Parròquia Sant Vicent Màrtir de Benimàmet

Homilía 32 TO-C

No nos preocupe cómo será

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VER:

En el Credo Apostólico afirmamos: “Creo en la resurrección de la carne”; y en el Nicenoconstantinopolitano “espero la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro”. Y mucha gente se pregunta cómo será la resurrección, en qué consistirá… Es lógico que tengamos esa curiosidad, porque la muerte es el gran enigma al que se enfrenta el ser humano: ¿Qué ocurre después? ¿Qué podemos esperar? Y hacemos conjeturas de lo más variopinto: unas veces como simples espíritus, otras veces no nos cabe en la cabeza lo de que resucita la carne, otras veces que cómo será estar todos juntos y encontrarnos con los que ya han muerto. Yo, cuando me preguntan, siempre respondo: “No te preocupe cómo será la resurrección; sólo piensa que “será”, y lo demás, déjalo en manos de Dios”.

JUZGAR:

En la 1ª lectura hemos escuchado el martirio de esos hermanos que esperan la resurrección. El segundo de ellos afirma: cuando hayamos muerto por su ley, el rey del universo nos resucitará para una vida eterna. El tercero, ante la amenaza de cortarle las manos, dice: De Dios las recibí… espero recobrarlas del mismo Dios. Y el cuarto: Vale la pena morir a manos de los hombres cuando se espera que Dios mismo nos resucitará. Como indica el texto, el rey y la corte se asombraron del valor con que despreciaban los tormentos; y ese valor les venía por su fe en la resurrección.

En el Evangelio, hemos podido escuchar las conclusiones absurdas a las que lleva querer hacer conjeturas acerca de la resurrección. Unos saduceos plantean el caso de una mujer que estuvo casada con siete hermanos: Cuando llegue la resurrección, ¿de cuál de ellos será la mujer? Porque los siete han estado casados con ella. Ante ese planteamiento, no es de extrañar que negasen la resurrección.

Jesús no le da una respuesta directa, no entra en el juego de las conjeturas: son hijos de Dios porque participan en la resurrección. Jesús nos está diciendo que no necesitamos saber el cómo, sino sólo que participaremos de la resurrección, de su misma resurrección, porque por Él somos hijos de Dios.

El Catecismo “Ésta es nuestra fe”, de la Conferencia Episcopal Española, indica: Todo amor verdadero lleva consigo un anhelo de que la persona amada viva para siempre y viva plenamente. Dios ha hecho una Alianza de amor con nosotros y desea que el hombre viva para siempre (…) Dios, que es Señor de la vida y de la muerte, tiene poder para hacer que el hombre viva eternamente. Dios ha realizado ya todas las exigencias de su amor en la resurrección de su Hijo Jesucristo. También las realizará en nosotros, resucitándonos.

Y el “Catecismo Católico para Adultos” de la Conferencia Episcopal Alemana señala: Dios quiere, llama y ama al hombre entero, que es uno en cuerpo y alma. Al hombre entero pertenece también su relación con el mundo y con los otros, relación que se realiza mediante el cuerpo. Por este motivo, la esperanza en la resurrección corporal de los muertos no es un elemento extraño que haya venido a añadirse posteriormente a la fe, sino una consecuencia que brota de su entraña misma.

Por tanto, lo que nos tiene que importar no es “cómo” será la resurrección, sino únicamente que compartiremos la gloria del cuerpo resucitado de Jesús; que su resurrección es el origen y garantía de nuestra propia resurrección; y que vivir siempre con el Señor lleva consigo vivir para siempre en cuerpo y alma con Él (Catecismo “Jesús es el Señor”). Y lo demás, dejémoslo en manos de Dios.

ACTUAR:

¿Me he preguntado alguna vez “cómo” será la resurrección? ¿Llegué a alguna conclusión? ¿Me fío de la palabra de Jesús, aunque no nos dé detalles al respecto? ¿Vivo orientado hacia la resurrección?

Como indica el Catecismo Alemán, en última instancia, la fe en la resurrección de los muertos se basa en la firme creencia de que Dios no es Dios de muertos, sino de vivos: porque para Él todos están vivos, como hemos escuchado al final del Evangelio. Como los hermanos de la 1ª lectura, vivamos nuestro presente, lo bueno y lo malo, con la esperanza puesta en la resurrección, porque este mensaje es mucho más que un simple consuelo. Nos exhorta a trabajar por la vida y a luchar contra los poderes de la muerte… contra todo lo que daña, deshonra y destruye a la vida. La promesa de la vida futura nos compromete seriamente con la vida presente.

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