Cuidado con los figurones
VER:
Todos conocemos a personas de las que decimos que son “figuras”, ya sea del cine, del deporte, de las artes, de las ciencias… Con eso queremos decir que son personas relevantes, que destacan en esas actividades, y no necesitan alardear de ello porque sus méritos son patentes a todos. Pero seguro que también conocemos “figurones”, personas engreídas que quieren aparentar más de lo que son, que se dan mucha importancia ante los demás pretendiendo pasar por “figuras”, pero en realidad no tienen esas capacidades, méritos y aptitudes de que presumen.
JUZGAR:
Nuestra sociedad está dominada por la imagen, y también por la falta de reflexión y criterios para contrastar las informaciones que nos llegan, sobre todo debido al excesivo protagonismo que se ha dado a las llamadas redes sociales. Y eso favorece que abunden los figurones.
Precisamente hoy en el Evangelio Jesús nos previene contra los figurones: Todo lo que hacen es para que los vea la gente. Debido a esa imagen que transmiten de palabra y de obra, los figurones pueden resultar muy llamativos (alargan las filacterias y ensanchan las franjas del manto), incluso atrayentes, pero sólo buscan ser el centro de atención (les gustan los primeros puestos en los banquetes y los asientos de honor en las sinagogas) y, como advertía Jesús, ellos no hacen lo que dicen.
Jesús nos advierte del cuidado que debemos tener con los figurones, pero añade otras recomendaciones que pueden resultarnos chocantes: no os dejéis llamar maestro, porque uno solo es vuestro maestro… no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra… no os dejéis llamar jefes… Todos hemos tenido nuestros maestros, nuestro padre, nuestros jefes… ¿cómo no vamos a llamarles con esos nombres?
Jesús no está haciendo referencia a esas figuras que son relevantes en la vida de cualquier persona: el maestro, el padre, el jefe… Unas figuras que, cuando ejercen bien su función, son necesarias y favorecen el buen desarrollo de la persona; pero si estas figuras ejercen sus funciones desde el egoísmo, el abuso o la tiranía, provocan enormes daños en las personas.
Con estas palabras, Jesús quiere prevenirnos también contra la tentación de ir nosotros de “figurones” por la vida, pretendiendo asumir ante los demás una posición de relevancia que en realidad no nos corresponde, y menos aún hemos de pretender ejercer algún poder o dominio sobre los demás.
Por eso después de cada una de esas “figuras” nos ha ido recordando: uno solo es vuestro maestro y todos vosotros sois hermanos… uno solo es vuestro Padre, el del cielo… uno solo es vuestro Señor, Cristo. Él es la única “Figura” relevante que debemos tener siempre presente y a quien hemos de obedecer. Y, desde Él, valorar y agradecer la presencia de otras “figuras” destacadas o relevantes para nosotros, pero sin dejar que tengan en nuestra vida el lugar y la importancia que sólo Dios debe ocupar.
ACTUAR:
¿Conozco a figuras destacadas del deporte, de las ciencias, de las artes…? ¿Qué “figurones” conozco? ¿Me dejo llevar por su imagen, o sé reconocer que todo es apariencia? ¿Tengo la tentación de ir de “figurón” por la vida? ¿Pretendo asumir funciones de “maestro, padre o jefe” de alguien, sin que me corresponda? ¿He sufrido a quienes han ejercido mal esas funciones?
Es muy fácil dejarnos engañar por los “figurones”, y también es muy fácil caer en la tentación de ir nosotros de “figurones” por la vida. Por eso siempre debemos tener presente que sólo Dios es la “Figura” de nuestra vida, una Figura que no ejerce su poder desde el autoritarismo y la prepotencia, sino “despojándose de su rango, tomando la condición de esclavo y pasando por uno de tantos, actuando como un hombre cualquiera” (cfr. Flp 2, 6-7).
Es verdad que estamos rodeados de figurones y podemos tener la tentación de serlo, pero Jesús nos ha indicado el “antídoto”: El primero entre vosotros será vuestro servidor. Cada día se nos van a presentar múltiples ocasiones de servir a los demás; aprovechémoslas porque así estaremos siguiendo el ejemplo de Cristo, que no ha venido al mundo para ser servido, sino para servir y dar su vida en rescate por todos (Mt 20, 28) y por eso Él es la única Figura que debe orientar nuestra vida.