Parròquia Sant Vicent Màrtir de Benimàmet

Homilía VI de Pascua-A

Bautizados y Confirmados

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En su Memoria de Actividades, la Conferencia Episcopal Española indicó que durante el año 2014 la Iglesia en España celebró 244.252 primeras comuniones y 116.787 confirmaciones. Es decir: menos de la mitad de los niños que reciben la Primera Eucaristía reciben después el Sacramento de la Confirmación. Las causas de este abandono son variadas: por una parte no tiene la costumbre familiar o “presión social” que conservan el Bautismo y la Primera Eucaristía. Por otra parte, se suele entender sólo como el momento en el que la persona, a una edad más o menos adulta, “confirma”, es decir, da su asentimiento, a la fe que ha recibido de sus padres, y por eso la decisión de recibir este Sacramento se deja a la voluntad de cada uno. Y se va aplazando y cae en el olvido.

JUZGAR:

Hemos entrado en la segunda mitad del tiempo de Pascua, que culmina con la solemnidad de Pentecostés, que celebra la venida del Espíritu Santo. Y por eso en el Evangelio hemos escuchado la promesa de Jesús: Yo le pediré al Padre que os dé otro Defensor que esté siempre con vosotros, el Espíritu de la verdad. La liturgia nos va preparando para entender y recibir el don del Espíritu Santo.

Así, en la 1ª lectura hemos escuchado un texto que debemos releer con atención, porque nos ayuda a entender el sentido del Sacramento de la Confirmación y la necesidad de recibirlo. Tras la predicación de Felipe en Samaría, Pedro y Juan bajaron hasta allí y oraron por los fieles, para que recibieran el Espíritu Santo; aún no había bajado sobre ninguno, estaban sólo bautizados en el nombre del Señor Jesús. Entonces les imponían las manos y recibían el Espíritu Santo.

En este texto vemos expresada la diferencia y a la vez la unión entre el Sacramento del Bautismo y el Sacramento de la Confirmación. Como indica el Ritual para el Bautismo de Niños: El Bautismo es el primer sacramento, que Cristo propuso a todos para que tuvieran vida eterna, y que después confió a su Iglesia juntamente con su Evangelio, cuando mandó a los Apóstoles: «Id y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo» (Mt 28, 19). El Bautismo es el sacramento de la fe con que los hombres, iluminados por la gracia del Espíritu Santo, responden al Evangelio de Cristo. Es además el sacramento por el que los hombres son incorporados a la Iglesia y hace a los hombres hijos de Dios.

Así pues, por el Bautismo comenzamos a vivir una nueva existencia; es la puerta a través de la cual el hombre empieza a ser cristiano, esto es, discípulo de Cristo e hijo de Dios. El bautizado es ya miembro de la Iglesia, a la que seguirá incorporándose por medio de los otros sacramentos de la iniciación cristiana y de la correspondiente catequesis. (CEE, Ésta es nuestra fe).

El Sacramento del Bautismo, por tanto, es el inicio de un proceso de crecimiento y maduración en la fe, y aquí encontramos de manera inseparable y complementaria el Sacramento de la Confirmación, como indica el Catecismo para Adultos de la Conferencia Episcopal Alemana: El Sacramento de la Confirmación sirve sobre todo para fortalecer y perfeccionar la gracia del Bautismo. Se halla íntimamente relacionado con el Bautismo y debe incrementar, robustecer y perfeccionar el fundamento puesto en el Bautismo.

Y, comentando el texto de la 1ª lectura de hoy, indica: El Nuevo Testamento señala también una donación del Espíritu distinta de la que tiene lugar en el Bautismo; es la que se concede por la imposición de manos. En este texto se dicen dos cosas:

En primer lugar, que por la imposición de manos la comunidad de Samaría se une más estrechamente a la Iglesia de Jerusalén, centro de la unidad.

Y se dice también que, por la imposición de las manos a los cristianos del lugar se confiere de un modo especial el Espíritu Santo. Se sugieren así dos motivos para el Sacramento de la Confirmación: unión íntima con la Iglesia y fortalecimiento por el poder del Espíritu Santo.

Y además, ante la indicación de san Pedro en la 2ª lectura: estad siempre prontos para dar razón de vuestra esperanza a todo el que os la pidiere, la gracia conferida en el Sacramento de la Confirmación nos nombra testigos públicos de la fe y nos envía a colaborar responsablemente en el ámbito de la Iglesia.

ACTUAR:

¿He recibido el Sacramento de la Confirmación? ¿Cuándo? ¿Qué significó para mí? ¿Entiendo su razón de ser y su unión con el Bautismo y la Eucaristía? ¿Invoco al Espíritu Santo de manera habitual?

Frente a las dificultades que encontramos para vivir como cristianos y dar razón de nuestra esperanza, Jesús nos promete al Defensor, el Espíritu Santo, que recibimos de manera especial con el Sacramento de la Confirmación. No dejemos de recibirlo ni de promover su recepción, junto con el Bautismo y la Eucaristía, porque de este modo estaremos incorporados más perfectamente a la Iglesia y nos robustecerá para poder difundir y dar razón de nuestra fe con mayor fuerza, como verdaderos testigos de Cristo.

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