Parròquia Sant Vicent Màrtir de Benimàmet

Homilía 25 TO-C

Corrupción

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VER:

De vez en cuando surge la noticia de algún caso de corrupción. El diccionario define corrupción como práctica consistente en la utilización de las funciones y medios de las organizaciones, especialmente las públicas, en provecho, económico o de otra índole, de sus gestores. Con motivo del Día de la Unión Mundial de Organizaciones Femeninas Católicas (UMOFC) la Presidente Diocesana de Acción Católica General ofreció una charla sobre la corrupción, con el título: “Donde hay engaño no está el Espíritu de Dios”. En esta charla, que vamos a seguir en esta homilía, se indicó que se habla sobre todo de corrupción política, porque es de la que más se ocupan los informativos, pero hay muchos tipos de corrupción. Y uno de ellos es la corrupción social, de la que se habla poco, pero en la cual nos hallamos inmersos sin darnos cuenta: ¿Cuántos ciudadanos evitan pagar los impuestos? ¿Quién no ha aceptado una factura sin IVA? ¿Cuántos han utilizado materiales de su empresa para fines personales? ¿Cuántos recurren a la economía sumergida para evitar pagar a la Seguridad Social o a Hacienda?

JUZGAR:

El Catecismo de la Iglesia Católica (2409) nos recuerda que corrupción es toda forma de tomar o retener injustamente el bien ajeno, aunque no contradiga las disposiciones de la ley civil, retener deliberadamente bienes prestados u objetos perdidos, defraudar en el ejercicio del comercio, pagar salarios injustos, elevar los precios especulando con la ignorancia o la necesidad ajenas. Y la Palabra de Dios de este domingo nos muestra que la corrupción ha existido siempre.

En la 1ª lectura, el profeta Amós denuncia a los que exprimís al pobre, despojáis a los miserables. Disminuís la medida, aumentáis el precio, usáis balanzas con trampa… Y en el Evangelio hemos escuchado la parábola de ese administrador infiel que utilizaba los bienes de su amo para enriquecerse.

Como ante la corrupción es muy fácil culpar a los ricos y poderosos, a los políticos… y no sentirnos personalmente implicados, el Señor nos ha dirigido las siguientes palabras: El que es de fiar en lo menudo, también en lo importante es de fiar; el que no es honrado en lo menudo, tampoco en lo importante es honrado. Puesto que la corrupción, en diferentes formas y grados, está presente en nuestra sociedad, en la Iglesia y en nosotros mismos, el Señor nos llama a que revisemos nuestras actitudes y comportamientos en lo menudo, en lo cotidiano, para comprobar nuestro nivel de honradez y detectar así también nuestros pequeños “casos de corrupción”, que son un reflejo de los grandes.

Para luchar contra la corrupción, en nuestra vida y en lo social y político, necesitamos tener presentes las palabras de Jesús: Ningún siervo puede servir a dos amos… no podéis servir a Dios y al dinero, porque todos tenemos “apetencias de ricos” y podemos caer, y de hecho caemos, en diferentes formas y grados de corrupción. Por eso, por muchas llamadas de carácter político o religioso que se escuchen en una sociedad contra la corrupción, las cosas sólo empiezan a cambiar cuando hay personas que se atreven a enfrentarse a su propia verdad y están dispuestas a transformar su vida. La conversión personal, para servir a Dios ante todo, pasa por lo concreto de nuestras vidas, por el día a día. Y no se nos pide nada que no esté a nuestro alcance.

ACTUAR:

¿Qué casos de corrupción conozco? ¿Cuál es mi reacción ante ellos? ¿Qué “casos de corrupción” descubro en lo menudo de mi vida? ¿Intento justificarme por ellos? ¿Cómo evalúo mi honradez? ¿Sirvo de verdad a Dios, o al dinero?

La victoria sobre la corrupción exige dos cambios: la conversión del propio corazón a Cristo y su Evangelio, y trabajar por el cambio de estructuras. Cada uno debe concretar las acciones que estime convenientes adaptadas a su realidad para fortalecer los valores morales, éticos, cívicos y solidarios de nuestra sociedad. Todos somos responsables de que se viva en un mundo más humano, lejos del engaño, del abuso, de la corrupción.

Acabamos con las palabras del Papa Francisco. Para luchar contra la corrupción, como en las demás cosas, hay que empezar: si no quieres corrupción en tu corazón, en tu vida, en tu patria empieza tú. Si no empiezas tú tampoco va a empezar el vecino.

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