Parròquia Sant Vicent Màrtir de Benimàmet

Homilía 12 del TO-A

Carcoma espiritual

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VER:

La mayoría de nosotros, en alguna ocasión, hemos tenido carcoma en alguno de nuestros muebles: el pequeño montón de serrín en el suelo delata la presencia de ese insecto que, aunque pequeño, va royendo y taladrando la madera. Por fuera, el mueble se ve bien, la apariencia es buena, pero el interior está socavado. Si no se trata a tiempo, llega un momento en que por cualquier movimiento o golpe un poco brusco el mueble se quiebra y queda inservible.

JUZGAR:

En el Evangelio de hoy, Jesús nos previene contra lo que podríamos denominar “carcoma espiritual”: No tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. No; temed al que puede destruir alma y cuerpo. A veces estamos sólo pendientes de los “pecados clásicos” (robar, matar, sexto mandamiento…), y Jesús nos quiere poner en guardia frente a otros pensamientos, sentimientos, actitudes, comportamientos… que quizá no nos parezcan importantes, ni siquiera graves, nos creemos que no nos afectan, aparentemente todo sigue bien, pero que, como la carcoma, nos van royendo y taladrando por dentro y minando nuestra fe y nuestra fortaleza evangélica.

Del mismo modo que el pequeño montón de serrín delata la presencia de la carcoma, ¿cuáles serían los signos de la presencia de esa “carcoma espiritual”? Aunque puede manifestarse de muchas formas, hay unos rasgos comunes, que recogía el documento “Ser y misión de la ACG”.

Por una parte se tiene la experiencia de “miedo” como Jeremías en la 1ª lectura: Oía el cuchicheo de la gente: “Pavor en torno”, porque en el menos malo de los casos, el contexto en el que vivimos los cristianos no sostiene, alimenta y hace razonable la opción cristiana. En el peor de los casos, nuestra fe es discutida y violentada. Por otra parte, y fruto de esa experiencia de miedo, aparecen actitudes de replegamiento, de acomplejamiento… Hay una fuerte tendencia a vivir la fe de un modo privado, oculto y casi vergonzante: no nos atrevemos a decir que somos católicos.

Y esa vivencia intimista de la fe acaba teniendo unas consecuencias: no son pocos los cristianos que han perdido el ímpetu inicial y, sin haber abandonado de forma explícita a Jesucristo, viven la fe de forma muy tibia… Muchos cristianos tienen en su modo de vida rasgos de un modo de vivir secularizado, de una vida en la que Dios no encuentra el sitio que le corresponde.

La “carcoma espiritual” va produciendo una separación entre la fe, la vida y la celebración, al principio en pequeñas cosas, actitudes, comportamientos… Y aparentemente esa separación no nos afecta, todo sigue igual, pero acaba llegando un momento en que se produce la fractura evidente entre el Evangelio y la vida de un importante número de cristianos. Fractura que se percibe en aspectos de la vida cotidiana como la familia, el trabajo, el barrio o pueblo…

Y del mismo modo que la carcoma pasa de un mueble a otro, la “carcoma espiritual” también va pasando de unos a otros, generando un ambiente predominante de pesimismo, de debilidad, de falta de entusiasmo y de pérdida de esperanza por parte de los cristianos. Se constata un menor pulso vital de nuestras parroquias, comunidades y diócesis, una disminución y reducción de la práctica religiosa, y sobre todo un menor celo apostólico… Esta falta de intensidad hace que se impregne en nosotros un estilo vago y de escaso compromiso. Nos conformamos con mantener lo que tenemos, quedando adormecida nuestra dimensión misionera.

ACTUAR:

¿Detecto síntomas de “carcoma espiritual” en mí, en mi comunidad parroquial, asociación, Movimiento…? ¿Cuáles son más habituales? ¿Cuido la unidad entre fe, vida, celebración?

Cuando sintamos miedo a manifestar nuestra fe, necesitamos recordarnos las palabras de Jeremías: el Señor está conmigo como fuerte soldado; mis enemigos tropezarán y no podrán conmigo. Y cuando sintamos que la “carcoma espiritual” está socavando nuestro espíritu, tengamos presentes las palabras de Jesús: vosotros hasta los cabellos de la cabeza tenéis contados. Por eso, no tengáis miedo. Apoyémonos en Él para fortalecer la unidad entre nuestra fe-vida-celebración y así hacer frente y atacar la “carcoma espiritual”, porque esa unidad interior es en muchas ocasiones la primera impresión que las personas reciben de lo que es la fe, de lo que la fe consigue en las personas. Si nuestra vida no es coherente con lo que anunciamos, nuestro mensaje suena a hueco, resulta grotesco. De tener una capacidad evangelizadora impresionante, pasa a ser una caricatura de lo que debiera ser.

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