Parròquia Sant Vicent Màrtir de Benimàmet

Homilía 19 TO-C

Sólo la “f” y la “e”

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VER:

Como consiliario de Acción Católica General, y como acompañante de Equipos, para señalar la necesidad de la formación, he citado en muchas ocasiones el texto de 1Pe 3, 15: estad siempre prontos para dar razón de vuestra esperanza a todo el que os la pidiere. Como discípulos y apóstoles, necesitamos descubrir las razones para creer en Dios, y así después poder ofrecerlas a los demás, de modo que la fe no aparezca como algo irracional, sino razonable. Manteniendo esto, desde hace unos meses señalo que a veces esas razones que apoyaban nuestra fe parece que se desvanecen, o nos resultan insuficientes, y nos quedamos sólo con la “f” y con la “e”, es decir, con un puro y seco  “me fío de Dios”, aunque no se encuentre ninguna razón para apoyar el asentimiento de fe, incluso aunque las circunstancias personales o sociales parece que desdicen esa fe.

JUZGAR:

Es lo que afirmaba el autor de la Carta a los Hebreos: la fe es seguridad de lo que se espera, y prueba de lo que no se ve. Aunque todavía no tengamos lo que esperamos, aunque no “veamos”, por la fe tenemos no sólo la seguridad de alcanzarlo, sino que podemos actuar como si ya lo tuviéramos delante y lo estuviéramos viendo. Y como decíamos antes, no es una fe irracional; nos fiamos de Dios, y por mucho que las circunstancias parezcan negarlo, por lo que hemos llegado a conocerlo sabemos que está ahí y no nos dejará en la estacada.

Nuestra fe, aunque sea una fe desnuda, es fe “en Dios”, y por eso, por Él, se convierte en el motor de nuestra existencia, como hemos escuchado en la 2ª lectura: por fe obedeció Abrahán a la llamada… salió sin saber adónde iba… y lo mismo Isaac y Jacob… Por fe también Sara obtuvo fuerza para fundar un linaje… Ellos se fían de Dios y de su promesa, y siguen adelante confiando en Él en las circunstancias favorables y en las circunstancias adversas, incluso en situaciones incomprensibles: Por fe Abrahán, puesto a prueba, ofreció a Isaac: y era su hijo único lo que ofrecía, el destinatario de la promesa.

Y para que no nos queden dudas, el autor señala: Con fe murieron todos éstos, sin haber recibido la tierra prometida; pero viéndola y saludándola de lejos. No pudieron ver realizada la promesa, pero eso no les impidió seguir fiándose de Dios, sabiéndose eslabones de la cadena que lleva a ese cumplimiento.

La promesa de Dios se mantuvo para el pueblo de Israel, como hemos escuchado en la 1ª lectura: aquella noche se les anunció de antemano a nuestros padres, para que tuvieran ánimo al conocer con certeza la promesa de que se fiaban. Y esa promesa sigue vigente para nosotros, como el propio Jesús nos ha recordado en el Evangelio: No temas, pequeño rebaño: porque vuestro Padre ha tenido a bien daros el Reino.

Somos herederos de la promesa de Dios, Jesús nos lo ha dicho. ¿Nos fiamos de Él? Pues aunque sólo sea por Él, porque nos lo ha prometido, también nosotros debemos actuar en consecuencia.

El mismo Jesús nos dice cómo actuar: Vended vuestros bienes y dad limosna; haceos… un tesoro en el cielo (como decíamos la semana pasada), estad como los que aguardan a que su señor vuelva de la boda… estad preparados… Por la fe en Jesús, tenemos que sabernos eslabones de la cadena que lleva al cumplimiento de la promesa de Dios. Cada uno tenemos que ver cómo concretar en nuestra vida estas indicaciones, aunque en algunos momentos sólo sintamos que tenemos la “f” y la “e”, aunque no “veamos”, aunque no entendamos, aunque no experimentemos… pero fiándonos del Señor.

ACTUAR:

¿Cuáles son mis razones para creer en Dios? ¿Sabría dar razón de ellas a otros? ¿En alguna ocasión he experimentado que esas razones me resultaban insuficientes, que sólo tenía la “f” y la “e”? ¿Me he seguido fiando de Dios, como los personajes de la 2ª lectura, aunque no “viera”, aunque las circunstancias fueran adversas e incomprensibles? ¿Me siento heredero de la promesa de Dios, eslabón de la cadena que lleva a su cumplimiento definitivo? ¿Cómo se concreta eso en mi vida?

Decía Jesús en el Evangelio una frase que personalmente me interpela: Al que mucho se le dio mucho se le exigirá; al que mucho se le confió, más se le exigirá. Tengamos la promesa de Jesús: No temas, pequeño rebaño, porque vuestro Padre ha tenido a bien daros el Reino. Él nos ha dado su palabra, nos ha confiado ser sus testigos. Aunque no sea fácil vivir por la fe, aunque en ocasiones sea una fe desnuda, sigamos adelante porque el que os ha llamado es fiel y cumplirá sus promesas (1Tes 5, 24).

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