N0 generalicemos
VER:
Lamentablemente el atentado del jueves en Las Ramblas de Barcelona, como otros atentados del DAEHS en Europa, África y Asia, hace que cada vez en las redes sociales aparezca más odio hacia todo lo que viene del mundo árabe. Esto hace que surja un fuerte rechazo hacia “todos” los musulmanes, como si “todos” fueran los causantes de estos atentados. Y este rechazo, llevado al extremo, lleva a convertirse en caldo de cultivo para la aparición de la islamofobia, el rechazo y el odio exagerada al Islam.
JUZGAR:
Para evitar caer en la xenofobia o la “islamofobia” es necesario aprender a distinguir, sin generalizar, tenemos que distinguir entre el pecado y el pecador, entre la persona concreta, sea extranjera o nativa, y sus actos. Y si la necesidad de hacer esta distinción es válida para todo ser humano, para quienes nos llamamos cristianos debe ser un imperativo a seguir.
Así nos lo ha mostrado la Palabra de Dios en este domingo, en donde vemos cómo para Dios, y por tanto para nosotros, la distinción entre “extranjero” y “nativo” es algo secundario, como hemos escuchado en la 1ª lectura: A los extranjeros que se han dado al Señor, para servirlo, para amar el nombre del Señor y ser sus servidores… Nadie es rechazado por su raza, cultura o nacionalidad; lo importante es amar y servir al Señor, y guardar sus mandamientos.
Más aún, esos que consideramos “extranjeros” pueden darnos, en un momento dado, una verdadera lección de fe, como la mujer cananea en el Evangelio, que en principio podría parecer que sufre un rechazo “xenófobo” por parte de Jesús (Sólo me han enviado a las ovejas descarriadas de Israel), incluso insultante (No está bien echar a los perros el pan de los hijos), pero que en realidad lo que Jesús está haciendo es provocar en ella la respuesta de fe para que sirva de modelo a sus discípulos: Mujer, qué grande es tu fe.
De ahí que san Pablo, el “apóstol de los gentiles”, en la 2ª lectura, exprese este deseo: A vosotros, gentiles os digo… habéis obtenido misericordia. Así también ellos… con ocasión de la misericordia obtenida por vosotros, alcanzarán misericordia. Pablo quisiera que el modo en que los gentiles (los paganos, los “extranjeros”) han acogido la fe en Cristo sea un estímulo para los judíos. Éstos, que se consideraban los destinatarios “oficiales” y únicos de las promesas de Dios, han rechazado a Cristo, y por eso Pablo desea que “los de su raza”, como él mismo dice, por el testimonio de fe de los gentiles se reintegren al nuevo Pueblo de Dios, abierto a judíos y gentiles, porque los dones y la llamada de Dios son irrevocables.
ACTUAR:
¿Detecto algún síntoma de xenofobia o “islamofobia” a mi alrededor, tiendo a desconfiar de quienes considero extranjeros? ¿En mi comunidad parroquial, Equipo de Vida, Asociación… hay alguna persona extranjera? ¿Hay una relación normal, o cuesta la integración? ¿Qué semejanzas y diferencias observo en el modo de vivir la misma fe? ¿Hay alguna característica suya que me gustaría incorporar a mi espiritualidad?
Lamentablemente se dan muchos brotes de xenofobia, unas veces de manera más directa y otras con pequeñas actitudes, gestos… Para nosotros, como indicó san Pablo en la misma carta a los Romanos, no hay distinción entre judío y griego, porque uno mismo es el Señor de todos, generoso con todos los que lo invocan… (Rm 10, 12).
Que nuestras comunidades parroquiales, Equipos de Vida, Asociaciones y Movimientos reflejen esta verdad de fe y así seamos testimonio vivo de que sabemos distinguir entre personas y actos, y que las diferencias de raza, condición, cultura y nacionalidad no son un obstáculo, sino un enriquecimiento mutuo, para vivir la fe en Cristo Resucitado y, por Él, seamos constructores de una sociedad sin rechazos ni exclusiones.