Parròquia Sant Vicent Màrtir de Benimàmet

Homilía 29 TO-A

¿Cómo podemos saberlo?

 Descargar homilía

VER:

Hay una pregunta que suele surgir de forma recurrente en las reuniones de formación. Cuando hablamos de “cumplir la voluntad de Dios”, de “llevar a la práctica lo que Él espera de nosotros”, siempre hay alguien que pregunta: “Pero eso, ¿cómo podemos saberlo?” Porque la experiencia que se tiene es que hemos aprendido los mandamientos, conocemos las palabras de Jesús en el Evangelio… pero no sabemos cómo podemos aplicarlas a nuestra vida ordinaria. Éste es uno de los aspectos de la separación entre fe-vida-celebración que afecta a muchos cristianos, que reducen el ser cristiano a aceptar una serie de verdades y a cumplir unas prácticas religiosas, pero sin apenas relación o incidencia en su vida cotidiana, lo que acaba provocando incoherencia con el Evangelio.

JUZGAR:

Para superar esa fractura entre fe-vida-celebración, como indica el material de reflexión “Laicos de parroquia caminando juntos” (pgs. 38ss), esta partida se juega principalmente en lo pequeño, en lo cotidiano. ¿En qué medida Dios marca mis pasividades o mis acciones, mis disquisiciones y compromisos? Y en el Evangelio hemos escuchado un reflejo de esta experiencia. Unos preguntan a Jesús: ¿es lícito pagar impuesto al César o no? Aunque su intención es mala, para comprometer a Jesús, su pregunta recoge una duda legítima. Ante una determinada realidad social, política, económica, familiar, eclesial… ¿cómo hemos de comportarnos? ¿Cómo podemos conocer la voluntad de Dios en estos casos? Además, teniendo en cuenta la respuesta de Jesús: Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.

Sabiendo que no hay recetas mágicas, ni que vamos a recibir las instrucciones por escrito, sí que hay un camino que podemos seguir: Nuestro reto es descubrir en nuestra vida la dinámica del amor de Dios y, desde ahí, ser capaces de tenerle siempre presente en lo que vemos y hacemos, para ponernos en sus manos y preguntarle constantemente: “Señor, ¿qué quieres de mí?”. En lo rutinario y en lo extraordinario, en lo imprevisto y en lo planificado, en lo que parece nimio y en lo importante. No es una cuestión puntual, es un estilo de vivir.

Y para descubrir en nuestra vida la dinámica del amor de Dios, que genere ese estilo de vivir guiado por la fe, hemos de tener claro que la fe no es estática, un simple “aceptar” verdades y normas de comportamiento, sino un diálogo de pregunta-respuesta. El encuentro con Cristo lleva a la persona a replantearse constantemente su vida, desde los pequeños actos que realizamos a diario hasta las grandes decisiones que marcan nuestro itinerario. Se trata de descubrir la propia vocación, la llamada que Dios hace a toda persona.

Acoger la clave vocacional en nuestra vida supone escuchar a Dios en lo pequeño, en el día a día. De manera casi imperceptible, esto genera en nosotros la sensibilidad que nos hace intuir su voz en lo grande, en lo inesperado, en lo difícil, en las decisiones que encauzan el rumbo de nuestra vida. Una escucha que realizamos mediante la oración, la participación en la Eucaristía, la formación desde un Equipo de Vida, la lectura… Por medio de estos instrumentos Dios nos manifiesta su voluntad y qué espera de cada uno de nosotros para que aprendamos a “dar al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”.

ACTUAR:

¿Alguna vez me he preguntado cómo puedo saber lo que Dios espera de mí? ¿Procuro que mi vida ordinaria sea coherente con el Evangelio? ¿En qué ámbitos descubro rasgos de la separación entre fe-vida-celebración? ¿Me creo que tengo una vocación? ¿Cómo vivo la Eucaristía, la formación…?

La fe no es algo privado, intimista: La fe no nos saca del mundo, al contrario, nos compromete con él.

Por eso necesitamos creernos que tenemos vocación, que Dios nos llama, que cuenta con nosotros para continuar la misión de anunciar y construir su Reino. Tenemos los instrumentos necesarios para descubrir y vivir cada uno su vocación, nos falta decidirnos a utilizarlos bien. Se trata de educarnos en poner nuestra vida delante del Señor, dejarnos hacer por Él y llevar a cabo pequeñas acciones con las que manifestamos la voluntad de Dios.

Como compromiso concreto, podemos proponernos, si no lo hacemos ya, recuperar la práctica del “ofrecimiento de obras” al inicio de cada jornada, porque nuestra vida, todas nuestras acciones, deben convertirse en una ofrenda a Dios. Y Ofrecer nuestra vida a Dios nos lleva a buscar la coherencia con el Evangelio.

Cuidemos la oración, la Eucaristía, la formación, y ofrezcamos nuestras obras a Dios cada mañana para poder saber cuál es su voluntad, para generar un estilo de vida coherente con el Evangelio y así poder dar al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.

Los comentarios están cerrados.