Sosteniendo el mundo
VER:
Comentando algunas noticias de actualidad sobre atentados, situación de refugiados, personas sin empleo… una persona se lamentaba de lo mal que está el mundo y que “esto no tiene arreglo”. Pero otra persona del grupo dijo que aunque esas noticias nos estremecen y nos preocupan, son muchas más las personas que día a día, sin salir en las noticias, de un modo callado pero eficaz, están haciendo cosas buenas y “sosteniendo el mundo”, por así decir.
JUZGAR:
Hoy la Palabra de Dios nos ha ofrecido un elogio de todas esas personas anónimas para el mundo pero en las que Dios ha puesto su confianza para que su plan de salvación vaya adelante.
Así, en la 1ª lectura hemos escuchado: Dejaré en medio de ti un pueblo pobre y humilde, que confiará en el nombre del Señor… no cometerá maldades, ni dirá mentiras. En la 2ª lectura san Pablo nos invitaba: Fijaos en vuestra asamblea, no hay en ella muchos sabios en lo humano, ni muchos poderosos, ni muchos aristócratas; todo lo contrario, lo necio del mundo lo ha escogido Dios para humillar a los sabios. Aún más, ha escogido la gente baja del mundo, lo despreciable, lo que no cuenta, para anular a lo que cuenta.
Y en el Evangelio Jesús nos ha ofrecido hoy las Bienaventuranzas, aunque mejor habría que decir que Jesús nos muestra a los que son “bienaventurados”, a personas de toda condición pero que con su acción “sostienen el mundo” y hacen presente el Reino de Dios. Repasémoslas:
Los pobres en el espíritu: ¿Cuántas personas conocemos que en su trato no son orgullosas ni prepotentes, sino respetuosas, amables, educadas…?
Los sufridos: ¿Cuántas personas conocemos que, día a día, se esfuerzan por otras, dando su tiempo y energías para ayudarles en situaciones de enfermedad, ancianidad, hijos, desempleo…?
Los que lloran: ¿Cuántas personas se atreven a mostrar sus sentimientos y no se ocultan tras una máscara de frialdad o lejanía ante los demás?
Los que tienen hambre y sed de la justicia: ¿Cuántas personas están implicadas en causas solidarias y luchan por defender los derechos pisoteados de otras?
Los misericordiosos: ¿Cuántas personas son capaces de conmoverse ante el dolor y el sufrimiento ajeno y no han caído en la “globalización de la indiferencia” que denuncia el Papa Francisco?
Los limpios de corazón: ¿Cuántas personas no son falsas ni actúan por intenciones ocultas?
Los que trabajan por la paz: ¿Cuántas personas procuran solucionar conflictos, encontrar vías de entendimiento? ¿Cuántas son pacificadoras en la familia, en el trabajo, en grupos de amigos…?
Los perseguidos por causa de la justicia: ¿Cuántas personas se ven envueltas en polémicas, en conflictos, en difamaciones, por defender a otros, por defender lo que es justo?
Los insultados, perseguidos y calumniados por Jesús: ¿Cuántas personas, miles y miles, han sido y son perseguidos, hasta la muerte, simplemente por ser cristianos? Y no renuncian a Él.
Si nos detenemos a reflexionar, son muchas las personas que están viviendo las Bienaventuranzas, aunque no sean conscientes de ello, aunque no sean noticia. Más que las que hacen el mal.
ACTUAR:
¿Y yo? Podemos hacernos un test: ¿Soy orgulloso o prepotente? ¿Me entrego por otros? ¿Muestro frialdad? ¿Estoy implicado en alguna causa solidaria? ¿El dolor ajeno me deja indiferente? ¿Actúo con doble intención? ¿Soy pacificador o genero conflictos? ¿Acepto verme envuelto en polémicas por defender a otros? ¿Doy testimonio como cristiano aunque me rechacen?
A pesar de lo que vemos en las noticias y la impresión que podemos sacar, son muchas las personas anónimas que día a día están sosteniendo nuestro mundo, aunque no aparezcan en las noticias y su acción quede oculta a los “sabios y entendidos” de este mundo. Son muchas las personas “bienaventuradas”, a pesar de lo que les acarrea su compromiso en favor de los demás. Son los que Dios ha elegido para anular a lo que cuenta, a los que son noticia. Unámonos a estas personas, para sentirnos ya ahora dichosos porque Dios cuentea con nosotros para “sostener el mundo”, para sembrar su Reino, y un día podremos recibir de Él la recompensa prometida.