No es un concurso de talentos

VER:
Desde hace unos años se han popularizado en las cadenas televisivas los llamados “concursos de talentos”, que son programas en los que los concursantes muestras sus habilidades, capacidades, destrezas… en un determinado ámbito: la canción, la cocina, la magia, la interpretación, el circo, el baile… Normalmente en estos concursos hay un jurado que se encarga de evaluar a los concursantes, a veces con mucha dureza e incluso con manifiesto desprecio. Son muchas las personas que pasan por estos concursos, pero muy pocos los que realmente alcanzan la fama o el premio deseado: todos los demás, a pesar de sus esfuerzos, desaparecen y nadie se acuerda de ellos.
JUZGAR:
En el Evangelio de hoy hemos escuchado la parábola de los talentos, en la que Jesús nos recuerda que tenemos que aprovechar bien el tiempo de nuestra vida y poner nuestras habilidades y capacidades al servicio del Reino. Y parece que Jesús, con esta parábola que hemos escuchado, está hablando de llevar a cabo nuestro compromiso como una especie de “concurso de talentos”. En la parábola, los concursantes serían los empleados, y el jurado sería el señor de esos empleados.
Cada uno de los “concursantes” tiene unos talentos: a uno le dejó cinco, a otro dos, a otro, uno. Cuando al cabo de mucho tiempo volvió el señor de aquellos empleados, se puso a ajustar las cuentas con ellos. Ha llegado el momento de que los “concursantes” muestren su habilidad ante el “jurado” para que éste emita el voto correspondiente.
El que recibió cinco talentos fue enseguida a negociar con ellos y ganó otros cinco. Y el “juez” emite su voto: Muy bien, eres un empleado fiel y cumplidor… El que recibió dos hizo lo mismo y ganó otros dos. Y el “juez” también emite su voto: Muy bien, eres un empleado fiel y cumplidor… Pero el que recibió uno hizo un hoyo en la tierra y escondió el dinero de su señor. Y el “juez” emite también en este caso su voto, esta vez negativo, y además con dureza: Eres un empleado negligente y holgazán.
Hasta aquí, todo podría parecer similar a un concurso de talentos: hay uno que ha obtenido la mejor puntuación y gana el primer premio, otro obtiene menos puntuación y gana el segundo premio, y otro es rechazado por el jurado y pierde todo (Quitadle el talento).
Pero Jesús precisamente nos dice que nuestra vida no es como un concurso de talentos, a ver quién se lleva el primer premio. Es verdad que cada uno tenemos unos talentos, unas capacidades, unas habilidades que tenemos que poner en práctica, porque para eso nos han sido dadas. Es verdad que hay un “jurado”, que es Dios, a quien deberemos mostrar lo que hemos hecho con esos talentos.
Pero si nos fijamos en la parábola, la respuesta, el “voto” que el “juez” da a los dos primeros “concursantes” es exactamente el mismo: Muy bien. Eres un empleado fiel y cumplidor; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante. No hay un primer y segundo premio; nuestra vida no es un concurso, menos aún una competición, a ver quién “gana”. Dios lo que espera de nosotros es que trabajemos por su Reino, cada cual según su capacidad, porque si lo hacemos así, para Él todos seremos ganadores y mereceremos el mismo “premio”: pasa al banquete de tu señor.
Lo que no hay que hacer es quedarse sin hacer nada, como el tercer “concursante”, que hizo un hoyo en la tierra y escondió el dinero de su señor. No hay que tener miedo al compromiso por el Reino.
Y poner nuestros talentos al servicio del Reino de Dios no significa que tengamos que hacer obras excepcionales. La 1ª lectura, con ese elogio de la mujer hacendosa, nos recuerda que las tareas cotidianas, las menos valoradas como son por ejemplo las domésticas, son ocasión para que en ellas pongamos en práctica nuestros talentos siendo fieles en lo poco, pero que es grande para Dios.
ACTUAR:
¿Sé cuáles son mis talentos? ¿Los he puesto al servicio del Reino, o los mantengo “enterrados”? ¿Procuro ser fiel en lo poco de lo ordinario y cotidiano de mi vida?
Nuestra vida no es un concurso de talentos, pero como nos recordaba san Pablo, un día compareceremos ante Dios para darle cuenta de nuestro actuar. Pongamos en práctica nuestros talentos, sin miedo al compromiso por el Reino, para poder escuchar que el Señor nos dice: Muy bien. Eres un empleado fiel y cumplidor… has sido fiel en lo poco… pasa al banquete de tu Señor.