Clavaditos a nuestro Padre
VER:
En ocasiones decimos de alguien: “Es clavadito a su padre”. Unas veces lo decimos por las facciones, los rasgos físicos, apariencia, gestos… Y otras veces no nos referimos al físico sino a otras facetas: el buen carácter, o el mal genio, o la misma habilidad para algo, o la misma disposición para hacer las cosas… En definitiva, por esos rasgos o por el carácter, decimos: “no puede negar que es hijo de su padre”.
JUZGAR:
En este quinto domingo de Pascua, ante la petición que hace Felipe: Señor, muéstranos al Padre y nos basta, Jesús le responde: Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe? Quien me ha visto a mí ha visto al Padre. A los discípulos se les hace difícil comprender que Jesús es Dios; saben que habla en nombre del Padre, que hace obras en su nombre… pero no consiguen ver en Él a Dios.
Esto mismo nos puede ocurrir a nosotros, que quizá estamos muy centrados en el hombre Jesús, el “Jesús de la Historia” (como decíamos hace unos domingos), pero se nos hace difícil entender que Él es también verdadero Dios, que es el Hijo del Padre.
Por eso Jesús le da esa respuesta; los discípulos, y nosotros, después de tanto tiempo con Jesús, después de todo lo que hemos oído de Él, deberíamos haber comprendido que Él es “clavadito a su Padre”, hasta tal punto que afirma Jesús: yo estoy en el Padre y el Padre en mí. De ahí que quien le ve a Él, ve al Padre. Jesús es el rostro visible del Dios invisible.
Pero además, Jesús es “clavadito a su Padre” tanto por sus palabras (Lo que yo os digo no lo hablo por cuenta propia) como por sus obras: El Padre, que permanece en mí, Él mismo hace las obras. Sabe que es fácil que duden de sus palabras, por eso afirma: Si no, creed a las obras, porque las obras que hace certifican y garantizan las palabras de Jesús.
En los signos, en las curaciones, en los gestos de compasión, de perdón, de misericordia, en su actitud frente a los poderosos, en su trato con los humildes, con los pecadores… en todas esas obras Jesús es “clavadito a su Padre”, y por Él podemos conocer cómo es Dios, ese Padre con entrañas de misericordia.
Sabemos que Jesús es el verdadero camino que nos lleva a la vida eterna, a la casa del Padre. Por eso Jesús afirma en el Evangelio de hoy con claridad: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida. Nadie va al Padre sino por mí. Jesús es el acceso directo a Dios porque Él es “clavadito a su Padre”, porque Él es Dios que se ha acercado al hombre para que el hombre encuentre la salvación.
ACTUAR:
¿He dicho alguna vez de alguien, o lo han dicho de mí: “es clavadito a su padre”? ¿Por qué, en que se basaba el parecido? ¿Me centro más en la humanidad de Jesús que en su divinidad? ¿Sabría explicar qué significa “yo estoy en el Padre, y el Padre en mí”? ¿Las palabras y obras de Jesús me permiten conocer qué “rasgos” tiene Dios?
Nosotros somos hijos de Dios por nuestro Bautismo, y también deberíamos ser “clavaditos a nuestro Padre”. Qué importante sería que viéndonos a nosotros, sus hijos, viendo nuestras buenas obras, tratándonos como verdaderos hermanos, desde el amor, el perdón, el respeto…pudieran decir de todos nosotros “que no podemos negar que somos hijos de Dios Padre”. Como dice san Pedro en la 2ª lectura: también vosotros, como piedras vivas, entráis en la construcción del templo del Espíritu. Ser piedras vivas significa que nuestras palabras, gestos, valores, actitudes… han de ser las de Cristo y por tanto han de ser también las del Padre.
Como ha dicho Jesús en el Evangelio: el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago. Sigámosle a Él, nuestro camino, verdad y vida, para que nuestras obras den buen testimonio del Dios revelado en Jesucristo. Ojalá puedan decir de nosotros: “Es clavadito a su Padre del cielo”.