Parròquia Sant Vicent Màrtir de Benimàmet

Homilía 27 TO-A

Valorar, agradecer, aprovechar

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Durante el inicio del ciclo pastoral ya hemos tenido la Asamblea, el Retiro… Se hicieron carteles para anunciarlas, también se imprimieron octavillas con la información, fotocopias para los asistentes. Pero… muy poca gente recogió las octavillas; apenas la mitad de los que tenían que venir acudieron a las convocatorias. Hay veces que al terminar alguna celebración se encuentran fotocopias completamente arrugadas e incluso algunas por el suelo y pisoteadas. Esta situación se repite, no sólo en las parroquias, sino en otros ámbitos del llamado “primer mundo”: en lo referente a la educación, sanidad, urbanismo… tenemos disponibles muchos medios materiales y humanos, que no sólo no son aprovechados, sino muchas veces son desperdiciados e incluso destruidos, sin que ello nos preocupe lo más mínimo.

JUZGAR:

En este domingo la Palabra de Dios nos hace una llamada de atención al respecto, utilizando la imagen de una viña. En la 1ª lectura el profeta Isaías nos ha hablado de la viña de su amigo: la entrecavó, la descantó y plantó buenas cepas; construyó en medio una atalaya y cavó un lagar. Estas imágenes reflejan que esa viña tiene todos los medios materiales y humanos para rendir buenos frutos.

En el Evangelio, Jesús también nos ha ofrecido una parábola en la misma línea: un propietario que plantó una viña, la rodeó de una cerca, cavó en ella un lagar, construyó la casa del guarda, la arrendó a unos labradores. También este propietario ha puesto los medios humanos y materiales necesarios para que su viña pueda rendir buenos frutos.

Confrontémonos con estas imágenes que nos ofrece la Palabra de Dios: ¿Qué medios materiales y humanos tengo a mi disposición? Quizá no nos hemos parado a pensarlo: vivimos en una sociedad avanzada y democrática, disponemos de agua corriente, electricidad, servicios públicos, sistema sanitario universal, educación gratuita, ayudas sociales, ofertas culturales y de ocio…

Y si pensamos en nuestro ser cristianos: podemos vivir nuestra fe con libertad, tenemos nuestra parroquia con su Sagrario, lugar de la presencia real de Cristo, con sus Equipos de Vida, con su oferta de formación en ACG y otros grupos, con Cáritas parroquial, con la celebración diaria de la Eucaristía y los demás Sacramentos, los Retiros mensuales…

Y ahora volvamos a la Palabra de Dios: a pesar de tantos medios, la viña de la 1ª lectura en vez de uvas, dio agrazones, es decir, racimos pequeños de uvas que nunca maduran. Y en el Evangelio ocurre algo peor: los labradores apalearon, mataron y apedrearon a los criados del amo, y por último matan al hijo del dueño. De nuevo confrontémonos con estas imágenes: ¿valoro, aprovecho, cuido… esos medios materiales y humanos que esta sociedad me ofrece? ¿Procuro no ensuciar las calles, reciclar, no desperdiciar recursos, no abusar de las ayudas…? ¿O por el contrario, no soy respetuoso y sólo exijo que se atiendan mis intereses sin pensar en los demás?

Y en lo referente a mi ser cristiano: ¿Valoro tener una parroquia con su Sagrario? ¿Formo parte de alguno de los Equipos de Vida? ¿Participo en alguna de las áreas pastorales de la parroquia? ¿Aprovecho los Retiros mensuales? ¿Agradezco poder celebrar la Eucaristía diariamente? O por el contrario, ¿sólo acudo a la parroquia cuando me interesa o necesito algo, pero no quiero comprometerme? ¿Desperdicio los medios materiales que se me ofrecen, aunque sean sencillos como una fotocopia? ¿Valoro que haya personas comprometidas, ofreciendo su tiempo y fuerzas?

ACTUAR:

La Palabra de Dios también nos advierte de las consecuencias de nuestros actos, si no sabemos valorar y aprovechar los medios materiales y humanos de que disponemos. En la 1ª lectura el dueño decide derruir su tapia para que la pisoteen, y dejar de cuidar la viña; en el Evangelio Jesús termina diciendo que se os quitará a vosotros… y se dará a un pueblo que produzca sus frutos. No debemos dar por sentado que siempre vamos a disponer a nuestro antojo de esos bienes materiales y humanos, ni en la vida social ni como cristianos. Hagamos caso a la Palabra de Dios y valoremos, agradezcamos y aprovechemos esos medios para que, como ciudadanos y cristianos, demos el fruto que Dios espera de nosotros.

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