No somos polemistas
VER:
Un católico fue invitado a un programa de televisión, para que hablase de una iniciativa que está llevando a cabo. Estaba él solo frente a varios comentaristas, que intentaron por todos los medios que la conversación derivase en un debate polémico sobre temas de moral sexual. Sin embargo, este católico no cayó en la trampa: en varias ocasiones dijo, con tranquilidad, que él, por su fe, tenía claro lo que debía hacer y por eso había puesto en marcha esa iniciativa, y que si alguien no estaba de acuerdo con lo que él hacía le respetaba pero no iba a entrar en polémicas. Me gustó su estilo, porque al mismo tiempo que dejó patente su testimonio de fe, supo mantener un tono educado sin dejarse arrastrar hacia la polémica que los comentaristas intentaron provocar.
JUZGAR:
La palabra “polémica” procede de una palabra griega que hace referencia al “arte de la guerra”. Y sabemos cómo las polémicas a menudo desembocan en auténticas “guerras”, y que hay polemistas, expertos en provocar polémicas, ya sea en televisión, radio o redes sociales. Por eso, en el ambiente de confrontación y crispación en el que nos movemos, es importante no convertirnos en polemistas y saber mantener la distancia para dar testimonio de nuestra fe pero sin entrar “al trapo” en discusiones y polémicas que no sólo no llevan a ningún lado, sino que provocan aún más enfrentamiento y división.
El Evangelio de este domingo, con el ciego de nacimiento, nos ofrece varias pistas al respecto, ya que en él encontramos varios polemistas y también cómo tanto Jesús como el ciego de nacimiento evitan la polémica, dando al mismo tiempo testimonio de fe.
Los primeros polemistas son los propios discípulos, que preguntan a Jesús: ¿quién pecó: éste o sus padres, para que naciera ciego? Representan a los que siempre quieren encontrar culpables, quieren que haya acusaciones, reproches… Pero Jesús no entra en esa polémica, sino que ofrece el punto de vista de la fe: Ni éste pecó ni sus padres, sino para que se manifiesten en Él las obras de Dios.
Los siguientes polemistas son los vecinos y los que antes solían verlo pedir limosna: ¿No es éste…? El mismo… No es él, pero se le parece… Representan a los que provocan y mantienen discusiones interminables, en lugar de buscar de verdad las respuestas.
Otros polemistas son los fariseos: Este hombre no viene de Dios, porque no guarda el sábado… ¿Cómo puede un pecador hacer semejantes signos? Y estaban divididos. Representan a los “teóricos” que discuten mucho sobre conceptos, sobre aspectos formales, legales… pero como ni unos ni otros están dispuestos a renunciar a sus puntos de vista, nunca llegan a una conclusión concreta y se mantiene la división.
Y además, los fariseos se muestran amenazantes: Habían acordado expulsar de la sinagoga a quien reconociera a Jesús por Mesías. Y tratan de intimidar al que había sido ciego: Confiésalo ante Dios; nosotros sabemos que ese hombre es un pecador. Tratan de acosarle haciéndole una y otra vez las mismas preguntas: ¿Qué te hizo, cómo te abrió los ojos? Representan a los que no dudan en utilizar la amenaza, la coacción, la presión material y psicológica para tratar de anular a quien no comparte sus ideas.
Pero el que había sido ciego, por su incipiente fe en Jesús, va mostrando toda su grandeza y no se deja intimidar ni acosar, sino que responde dejándonos un modelo de testimonio de fe firme y a la vez respetuoso: Si es un pecador, no lo sé; sólo sé que yo era ciego y ahora veo. Os lo he dicho ya, y no me habéis hecho caso… Si éste no viniera de Dios, no tendría ningún poder. No entra en la polémica que los otros quieren provocar; asume las consecuencias (lo expulsaron) pero esa experiencia y ese modo de actuar le llevan a un encuentro personal con Jesús: Lo estás viendo: el que te está hablando, ése es; y a hacer una confesión de fe explícita en Él: Creo, Señor. Y se postró ante Él.
ACTUAR:
¿Me he visto alguna vez envuelto en una discusión polémica por temas de fe? ¿Sé exponer con claridad y respeto mi fe, sin dejarme enredar por polemistas, o termino actuando como ellos? ¿Los cuestionamientos que me hacen me llevan a un encuentro más profundo con el Señor?
No seamos polemistas, no nos dejemos enredar. Aprendamos del ciego de nacimiento a ponernos en las manos del Señor para que, por Él, sepamos dar un testimonio humilde y valiente de nuestra fe.