Yugo compartido
VER:
Una tarde, en la parroquia, antes de comenzar las tareas, los que estábamos allí comentábamos algunos casos de personas que estaban teniendo serias dificultades: enfermedad, paro laboral, situaciones familiares, problemas varios… los casos iban surgiendo uno detrás de otro, dejándonos una sensación de tristeza e impotencia. Y es que a poco que nos detengamos a pensar, son muchas las personas de nuestro entorno que sufren situaciones muy duras; y si abrimos la mirada más allá de nuestro entorno, la lista sería interminable.
JUZGAR:
De ahí que las palabras de Jesús en el Evangelio: Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados y yo os aliviaré, cobran especial importancia. Pero también surge la duda: ¿Cómo nos va a aliviar? Porque tenemos la experiencia de que, por mucha fe que tengamos en el Señor y, por mucho que se lo pidamos, muchas veces los problemas no desaparecen ni se alivian, y sólo nos queda seguir arrostrando con lo que tenemos, del mejor modo que podamos. Utilizando la imagen que Jesús ha empleado, nos sentimos como esos bueyes sujetos a un yugo que, resoplando y con mucho esfuerzo, siguen cumpliendo con lo que deben hacer, mientras las fuerzas aguanten.
Pero, aunque esa duda que se nos plantea es legítima, Jesús no ha hablado de “quitar”, sino de “aliviar”, que es hacer menos pesado, quitar parte del peso… pero no eliminar la carga. Por eso continúa: Cargad con mi yugo y aprended de mí… Hemos de seguir cargando con nuestro particular yugo, pero sabiendo y recordando que Jesús no habla desde la distancia, con desconocimiento, o desde la comodidad de quien no tiene que sufrir situaciones difíciles. Debido a la cultura urbana predominante, se nos puede escapar un detalle: en las tareas del campo, el yugo no es sólo para un animal, sino que suele formar yunta, es decir, son dos animales los que van sujetos por el yugo. Cuando Jesús nos dice cargad con mi yugo y aprended de mí, nos está transmitiendo que ahora esa carga que arrastramos, esos “yugos” que tanto nos cansan y agobian, ya no son sólo “nuestros”, sino compartidos con Él, porque Él está “tirando del carro” junto con nosotros.
Jesús no da respuesta al porqué de tantos yugos, ni da soluciones mágicas o se queda simplemente en buenas palabras de ánimo: Jesús cargó y continúa cargando sobre sí con el yugo de toda la humanidad, para darnos ejemplo de cómo hemos de llevar esos yugos, compartiéndolos con Él, para que, aunque no desaparezcan, se vuelvan más llevaderos y ligeros.
Pero quizá ahora nos surja otra duda: esta imagen del yugo puede servirnos a nosotros, pero ¿cómo transmitírsela a otros, que quizá no sólo no creen en Cristo, sino que ni siquiera le conocen? A menudo nos sentimos impotentes, porque ¿cómo decirles que, en esa situación difícil que están viviendo, van a encontrar en Él un alivio? ¿No creerán que les tomamos el pelo?
El propio Jesús nos ha indicado cómo hacerlo: Aprended de mí. Este “aprended” no se refiere sólo a cómo hemos de cargar con nuestro yugo personal; es una llamada a hacer con otros lo mismo que Él hace con nosotros, y estar dispuestos a acompañar a quienes cargan con yugos pesados, no con buenas palabras y sentimientos, sino “tirando del carro” con ellos, porque ése será el testimonio efectivo de la presencia de Cristo junto a ellos, ya que Él estará actuando a través nuestro.
ACTUAR:
¿Cuál es mi “yugo personal”? ¿Cómo lo llevo, con mansedumbre y humildad, o con desesperación? ¿Qué pienso al contemplar los “yugos” de tantas otras personas? ¿Qué sentimientos despiertan en mí las palabras de Jesús: Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados y yo os aliviaré? ¿Siento su presencia a mi lado, compartiendo mi yugo? ¿Estoy dispuesto a compartir los yugos de otros?
Son muchos los yugos de todo tipo que pesan sobre demasiadas personas. Algunos podrían desaparecer después de un tiempo, pero muchos otros no desaparecen sino que se perpetúan. En estos casos podemos reaccionar desde la desesperación y la ira, o podemos ir a Jesús, que quiso cargar nuestros yugos, y que si le dejamos sigue compartiéndolos para aliviarnos, sabiendo que del mismo modo que Él venció la cruz, nosotros por Él y con Él también superaremos todos los yugos que tanto nos cansan y agobian.