Parròquia Sant Vicent Màrtir de Benimàmet

Homilía de la Inmaculada

Ante el pecado original

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Cuando me reúno con los padres de los niños que van a bautizar a sus hijos o los traen a la catequesis suelo decirles en la charla que ellos, como padres, quieren lo mejor para sus hijos y, del mismo modo que eligen dentro de sus posibilidades la mejor educación, los mejores alimentos, la mejor ropa… también habían elegido para ellos educarles en la fe en Cristo Resucitado, que es sin duda lo mejor que pueden ofrecerles, y por eso libremente habían decidido traerles a la parroquia.

JUZGAR:

Hoy estamos celebrando la solemnidad de la Inmaculada Concepción de María. Dios, como buen Padre, al enviar a su Hijo al mundo también quería lo mejor para Él y por eso le preparó una digna morada, como hemos dicho en la oración colecta. Y la mejor morada fue la Virgen María.

Como diremos después en el Prefacio: preservaste a la Virgen María de toda mancha de pecado original para que en la plenitud de la gracia fuese digna madre de tu Hijo. Hoy celebramos que Dios Padre preservó de modo singular a la Virgen María de los efectos de aquel primer pecado, lo que conocemos como el pecado original, y cuyo relato hemos escuchado en la 1ª lectura. Una lectura que, como ya sabemos, no hay que interpretar literalmente: La Biblia no es una crónica ni una “historia” pormenorizada de hechos, sino un relato de cómo Dios se ha ido revelando a su pueblo y de la experiencia de fe de dicho pueblo. Por eso no debemos leer estos pasajes como si fueran una crónica de lo que exactamente ocurrió: son un relato de la acción salvadora de Dios.

Por eso, esta narración del fruto prohibido lo que nos transmite es que lo que llamamos pecado original consiste en que el ser humano, haciendo un mal uso de su libertad, no quiere reconocer a Dios como su Señor y Creador, desconfía de Él y no está dispuesto a obedecerle. Y esa actitud, ese “pecado original” del rechazo a Dios, acarrea un desequilibrio y desencadena unas consecuencias desastrosas tanto para el propio ser humano como para el conjunto de la Creación.

Pero Dios no abandona al ser humano en su pecado. Dios es nuestro Padre y aunque nos rebelemos contra Él, sigue queriendo lo mejor para nosotros: y lo mejor que tiene para nosotros es su propio Hijo. Por eso dentro de su plan de salvación, envió a su Hijo al mundo y le preparó una digna morada en María, preservándola de ese pecado.

Pero la Inmaculada Concepción de la Virgen María no elimina su voluntad, de ahí que Dios “pida permiso” a María, por medio del ángel Gabriel, para que consienta en la encarnación de su Hijo. María, lógicamente, se hace preguntas (¿Cómo será eso…?), pero por su fe sabe que Dios no la va a dejar sola, y por eso contestó: Aquí está la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra. De este modo el mismo Dios tomó la condición de esclavo pasando por uno de tantos; y así, actuando como un hombre cualquiera (Flp 2, 7) nos enseñará cómo contrarrestar ese “pecado original”, cómo reconocer a Dios como nuestro Señor y Salvador y aprender a confiar en Él, como confió María.

Hoy celebramos que, por su Inmaculada Concepción, ese “hágase en mí” de María hace posible para todos los hombres que se abra el camino del retorno al Padre. Como ha dicho san Pablo en la 2ª lectura: A esto estábamos destinados por decisión del que hace todo según su voluntad.

ACTUAR:

¿Estoy convencido de que lo mejor que se puede dar a otra persona es la posibilidad de conocer a Cristo? ¿Entiendo el significado del pecado original, experimento su presencia en mí? ¿Qué repercusiones tiene, cómo se concreta ese rechazo y desconfianza hacia Dios? ¿Qué significa para mí celebrar la Inmaculada Concepción de la Virgen María? ¿Estoy dispuesto a fiarme de Dios?

Contemplemos hoy a María en su Inmaculada Concepción y aprendamos de ella a decir “sí” a Dios, a fiarnos de Él. Que Ella interceda por nosotros, que no somos “inmaculados”, para que no tengamos miedo de pedir perdón al Señor mediante el Sacramento de la Reconciliación y así podamos llegar un día a la Casa del Padre limpios de todas nuestras culpas.

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