Parròquia Sant Vicent Màrtir de Benimàmet

Homilía Asunción de Ntra. Sra.

Modelo a seguir

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Celebramos la fiesta de la Asunción de María y, aunque es fiesta en muchos pueblos y ciudades, la gran mayoría de la gente no sabría explicar la razón. Lo primero que hay que tener presente es que ésta es una fiesta religiosa: la Iglesia ha celebrado esta fiesta desde el siglo IV y es una de las más populares. Por eso, debido a las raíces cristianas de España, se ha mantenido también como fiesta civil, debido a todos los actos, festejos y ferias que se organizan con motivo de esta celebración.

JUZGAR:

La iconografía clásica representa a la Virgen María, con expresión extática, rodeada de nubes y ángeles, siendo recibida en el cielo. Como indica la declaración de este dogma, celebramos que la Virgen María, cumplido el curso de su vida terrena, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria celeste. Y además, como escucharemos en el Prefacio, ella es figura y primicia de la Iglesia que un día será glorificada; ella es consuelo y esperanza de tu pueblo, todavía peregrino en la tierra.

Por tanto, junto con la celebración en honor de la Virgen María, por Ella celebramos también la esperanza de que también un día podemos participar con Ella de su misma gloria en el cielo (oración colecta).

Hoy ponemos los ojos en María Asunta al Cielo en cuerpo y alma, pero aunque hoy la representemos rodeada de gloria, debemos seguir teniendo presente que ella fue una mujer de carne y hueso, humilde y sencilla, pero que vivió en plenitud la fe en Dios, la esperanza y el amor. Aunque hoy la representemos con esa mirada extática puesta en lo alto y rodeada de nubes, María no fue una mujer evadida de la realidad, al contrario: antes de ser recibida “allá arriba”, tuvo que recorrer un camino duro y difícil “aquí abajo”. Más que “estar en las nubes”, como en esta fiesta se representa, María demostró cómo vivir en la tierra, llevando una existencia ordinaria, con dificultades, cansancio, problemas, preocupaciones… y muchas veces sin comprender.

Pero María se fio en todo momento de Dios: aunque no comprendiera, ella conservaba todas estas cosas meditándolas en su corazón (cf. Lc 2, 19.51), tanto en los momentos gozosos como al pie de la Cruz, y por su fe, por su constante decir a Dios: Hágase en mí según tu palabra, ha sido hoy glorificada.

La Virgen María es nuestro modelo a seguir. La celebración de su Asunción al Cielo debería suscitar en nosotros el deseo de ser como Ella, servicial, atenta a las necesidades de los demás, como hemos visto en el Evangelio, cuando fue a visitar a su prima Isabel. Y su propia vida nos muestra que no es preciso realizar acciones y obras extraordinarias, ni poseer carismas excepcionales: es necesario, ante todo, fiarse de Dios sin desalentarse ante las dificultades.

Y para ello, también debemos aprender de María una actitud básica: la humildad, que es la virtud del Magnificat, porque si María pudo decir: el Poderoso ha hecho obras grandes por mí, es porque antes había afirmado porque ha mirado la humildad de su esclava. Y la humildad no consiste en ojos bajos, en voz suave o pasar desapercibidos: la humildad está hecha de amor, consiste en dejarnos amar por Dios y dejarnos guiar por Él en todo momento, como hizo la Virgen María. La humildad nos saca de nuestro egocentrismo, de mirarnos a nosotros mismos, para poner nuestra mirada en Dios y así avanzar en el camino hacia la meta definitiva en el Reino de Dios.

ACTUAR:

Celebrar la Asunción de la Virgen María nos recuerda que cualquier momento o lugar puede ser una oportunidad que Dios nos concede para hacer de Él el centro de nuestra vida, sin “estar en las nubes”, sino con los pies bien plantados en la realidad pero con la mirada puesta en lo alto.

El ejemplo de la Virgen María es para nosotros un estímulo a seguir el mismo camino que Ella, a experimentar la alegría de quien se fía de Dios en todo momento; reavivando en nosotros la atracción hacia el Cielo.

No estamos solos en nuestro peregrinar: la Virgen María intercede por nosotros ante Dios, nos acompaña en nuestro largo caminar hacia el Reino y nos estimula a mantener nuestra fe, con la mirada puesta Dios. Invoquémosla hoy especialmente, para que nos enseñe a meditar todas estas cosas en nuestro corazón y por su intercesión, lleguemos un día, junto con Ella, a la gloria cielo.

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