Parròquia Sant Vicent Màrtir de Benimàmet

Homilía 15 TO-A

Contra la sequía espiritual

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Las asociaciones de agricultores están alertando de que, debido a la sequía, ha bajado el rendimiento de las cosechas y lo que se recoge es de baja calidad y además no llega a cubrir los gastos de producción. Este mismo tipo de “alerta” puede haber surgido también en muchas parroquias, asociaciones o movimientos eclesiales, al evaluar el curso pasado: se constata una “pertinaz sequía” espiritual, un ambiente predominante de pesimismo, de debilidad, de falta de entusiasmo y de pérdida de esperanza… un menor pulso vital de nuestras parroquias, comunidades y diócesis, una disminución y reducción de la práctica religiosa (ACG – Llamados y enviados a evangelizar). Se emplean muchos medios y fuerzas en la acción pastoral, pero en mayor o menor medida, todos hemos experimentado que muchas de las cosas que hacíamos no hace muchos años ahora ya no funcionan, han perdido su capacidad evangelizadora e, incluso, generan en ocasiones el efecto contrario al deseado. Debido a esa “sequía espiritual”, se tiene la impresión de que los frutos, si se dan, son muy escasos, y no se llega a compensar el “gasto” humano y material que se ha realizado.

JUZGAR:

La “sequía espiritual” también se manifiesta en el descenso general de las vocaciones. Asistimos a un descrédito de la vocación como un valor, ya no sólo religioso, sino social. Hacer algo por vocación es algo extraño, anacrónico. Las vocaciones laicales son menores, así como las vocaciones a la vida religiosa y al presbiterado. Pero al igual que ocurre en el medio ambiente, esa “sequía espiritual” no afecta sólo al ámbito eclesial, sino al resto de ámbitos sociales, que se ven gravemente afectados por la falta de personas realmente vocacionadas para desempeñar su trabajo.

Más aún: todo el planeta tierra sufre por esa “sequía espiritual” y esa falta de vocaciones, como recordaba la 2ª lectura: la creación entera está gimiendo toda ella con dolores de parto, porque como indica el Papa Francisco: Esta hermana clama por el daño que le provocamos (…) La violencia que hay en el corazón humano, herido por el pecado, también se manifiesta en los síntomas de enfermedad que advertimos en el suelo, en el agua, en el aire y en los seres vivientes (Laudato si, 2).

¿Cómo hacer frente a esta “sequía espiritual”? Poniendo en práctica la parábola que el Señor nos ha transmitido en el Evangelio: el sembrador. Hacen falta personas con vocación de “sembradores”. Y a la hora de ser sembradores, hemos de tener presentes las indicaciones que hemos escuchado:

En primer lugar, recordemos que es la parábola del sembrador, no la del “cosechador”: no debemos poner nuestro foco de atención en los posibles frutos, sino en la propia siembra.

En segundo lugar, el sembrador siembra la Palabra generosamente, sin detenerse a comprobar en qué tipo de terreno ha caído, porque cree en lo que hemos escuchado en la 1ª lectura: así será mi palabra… no volverá a mí vacía… En nuestra acción pastoral nosotros también debemos ofrecer, y proponer la Palabra con generosidad, del mejor modo que sepamos, pero sin detenernos a comprobar si ha sido o no acogida, sino confiando en la fuerza de la propia Palabra.

En tercer lugar, la siembra dará fruto y producirá ciento o setenta o treinta por uno; pero eso es irrelevante para el sembrador. Debemos dejar de lado en la acción pastoral una mentalidad mercantilista de “cuenta de resultados”, porque el “número y cantidad de frutos” no es cosa nuestra sino de Dios.

ACTUAR:

¿Me preocupa la sequía ambiental? ¿Siento los efectos de la “sequía espiritual” en la Iglesia? ¿Noto en la sociedad la falta de personas vocacionadas para ejercer los trabajos necesarios? ¿Creo que la degradación del medio ambiente está relacionada con la “sequía espiritual” y la falta de vocaciones?

Para luchar contra la sequía espiritual y sus múltiples repercusiones, tenemos el reto de generar una cultura vocacional, entendiendo el concepto de vocación en toda su amplitud. La cultura vocacional, en cuanto concepto de valores, debe pasar cada vez más de la conciencia eclesial a la civil (ACG – Laicos de parroquia caminando juntos).

Vocación significa llamada, y el Señor nos llama a todos, presbíteros, religiosos y laicos, a ser sembradores de su Palabra. Respondámosle pero tal como nos ha indicado Él mismo, recordando que el protagonista principal de la evangelización es el Espíritu Santo. No debemos obsesionarnos ni caer en la “pastoral de la culpa” personal o del prójimo, como si no confiáramos en que es el Espíritu Santo quien hace una invitación explícita a cada ser humano. No somos los responsables de que cada persona acoja a Jesucristo. Nuestra responsabilidad radica en difundir el Evangelio con alegría, creatividad y de forma comprensible.

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