Lo que cuesta la luz
VER:
En plena ola de frío, fue noticia que precisamente esos días la luz resultaba más cara: cada día se superaba el coste del kilowatio-hora. La razón de este encarecimiento, según decían, se debía a la falta de viento para producir energía eólica, y también a la sequía que provocaba que no funcionasen a pleno rendimiento las centrales hidráulicas, por lo que resultaba más caro producir electricidad. Esto, unido al aumento de la demanda debido al frío, explicaba el aumento de precio.
JUZGAR:
En el Evangelio, Jesús nos ha dicho: Vosotros sois la luz del mundo. Por el Bautismo, todos los cristianos estamos llamados a dar la Luz de Cristo a este mundo. No es algo opcional.
Y sin embargo, siguiendo el ejemplo de la luz eléctrica, cualquier cristiano que se tome en serio su fe es consciente de lo que “cuesta” ser esa luz, ofrecer esa luz. En este cambio de época que estamos viviendo ha desaparecido el ambiente cristianizado de tiempos pasados en el cual la fe se veía como algo “normal”, “habitual”; hoy en día lo extraño es manifestarse abiertamente como católico. En la mayoría de familias, sólo unos pocos de sus miembros, normalmente los abuelos, participan de la vida de la Iglesia; y estas personas evitan hablar del tema religioso en reuniones y conversaciones porque provoca disputas y enfrentamientos. Hay un descrédito generalizado y una mala prensa hacia “la Iglesia” y todo lo relacionado con ella, lo que hace que se oculte la condición de creyente y se viva la fe de un modo privado y, a veces, como vergonzante. En palabras de Jesús, estamos ocultando la luz, la estamos metiendo debajo del celemín.
Cada uno debemos reflexionar acerca de las causas personales de que nos cueste tanto ofrecer la luz que ya somos por nuestro Bautismo. Pero hay algunas razones que nos pueden orientar.
Quizá, como ocurre con la electricidad, nos cuesta ofrecer la luz de Cristo por la “sequía”: hemos dejado que nuestra fe se seque, no la hemos regado con la oración, con la participación frecuente y activa en la Eucaristía, la Reconciliación y los demás Sacramentos.
Quizá nos cueste por la “falta de viento”: el viento del Espíritu Santo. Nos creemos que esa luz depende de nosotros y no nos acordamos de que el verdadero protagonista de la evangelización es Él, quien nos impulsa y reaviva más allá de lo que por nuestras propias fuerzas podemos esperar.
Quizá también nos cueste ser y ofrecer la luz de Cristo por el “aumento de la demanda”. Aunque muchas personas viven como si Dios no existiera, lo cierto es que en un mundo tan “frío” como el nuestro hay situaciones personales y sociales que demandan de nosotros una respuesta desde la fe, y nos vemos impotentes para responder, porque nos falta una adecuada formación cristiana, y porque nos sentimos “solos” ya que no hemos cuidado la dimensión comunitaria de la fe.
Y, sin embargo, Jesús nos sigue diciendo: Vosotros sois la luz del mundo. Y tenemos los medios para que no nos cueste tanto producir esa luz, y la Palabra de Dios también los lo recuerda.
En primer lugar, no se nos pide ser “deslumbrantes”. Como decía San Pablo: Me presenté a vosotros débil y temeroso; mi palabra y mi predicación no fue con persuasiva sabiduría humana, sino en la manifestación y el poder del Espíritu. La Luz de Cristo la ofrecemos con humildad, transmitiendo la luz del Espíritu.
Y en segundo lugar, tampoco se nos pide una “alta potencia iluminadora”, que llevemos a cabo grandes obras. Lo recordaba la 1ª lectura: Parte tu pan con el hambriento, hospeda a los pobres sin techo, viste al que va desnudo… cuando destierres de ti el gesteo amenazador y la maledicencia… Tomemos estas imágenes en sentido amplio, pongámosles rostros y situaciones cercanas, y encontraremos muchas ocasiones en las que no nos costará tanto ser luz para esas oscuridades.
ACTUAR:
¿Me siento llamado a ser luz del mundo? ¿Qué dificultades encuentro? ¿Cuido la oración, la Eucaristía, la formación? ¿Me acuerdo de invocar al Espíritu Santo? ¿Dónde puedo ser esa luz?
Es cierto que cuesta ser luz como nos pide el Señor, pero Él confía en nosotros y nos ofrece los medios para que, con humildad, podamos serlo, podamos alumbrar con su Luz a quienes viven rodeados de oscuridades, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en el cielo.