Al final, uno (no) se cansa
VER:
La semana pasada la homilía terminaba con una cita del Papa Francisco en Evangelii gaudium (279): Uno tiene la seguridad de que no se pierde ninguno de sus trabajos realizados con amor, no se pierde ninguna de sus preocupaciones sinceras por los demás, no se pierde ningún cansancio generoso, no se pierde ninguna dolorosa paciencia. Nosotros nos entregamos pero sin pretender ver resultados llamativos. Sin embargo, siendo sinceros, ¿cuántas veces hemos dicho: “Al final, uno se cansa”? Esta frase la decimos, ante determinadas personas o situaciones, cuando después de un tiempo prolongado haciendo, diciendo o insistiendo, comprobamos que pasa el tiempo y no vemos ningún cambio en dicha situación o persona, y nos entra el desánimo y lo dejamos estar porque “al final, uno se cansa”.
JUZGAR:
En los asuntos humanos, es comprensible que lleguemos a esta conclusión; pero no debería ocurrirnos lo mismo con nuestra relación con Dios, y sin embargo, también lo decimos, porque tenemos la experiencia de que pedimos y pedimos… pero no recibimos lo que estamos pidiendo, y acabamos abandonando porque “al final, uno se cansa”, pensando que “Dios no me hace caso”.
Por eso Jesús hoy nos plantea la parábola de la viuda y el juez injusto, y nos cuestiona con una pregunta que debemos responder con sinceridad: Pues Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos que le gritan día y noche?, ¿o les dará largas? ¿Qué pensamos, con sinceridad, al respecto? Ante la realidad propia o ajena, ante tantas personas que sabemos que le gritan día y noche y “parece” que Dios no hace nada… ¿acabamos pensando que no les escucha, o que les está dando largas?
Jesús también afirma: Os digo que les hará justicia sin tardar. ¿Es ésta nuestra experiencia? ¿Seríamos capaces, ante tantos que gritan a Dios día y noche, de darles esta respuesta con convencimiento?
Quizá no seamos capaces de decirlo. Por eso Jesús nos lanza inmediatamente otra pregunta: Pero cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra? Jesús se ha fiado completamente del Padre, ha hecho suya la voluntad del Padre, sabe que le espera la pasión y muerte, pero también la resurrección, y por eso puede afirmar sin miedo que Dios no da largas, sino que acaba haciendo justicia. ¿Y nosotros? ¿Tenemos esa fe en Dios? ¿Seguimos confiando en Él aun en medio de las situaciones de cruz, o dejamos de hacerlo porque “al final, uno se cansa”?
Jesús nos invita precisamente a no cansarnos, a mantener la fe en el Padre, como Él la mantuvo, dándonos ejemplo en su pasión y muerte. Debemos aprender de esa viuda y ser insistentes en la oración, aunque nos parezca que no recibimos nada, que Dios “no me escucha”.
ACTUAR:
¿En qué circunstancias o ante qué personas he terminado exclamando “al final, uno se cansa”? ¿En qué ocasiones he dicho lo mismo respecto a Dios? ¿Tengo la actitud de la viuda, soy insistente aunque me parezca que “no me hace caso”? ¿Me fío de verdad de Él, como Jesús, mantengo la fe incluso ante la pasión y la cruz? ¿Sé dar testimonio de esta fe ante quienes le gritan día y noche?
Es comprensible que en un momento dado exclamemos: “Al final, uno se cansa”, pero no nos dejemos llevar por ese sentimiento. Y no olvidemos que Jesús nos constituyó “Iglesia”, asamblea, comunidad, y que unos a otros nos ayudamos a mantener la fe, como hemos escuchado en la 1ª lectura que Aarón y Jur sostuvieron los brazos de Moisés mientras él intercedía por el pueblo. También nosotros, como Iglesia, como comunidad parroquial, como Asociación, como Equipo de Vida, nos acompañamos y sostenemos mutuamente, sobre todo en los momentos más duros, que deben servirnos para crecer en la esperanza, en la fe viva, en la fraternidad. Es preciso en esas ocasiones dirigir una mirada de fe y confianza a Jesucristo y pedirle el don del Espíritu.
Así, desde el encuentro personal y comunitario con Jesús en la oración, en la Eucaristía, en la reconciliación, en la formación, en la acción… “al final uno no se cansa”, sino que mantendremos la fe en que Dios no nos da largas, y sabremos dar testimonio creíble de esa fe ante tantos que le gritan día y noche.