeterminado: esperamos a Alguien a Cristo. Y, por Él, en las personas y acontecimientos de nuestra vida cotidiana, esperamos encontrar el Camino de la Verdad que nos vaya llevando a la verdadera Vida.