Parròquia Sant Vicent Màrtir de Benimàmet

Homilía 16 del TO-C

Sentémonos con el Señor

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VER:

Cuando llega una visita a casa y queremos atender bien a esa persona, solemos decirle: “Pasa y siéntate, no estés de pie”. Estar sentados invita a la escucha, a la confianza. Y ahora en verano, en este tiempo en que la vida parece que toma otro ritmo más pausado con el calor y las vacaciones, aprovechamos para visitar a amigos y familiares. Se agradece poder sentarse “a la fresca”, ya sea en casa, en la terraza, o en la calle, y poder hacer esas cosas para las que, el resto del año, no tenemos tiempo ni ocasión: compartir un tiempo de amistad y de conversación tranquila, disfrutar de un buen libro, o dejando de lado, aunque sea por un rato, los problemas y quebraderos de cabeza habituales.

JUZGAR:

Y algo para lo que también debemos aprovechar este tiempo de verano es para cuidar nuestra relación con Dios, porque es el tiempo propicio, porque quizá durante el resto del año no encontramos la ocasión y el tiempo que necesitamos para ello, nos ocurre como a Marta en el Evangelio, que se multiplicaba para dar abasto con el servicio.

En la 1ª lectura hemos escuchado que Abrahán estaba sentado a la puerta de la tienda, porque hacía calor. Y mientras está sentado “a la fresca”, el Señor se apareció a Abrahán. Que nosotros estemos de vacaciones no significa que Dios esté de vacaciones, ni que nosotros “demos vacaciones” a Dios. Dios sigue pasando por nuestra vida, y nosotros podemos encontrarnos ahora en mejores condiciones para recibirle, para decirle como Abrahán: no pases de largo junto a tu siervo; para hacer como María, la hermana de Marta, y ponernos a los pies del Señor y escuchar su palabra con mayor atención, para que así continuemos avanzando hacia la madurez en la vida cristiana, como decía san Pablo en la 2ª lectura.

ACTUAR:

No dejemos que el Señor pase de largo, aprovechemos estas semanas para “sentarnos” con el Señor, en casa, en el templo, o en algún lugar tranquilo; aprovechemos para hablar con Él con tranquilidad en la oración, “tratando de amistad mucho tiempo a solas con quien sabemos nos ama”, como decía Santa Teresa de Jesús.

O bien, ejercitémonos en la contemplación, “estando” sin más, sin palabras, pero en actitud orante, con el corazón dirigido y abierto hacia Él, aprendiendo a ponernos a la escucha. “Dios es como el sol, broncea con solo ponerse delante”, pero no le pongamos sombrillas.

También uno se sienta para escuchar y aprender. “Sentémonos” pues con el Señor, para meditar su Palabra, sin prisas: podemos leer la Palabra de cada día en la Eucaristía, o bien algún texto bíblico, o leer ese libro de espiritualidad o ese documento del Magisterio del que hemos oído hablar pero para el que nunca encontrábamos tiempo…

Quizá alguien puede pensar: “Ni en verano nos dejan tranquilos, con el ajetreo del resto de año ahora no apetece calentarse la cabeza, sólo descansar”. Pero recordemos las palabras del Señor: Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados y yo os aliviaré… y encontraréis vuestro descanso (Mt 11, 28-29).

Precisamente porque estamos cansados y agobiados, necesitamos aprender a descansar en el Señor. No seamos “Martas”, menos aún en estos meses de verano, por muy piadosas y necesarias que nos parezcan nuestras ocupaciones, no sea que dejemos que el Señor pase de largo, y no escuchemos lo que Él nos quiera decir.

Aprendamos, incluso obliguémonos, a ser “Marías” y sentémonos con el Señor, aprendamos a encontrar en Él nuestro descanso.

Aunque sea por unas semanas, tenemos la oportunidad de “escoger la parte mejor”, como Jesús señaló que hizo María. No dejemos que nos la quiten.

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