La «sofá-comodidad»
VER:
Este verano paseaba una tarde por la playa, a orillas del Mediterráneo, y empecé a pensar en los fuertes contrastes que se producen: ese mismo mar en el que la gente se baña alegremente, en cuyas orillas hay importantes centros turísticos con hoteles de lujo, yates, mansiones, fiestas… es también el escenario diario de enormes tragedias: miles de personas en embarcaciones precarias tratan de llegar a esas mismas orillas buscando sobrevivir, y miles mueren ahogadas en el intento, en esas mismas aguas. Pero aunque conocemos esta realidad porque la vemos en las noticias, parece que nos hemos acostumbrado a ella y seguimos a la nuestra, como si no tuviera que ver con nosotros.
JUZGAR:
Ésa es la actitud que denuncia la 1ª lectura: canturreáis… bebéis vinos generosos, os ungís con los mejores perfumes, y no os doléis de los desastres… Y también Jesús lo denuncia en el Evangelio: Había un hombre rico que se vestía de púrpura y de lino y banqueteaba espléndidamente cada día. Y un mendigo llamado Lázaro estaba echado en su portal… con ganas de saciarse de lo que tiraban de la mesa del rico, pero nadie se lo daba.
Como dijo el Papa Francisco en su Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 2016, Vence la indiferencia y conquista la paz (3): la actitud del indiferente, de quien cierra el corazón para no tomar en consideración a los otros, de quien cierra los ojos para no ver aquello que lo circunda o se evade para no ser tocado por los problemas de los demás… en nuestros días ha superado el ámbito individual para asumir una dimensión global y producir el fenómeno de la «globalización de la indiferencia».
Y sigue diciendo el Papa: La indiferencia ante el prójimo asume diferentes formas. Hay quien está bien informado, escucha la radio, lee los periódicos o ve programas de televisión, pero lo hace de manera frívola, casi por mera costumbre: estas personas conocen vagamente los dramas que afligen a la humanidad pero no se sienten comprometidas, no viven la compasión.
Algunas personas prefieren no buscar, no informarse y viven su bienestar y su comodidad indiferentes al grito de dolor de la humanidad que sufre. Casi sin darnos cuenta, nos hemos convertido en incapaces de sentir compasión por los otros, por sus dramas; no nos interesa preocuparnos de ellos, como si aquello que les acontece fuera una responsabilidad que nos es ajena, que no nos compete.
En la reciente Jornada Mundial de la Juventud (30-VII-16), el Papa afirmó: Existen situaciones que nos pueden resultar lejanas… que no comprendemos porque sólo las vemos a través de una pantalla (del celular o de la computadora). En la vida hay otra parálisis todavía más peligrosa… creer que para ser feliz necesitamos un buen sofá. Un sofá que nos ayude a estar cómodos, tranquilos, bien seguros. Un sofá como los que hay ahora modernos con masajes adormecedores incluidos, que nos garantiza horas de tranquilidad para trasladarnos al mundo de los videojuegos y pasar horas frente a la computadora. Un sofá contra todo tipo de dolores y temores. Un sofá que nos haga quedarnos en casa encerrados, sin fatigarnos ni preocuparnos. La «sofá-felicidad».
Pero esta actitud de la “sofá-felicidad” nos acarrea unas consecuencias: aparte de que las personas necesitadas siguen sufriendo, la 1ª lectura nos recordaba: irán al destierro, a la cabeza de los cautivos. Y en el Evangelio, Jesús ponía en boca de Abrahán: recuerda que recibiste tus vienes en vida y Lázaro a su vez males: por eso encuentra aquí consuelo mientras que tú padeces. Por eso debemos atender a la llamada del Papa y “levantarnos del sofá-felicidad”, porque no vinimos a este mundo a «vegetar», a pasarla cómodamente, a hacer de la vida un sofá que nos adormezca; al contrario, hemos venido a otra cosa, a dejar una huella. Y esa huella la dejamos siguiendo lo que san Pablo indica en la 2ª lectura: Practica la justicia, la religión, la fe, el amor, la paciencia, la delicadeza. Y esto debe concretarse en el prójimo, debemos ir por los caminos siguiendo la «locura» de nuestro Dios que nos enseña a encontrarlo en el hambriento, en el sediento, en el desnudo, en el enfermo, en el amigo caído en desgracia, en el que está preso, en el prófugo y el emigrante, en el vecino que está solo. Ir por los caminos de nuestro Dios que nos invita a ser actores políticos, pensadores, movilizadores sociales.
ACTUAR:
¿Cómo me afectan las situaciones dramáticas que se producen en el ámbito más cercano o a nivel mundial? ¿Estoy simplemente “informado” y sigo a la mía? ¿Prefiero “no saber nada” y así “ojos que no ven…”? ¿He caído en la “sofá-comodidad? ¿Soy consciente de las consecuencias para mí y para los demás?
Como ha dicho el Papa: Jesús no es el Señor del confort, de la seguridad y de la comodidad. Para seguir a Jesús, hay que tener una cuota de valentía, hay que animarse a cambiar el sofá por un par de zapatos que te ayuden a caminar por caminos nunca soñados y menos pensados, por caminos que abran nuevos horizontes
No nos dejemos adormecer por la “sofá-comodidad”. Dios espera algo de ti, Dios quiere algo de ti, Dios te espera a ti. Dios viene a romper nuestras clausuras, viene a abrir las puertas de nuestras vidas, de nuestras miradas. Dios viene a abrir todo aquello que te encierra. Te está invitando a soñar, te quiere hacer ver que el mundo con vos puede ser distinto. Eso sí, si tú no pones lo mejor de ti mismo, el mundo no será distinto.