Merece la pena
VER:
Hay actividades humanas que requieren una profunda preparación. Un músico debe estudiar durante años, y antes del estreno de una obra, debe ensayar durante varias horas al día. Pero cuando se interpreta la obra y suenan los aplausos del público, siente que ha merecido la pena el esfuerzo.
Un atleta, de cara a una competición, también entrena varias horas al día. Lleva un régimen alimenticio adecuado, un estilo de vida sano, privándose de actividades que le distraerían de su objetivo… pero cuando llega al podium y recibe el trofeo, siente que ha merecido la pena, y ya no le pesa ni el cansancio ni el sudor. El trabajo previo ha sido duro, oculto, ha ocupado muchos meses… pero conseguir el objetivo deseado produce una gran satisfacción y, además, motiva a superarse, a buscar nuevos objetivos, a seguir avanzando a pesar de las posibles dificultades y privaciones, porque merece la pena, es más, es lo que da sentido a la vida.
JUZGAR:
La semana pasada, con las parábolas del tesoro escondido y la perla de gran valor, vimos la necesidad de estar dispuestos a cambiar o a renunciar a algo, como los personajes de las parábolas, para disfrutar de ese Reino. No es fácil ni cómodo estar atentos a nuestra vida de fe y renunciar a determinadas cosas, podemos sentir cansancio y pensar: ¿Para qué? ¿Merece la pena tanto esfuerzo?
Por eso hoy nos ayuda la celebración de la fiesta de la Transfiguración del Señor, donde Jesús se muestra a sus discípulos, a los de entonces y a nosotros, como triunfador sobre la cruz y la muerte, triunfador sobre toda cruz y sobre toda muerte.
Con la palabra “transfiguración”, queremos indicar la experiencia de fe en la que Pedro, Santiago y Juan experimentan a Jesús más allá de su figura humana, más allá de lo que ahora conocen de Él y de lo que ahora están viviendo con Él, para contemplarlo momentáneamente en la gloria a la que llegará tras su muerte y resurrección.
Jesús está próximo a su pasión y a su muerte en la Cruz, pero les muestra que más allá de ésta hay un horizonte de Vida eterna. Jesús quería que algunos de sus discípulos tuvieran una experiencia así para confirmarles en que Él es verdaderamente el Hijo de Dios, y así pudieran afrontar lo que tendrían que pasar en el futuro.
Pero no todos los discípulos tienen esa experiencia: sólo los que suben con Jesús a la montaña, es decir, los que no se echan atrás ante el esfuerzo y las renuncias que conlleva seguir a Cristo.
ACTUAR:
Nuestro seguimiento de Jesús en la vida de fe nos resulta a veces exigente, como bien sabemos. Y en muchos momentos nos puede entrar el cansancio, las ganas de abandonar, sobre todo si tenemos que padecer alguna situación de cruz o de muerte. Pero el Señor Resucitado camina a nuestro lado, y si no abandonamos, también nos ofrecerá algunos “momentos de transfiguración”, como a Pedro, Santiago y Juan en los que percibiremos su presencia con especial intensidad, y de este modo ayudarnos en nuestro caminar.
Para ello, debemos hacer como los discípulos, y “subir a la montaña”, es decir, poner de nuestra parte lo que podamos para seguir al Señor, estando dispuestos, aunque nos cueste trabajo, a renunciar a todo aquello que obstaculiza o frena nuestro seguimiento de Cristo.
Y siempre, en todo momento, como ha indicado la voz del Padre, debemos permanecer a la escucha de Jesús, mediante la oración y la meditación de su Palabra, para no equivocar el camino, porque merece la pena para gozar de esos encuentros de transfiguración que Él nos va a ofrecer
La fiesta de la Transfiguración nos anima a ser valientes y coherentes en nuestro seguimiento de Jesús. Nos muestra que Jesús ha vencido cualquier cruz, y que por tanto las dificultades, las cruces con que nos encontremos en la vida, no van a tener la última palabra, sino que estamos destinados a compartir con Cristo la victoria final en su Reino, y esto es lo que da sentido a nuestra vida.