Parròquia Sant Vicent Màrtir de Benimàmet

Homilía VIII del TO-A

El Amor que es Dios

 Descargar homilía

VER:

Hace unos días se produjo una noticia: presuntamente una madre obligaba a su hija de trece años a prostituirse para que le comprara comida, alcohol y tabaco. Más tarde se informó que al parecer no ejercía la prostitución pero sí realizaba tareas de servicio doméstico para obtener dinero, ya que de lo contrario era insultada y agredida por su madre. Para cualquier persona normal resultaba inconcebible que una madre actúe así con su propia hija, porque el amor de una madre es uno de los más firmes apoyos con que cuenta el ser humano desde antes de su nacimiento, y ese amor lleva a muchas madres a llevar a cabo acciones de cuidado, atención y entrega total, incluso sacrificando su propia vida, por bien de sus hijos.

JUZGAR:

Hoy la Palabra de Dios en la 1ª lectura y en el Evangelio nos ofrece unas de las más bellas descripciones de cómo actúa Dios con nosotros, de su inquebrantable amor por nosotros. En la 1ª lectura el profeta Isaías precisamente utiliza la imagen de una madre para mostrarlo: ¿Es que puede una madre olvidarse de su criatura, no conmoverse ante el hijo de sus entrañas? Pues aunque ella se olvide, yo no te olvidaré. Y en el Evangelio, Jesús ha hablado de cómo cuida Dios de los pájaros, de los lirios del campo, de la hierba, para cuestionarnos: ¿no hará mucho más por vosotros, gente de poca fe?

El amor de Dios, el Amor que es Dios, supera todo lo que podamos imaginar y podemos experimentar en esta vida, incluso el amor de una madre por su hijo. Pero a pesar de “saberlo”, nos cuesta “vivirlo”, nos cuesta confiar en este Dios Amor, sentirnos con Él como un niño en brazos de su madre (Sal 130, 2). Por eso en este domingo, a punto de comenzar la Cuaresma, necesitamos detenernos ante la Palabra de Dios y, conscientes de que Él es el Amor más grande, dejarnos cuestionar por las palabras de Jesús en el Evangelio:

No estéis agobiados por la vida pensando qué vais a comer, ni por el cuerpo pensando con qué os vais a vestir. ¿Me preocupo en exceso, hasta el agobio, por estos temas?

Mirad a los pájaros… ¿No valéis vosotros más que ellos? ¿Me creo que soy muy valioso para Dios?

Ya sabe vuestro Padre del cielo que tenéis necesidad de todo eso. ¿Me siento cuidado y atendido por Dios, como un niño que no tiene que recordar y pedir a sus padres lo que necesita?

Sobre todo, buscad el Reino de Dios y su justicia; lo demás se os dará por añadidura. ¿Tengo esa confianza en Dios, o primero me ocupo de mis intereses y luego de los del Reino de Dios?

Al contemplar el amor de Dios, el Amor que es Dios, y conscientes de que hasta un amor humano tan grande como el de una madre puede fallarnos en un momento dado, descubriremos que sólo en Dios podemos apoyarnos con total seguridad, porque nunca nos va a fallar, ni a abandonar, y haremos nuestras las palabras del Salmo: Descansa sólo en Dios, alma mía… de él viene mi salvación, sólo él es mi roca… mi alcázar… mi esperanza… mi refugio.

ACTUAR:

El documento “Salir, caminar y sembrar siempre de nuevo”, de Acción Católica General, nos ofrece algunas reflexiones relacionadas con la Palabra de este domingo. En el origen de toda persona hay un acto de amor, que es un acto de Dios y un acto creador. Por ese acto somos llamados a la existencia, recibimos el don de la vida. ¿Soy consciente de que mi vida es fruto del amor de Dios, más allá de que mis padres me deseasen o no, o que me hayan abandonado?

No hemos recibido el don de la vida para sobrevivir, sino para amar y ser amados, para crecer en ese amor, para ser transformados por ese amor, para ser liberados y encontrar la felicidad. Tenemos que aprender a vivir esa plenitud día a día. ¿Organizo mi vida desde ese Amor de Dios, o creo que debo enfrentarme en solitario a las circunstancias de la vida, con todos sus agobios?

Dios nos invita a madurar e integrar la vocación al amor en nuestra vida. Realizar esta entrega nos permitirá no solo dar cosas, sino darnos a nosotros mismos. Apoyado en el Amor que es Dios, ¿busco sobre todo el Reino de Dios y su justicia, o esto lo relego a mis intereses personales?

Ojalá la conciencia del amor de Dios transforme nuestra vida para poder afirmar, como el salmista: “Descansa sólo en Dios, alma mía, porque Él es mi esperanza, mi roca firme, mi refugio.”

Los comentarios están cerrados.