Parròquia Sant Vicent Màrtir de Benimàmet

Homilía Santísima Trinidad-A

Lo propio de la naturaleza divina

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Cuando tenemos conocimiento de comportamientos brutales o delictivos llevados a cabo por algunas personas, un comentario común es que “eso no es propio de la naturaleza humana”. Si tuviéramos que explicar en qué consiste eso que llamamos “naturaleza humana”, quizá no sabríamos explicarlo bien, pero de algún modo sí sabemos a qué nos referimos: aquellos comportamientos, sentimientos, valores, actitudes… que más allá de las diferencias culturales, sociales, religiosas, por encima de modas, corrientes de pensamiento, e incluso más allá de las características propias de cada individuo, es común a todos los seres humanos.

JUZGAR:

Hoy celebramos la solemnidad de la Santísima Trinidad, uno de los misterios más grandes de nuestra fe. Porque nosotros creemos que Dios es Uno y Trino. Como diremos en el Prefacio, un solo Dios, un solo Señor; no una sola Persona, sino tres Personas en una sola naturaleza.

Y esta afirmación de nuestra fe no es fácil de entender, pero en lugar de aceptar el “Misterio”, y que hay cosas que nos sobrepasan y nunca entenderemos, hemos tratado siempre de racionalizar el Misterio: no sólo “hacerlo razonable”, sino reducirlo a una explicación y formulación aceptable para nosotros y nuestro modo de razonar. Y de este empeño humano han surgido, a lo largo de la historia de la Iglesia, diferentes herejías, unas veces cayendo en el politeísmo al afirmar que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son tres “dioses”, y otras veces cayendo en el “modalismo”, afirmando que lo que conocemos como Padre, Hijo y Espíritu Santo no son sino diferentes “modos de actuar” de un único Dios, que utiliza esos nombres para hacerse más comprensible.

Pero como también diremos en el Prefacio: lo que creemos de tu gloria, porque tú lo revelaste, lo afirmamos también de tu Hijo, y también del Espíritu Santo. Aunque creer en Dios es razonable, Dios no es producto de nuestro razonamiento. Como se indica en el Itinerario de Formación Cristiana para Adultos “Ser cristianos en el corazón del mundo”, desde la reflexión humana vemos que en medio de hallazgos religiosos sublimes también encontramos dificultades insuperables y errores de apreciación de lo santo o lo divino. Por eso, vemos coherente que o marcaba Dios mismo su diferencia respecto de nuestros pretendidos logros o no acabaría el ser humano de discernir acerca del verdadero misterio de Dios (Tema 1). Nosotros creemos en tres Personas unidas en una sola naturaleza divina, porque así se nos ha revelado el mismo Dios.

Y por esa revelación que Dios, progresivamente, ha hecho de sí mismo, aunque no sepamos explicar muy bien en qué consiste esa única “naturaleza divina”, sí que podemos tener una idea de a qué nos estamos refiriendo, de lo que es propio de esa naturaleza divina común a las tres Personas.

Así, en las lecturas de hoy encontramos que es propio de la naturaleza divina ser compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia y lealtad (1ª lectura); y sobre todo, que es el Dios del amor y de la paz (2ª lectura). Un amor manifestado plenamente en su Hijo Jesucristo, porque tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no pereza ninguno de los que creen en Él, sino que tengan vida eterna. Porque Dios no mandó a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por Él (Evangelio).

El Dios Padre, que mandó a su Hijo al mundo para nuestra salvación y que ha enviado a nuestros corazones el Espíritu Santo, es en sí mismo Amor: esto es lo esencial y más propio de la naturaleza divina. El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo están unidos por la misma y única naturaleza divina, el Amor, y por este misterio de Amor los tres constituyen un solo Dios.

ACTUAR:

¿Qué significa para mí que Dios sea Padre, Hijo y Espíritu Santo? ¿Trato de racionalizar el Misterio, caigo en alguna “herejía” como el politeísmo o el modalismo? ¿Sabría decir qué es propio de la naturaleza divina? ¿Cómo experimento el Amor que es Dios?

Dios mismo nos ha dicho cómo es Él. En Jesús se nos ha manifestado lo que, desde siempre, es la realidad de la vida divina, que viene del Padre y que comparten el Hijo y el Espíritu. La realidad del amor infinito pertenece a lo más íntimo del ser de Dios (Tema 18-V). Por eso el misterio del amor de Dios es el contenido fundamental de la revelación divina y el centro de nuestra fe. Es una llamada incesante de Dios a la alabanza, a la acción de gracias, a la adoración (Tema 29).

 

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