Parròquia Sant Vicent Màrtir de Benimàmet

Homilía Bautismo del Señor-A

Católicos en la vida pública

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Excepto en ambientes específicamente religiosos, la imagen que se suele dar de los cristianos en general y de los católicos en particular, en programas de televisión, en series o películas, en novelas, etc., es bastante penosa: aparecen como personas intransigentes, supersticiosas, incultas, retrógradas, representantes de algo caducado ya, que no tiene vigencia en el mundo de hoy, que no aporta nada interesante… y son motivo de burla y desprecio por parte de los demás personajes. Y una de las causas de esta imagen negativa es la falta de cristianos, de católicos, que sean verdaderos testigos en la vida pública, en los medios de comunicación, en las instituciones sociales, y que den otra imagen. Por esta falta de testigos, sólo aparecen los prejuicios y los tópicos.

JUZGAR:

Hoy estamos celebrando la fiesta del Bautismo del Señor, que pone fin al tiempo de Navidad. Y el Bautismo de Jesús marcó el comienzo de su vida pública, para que los hombres reconociesen en Él al Mesías, enviado a anunciar la salvación a los pobres (Prefacio). A partir de su Bautismo, Jesús desarrolló su misión evangelizadora, que ya había anunciado el profeta Isaías y hemos escuchado en la 1ª lectura: Mirad a mi siervo… Sobre él he puesto mi Espíritu para que traiga el derecho a las naciones. Yo, el Señor, te he llamado… para que abras los ojos de los ciegos, saques a los cautivos de la prisión y de la mazmorra a los que habitan en las tinieblas.

Como también hemos escuchado en la 2ª lectura: Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el mal, porque Dios estaba con él. Y en la oración colecta hemos pedido poder transformarnos interiormente a imagen de aquel que hemos conocido semejante a nosotros en su humanidad. Por tanto, nosotros somos hoy los continuadores de la misión evangelizadora de Jesús. Celebrar la fiesta del Bautismo de Jesús como culminación del tiempo de Navidad nos tiene que recordar que para eso hemos recibido el Bautismo, y que también tenemos su mismo Espíritu Santo en nosotros: para anunciar el Evangelio.

Como indica el recientemente aprobado Proyecto Pastoral Diocesano en la diócesis de Valencia: Con la Iglesia y dentro de ella, creemos en Jesucristo como el Salvador de los hombres. Por esto afirmamos con toda sencillez y gozo y se lo ofrecemos a los demás que no podemos excluir de la historia de los hombres a Jesucristo (pág. 17).

Y para ofrecer a Jesucristo, la nueva evangelización habrá de tener muy en cuenta que depende en gran medida de los fieles cristianos laicos, y por ello promover y alentar la presencia de los fieles cristianos laicos en la vida social y pública (pág. 9), porque afirmó el Papa Pablo VI: El testimonio de vida cristiana es la primera e insustituible forma de la misión (Redemptoris missio 42).

Un testimonio, una presencia de católicos en la vida pública que debe seguir el estilo evangelizador del mismo Jesús, que nos recordaba la 1ª lectura: No gritará, no clamará, no voceará por las calles, lo que no significa que no sea un testimonio valiente y claro. Por tanto, no debemos situarnos en posiciones de permanente condena… pero tampoco en un cristianismo claudicante, rebajando el mensaje cristiano para que sea digerible por el mundo actual (Llamados y enviados a evangelizar – Ser y misión de la ACG). Hay que presentar el cristianismo con toda su originalidad y singularidad, en toda su exigencia y radicalidad, sin eliminar las aristas de la cruz que a veces tanto se ocultan para hacernos plausibles (Proyecto Pastoral Diocesano, pág. 40)

ACTUAR:

Hacen falta “católicos en la vida pública”, como indicaron nuestros obispos en el documento que lleva este nombre, publicado en 1986, y que merece la pena leer: la nueva evangelización lo reclama. Muchas personas que se consideran cristianas ven el Bautismo como un simple acto familiar o social, y haberlo recibido no tiene repercusión en la vida pública. Pero hoy, al celebrar el Bautismo de Jesús, descubrimos el compromiso evangelizador que conlleva estar bautizados. Así pues, necesitamos superar la vergüenza y los complejos, y no echarnos atrás en el anuncio y presencia del Evangelio, llamado a configurar todas las realidades de la vida. Y esto siempre desde el respeto exquisito y pleno a las convicciones ajenas, sobre todo a las personas y a su libertad, y reclamando el respeto a las propias nuestras de cristianos. La fe se propone, no se impone (pág. 19).

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