Eso es poco para ti
VER:
A veces cuando los hijos comunican a sus padres qué camino van a seguir en la vida, o cuando alguien dice qué planes de futuro tiene, se le responde: “Eso es poco para ti”. Y esta respuesta viene dada porque se entiende que esas personas se han quedado como a medio camino, y por el conocimiento que tenemos de ellos, estamos ciertos de que pueden aspirar a metas más altas en su vida y no deben conformarse con una medianía o mediocridad.
JUZGAR:
Una vez finalizado el tiempo de Navidad, en la liturgia recuperamos el tiempo ordinario, en el que no celebramos ningún misterio particular de la fe, sino que vamos caminando en la cotidianidad, en lo ordinario de la vida. Y como también estamos en los primeros días del año nuevo, necesitamos plantearnos qué queremos hacer el resto del año, qué metas nos vamos a marcar.
Quizá hemos empezado el año con el ánimo de que los próximos meses sean una continuidad de lo que hemos estado haciendo, sin marcarnos metas ni objetivos nuevos, simplemente “seguir la marcha” tanto a nivel individual como de comunidad parroquial: hacemos cosas, se cubre el expediente, pero vamos dejándonos arrastrar por la rutina y la comodidad y no avanzamos.
Por eso Dios nos dice hoy las palabras que hemos escuchado en la 1ª lectura: Es poco que seas mi siervo. Es poco que nos limitemos a cumplir; estamos llamados a algo más, a mucho más: a ser testigos del Dios vivo, a señalar su presencia en medio de nosotros, como hizo Juan Bautista: Éste es el Cordero de Dios. Un testimonio que podemos dar porque hemos sido bautizados con Espíritu Santo, y Él nos capacita para afirmar: Yo lo he visto y he dado testimonio de que éste es el Hijo de Dios.
Por eso, quedarnos con una vida de fe basada en el simple cumplimiento, en el seguimiento de unas normas morales, en el mantenimiento de lo que tenemos… eso es poco para nosotros. Como Pablo y Sóstenes en la 2ª lectura, también nosotros hemos sido llamados a ser “apóstoles de Jesucristo”. Y si queremos ser fieles a esta misión, hemos de preguntarnos, a nivel individual y de comunidad parroquial, en qué aspectos debemos crecer, cambiar o avanzar para dar como cristianos la respuesta adecuada a la realidad en que vivimos.
Y el primer paso es cuidar la espiritualidad para ser nuevos “Juan Bautista” que, guiados por el Espíritu Santo, señalen al Cordero de Dios en nuestro mundo. La espiritualidad nace del encuentro con Jesucristo, que por su Espíritu nos transforma internamente e implica toda la vida humana. El Espíritu de Jesús genera en nosotros un nuevo modo de ser, de sentir, de pensar, de vivir y de afrontar la realidad, dando una nueva orientación y un nuevo sentido a la vida personal y social.
ACTUAR:
¿Qué metas me he marcado para el nuevo año? ¿Me conformo con cumplir, me he acomodado, o tengo ganas de seguir creciendo y avanzando? ¿Cómo señalo la presencia de Jesucristo en medio de las circunstancias y hechos de la vida cotidiana? ¿Cómo cuido mi espiritualidad?
Es poco para nosotros que nos conformemos con una vid de fe “a medio gas”, rutinaria, de cumplimiento. Dios nos llama a mucho más, a ser nuevos “Juan Bautista”.
Son muchos los campos de acción, dentro y fuera de las comunidades parroquiales, en los que podemos cumplir la misión que el Señor nos encomienda. Y un instrumento que nos ayuda a crecer y madurar como cristianos es la Acción Católica General, una asociación de laicos creada por la propia Iglesia para la evangelización de las personas y de las realidades en las que está inmersa la parroquia. Está compuesta por los laicos de las parroquias (niños, jóvenes y adultos), que tratan de poner a Cristo como centro de sus vidas, en clave misionera, cultivando la fe a través de procesos formativos continuados. Y en la Acción Católica General la espiritualidad es el pilar sobre el que descansa todo y que impulsa a los seglares a ser fermento dentro de la sociedad porque como indican los obispos de la Diócesis de Valencia en el Proyecto Diocesano de Pastoral: Eso es ser cristiano: ser testigo y anuncio vivo, en obras y palabras, del Evangelio que es Jesucristo (…) Los cristianos hemos de “salir a la calle”, es decir, a donde están los hombres para anunciar a Jesucristo, para decirles con obras y palabras: “Dios te quiere, Cristo ha muerto por ti”.