Parròquia Sant Vicent Màrtir de Benimàmet

Homilía 28 TO-C

«Fracaso» pastoral

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Por las parroquias suele pasar mucha gente (padres que traen a bautizar a sus hijos o a que reciban la Primera Comunión, los mismos niños de catequesis, adolescentes y jóvenes que se preparan para la Confirmación, novios que quieren celebrar su matrimonio…), pero la gran mayoría, una vez han obtenido lo que querían, desaparecen y no vuelven, para disgusto y desánimo de párrocos, acompañantes de grupos y agentes de pastoral.

JUZGAR:

Muchísima gente acude a nuestras parroquias como a una “estación de servicios religiosos”, o un “supermercado”: necesitan algo, lo obtienen, algunos se muestran agradecidos, pero luego desaparecen hasta que vuelven a necesitar algo de la parroquia. Una acompañantes, comentando esta misma realidad, siempre dice: “Al menos que se lleven un buen recuerdo, que sepan que aquí se les ha acogido con amabilidad, que se les ha dado a conocer a Dios, y que pueden volver cuando quieran”. Ésta es la actitud correcta, y no el desánimo.

En el Evangelio hemos escuchado que Jesús también vivió esta experiencia: tras curar a diez leprosos, sólo uno de ellos, viendo que estaba curado, se volvió alabando a Dios a grandes gritos, y se echó por tierra a los pies de Jesús, dándole gracias. Jesús tomó la palabra y dijo: ¿No han quedado limpios los diez?; los otros nueve, ¿dónde están? Jesús, lógicamente, se hace esa pregunta, pero su atención la centra en ése que ha vuelto, no se queda lamentándose por los otros. Y le hace saber que, además de haber obtenido su curación física, tu fe te ha salvado, porque ha reconocido a Dios en Jesús, y ése era el objetivo.

Es la misma experiencia que hemos escuchado en la 1ª lectura: Naamán el sirio se cura al seguir las indicaciones del profeta Eliseo y quiere hacerle un regalo, pero el profeta lo rehúsa, porque lo verdaderamente importante no es que muestre su agradecimiento a Eliseo, sino que se ha encontrado con el verdadero Dios: en adelante tu servidor no ofrecerá holocaustos ni sacrificios de comunión a otro dios que no sea el Señor. Y éste ha de ser también nuestro objetivo en las parroquias: que quienes pasan por allí puedan encontrarse y conocer a Dios, sin pensar en “nuestro” éxito o fracaso.

Es cierto, como dice el Papa Francisco en Evangelii gaudium, que aparecen constantemente nuevas dificultades, la experiencia del fracaso, las pequeñeces humanas que tanto duelen. Todos sabemos por experiencia que a veces una tarea no brinda las satisfacciones que desearíamos, los frutos son reducidos y los cambios son lentos, y uno tiene la tentación de cansarse (277). Pero por eso mismo nos recuerda que unidos a Jesús, buscamos lo que Él busca, amamos lo que Él ama. En definitiva, lo que buscamos es la gloria del Padre (267), y no pensar tanto en nuestro “éxito pastoral”.

Ante la experiencia de tanta gente que “pasa y no vuelve”, no hemos de dejarnos llevar por el desánimo y el sentimiento de fracaso: la comunidad evangelizadora se dispone a «acompañar». Acompaña a la humanidad en todos sus procesos, por más duros y prolongados que sean. Sabe de esperas largas y de aguante apostólico. La evangelización tiene mucho de paciencia (24).

ACTUAR:

¿He vivido esta experiencia de “fracaso” en la parroquia, o con mis hijos o nietos, u otras personas? ¿He buscado que conozcan a Dios, que por lo menos tengan un buen recuerdo, o esperaba un reconocimiento para mí? ¿Sé “acompañar”, sé esperar con paciencia a que alguien “vuelva”?

Ante la realidad del “fracaso pastoral”, necesitamos hacer nuestras las palabras del Papa: nos hace falta una certeza interior y es la convicción de que Dios puede actuar en cualquier circunstancia, también en medio de aparentes fracasos. Uno sabe bien que su vida dará frutos, pero sin pretender saber cómo, ni dónde, ni cuándo. Tiene la seguridad de que no se pierde ninguno de sus trabajos realizados con amor, no se pierde ninguna de sus preocupaciones sinceras por los demás, no se pierde ningún cansancio generoso, no se pierde ninguna dolorosa paciencia. Nosotros nos entregamos pero sin pretender ver resultados llamativos. Sólo sabemos que nuestra entrega es necesaria. Sigamos adelante, démoslo todo, pero dejemos que sea Él quien haga fecundos nuestros esfuerzos como a Él le parezca (279).

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