Revisión y programación
VER:
Hoy es el primer domingo del mes de julio, estamos en pleno verano, una temporada en la que solemos cambiar la rutina y los hábitos cotidianos. Este mes, y el de agosto, son unos meses en los que podemos proponernos hacer algo que habitualmente el resto del año nuestras obligaciones y circunstancias no nos permiten. Y “algo” que necesitamos hacer es pararnos a revisar cómo hemos vivido el curso que ha finalizado; de septiembre a junio el ritmo de nuestra vida nos impide disponer de ese tiempo que necesitamos para reflexionar y revisar. Es ahora cuando necesitamos pararnos para ver nuestros logros y carencias, y programar qué vamos a hacer ya a partir de septiembre. Y esto vale tanto para nuestra vida familiar como para la laboral o la eclesial.
JUZGAR:
En el Evangelio, Jesús nos ha dado una serie de indicaciones para revisar nuestro “ser cristianos”, nuestro ser discípulos y apóstoles suyos, y cómo estamos santificándonos en la misión evangelizadora.
Designó el Señor otros setenta y dos: necesitamos recordar que “somos Iglesia”, que ser cristiano no es algo individual, que no estamos solos en esta misión, que debemos contar con los otros.
Y los mandó por delante… adonde pensaba ir él: también debemos recordar que somos “apóstoles”, somos enviados por el Señor. Y que el protagonista es Él, no somos nosotros.
De dos en dos: dos es el número mínimo para ser comunidad, grupo, Equipo. Pero con el Señor, eso es suficiente. Aunque seamos pocos en el Equipo, en la parroquia, el Señor está con nosotros, viene con nosotros.
La mies es abundante y los obreros pocos: Debemos ser realistas, se llega adonde se puede, y por eso hay que asumir compromisos concretos, posibles y revisables, no grandes proyectos ilusorios.
¡Poneos en camino! Ser cristiano es algo dinámico, no es algo intimista. No debemos acomodarnos en lo fácil y lo conocido, sino estar dispuestos a asumir nuevos retos. No todos servimos para todo, y no todos hacemos lo mismo ni de la misma manera, pero todos somos necesarios.
Os mando como corderos en medio de lobos… no os detengáis a saludar a nadie por el camino: nunca ha sido fácil ser un cristiano coherente, y hay que estar atentos a lo que van a tratar de impedir que llevemos adelante la misión evangelizadora.
No llevéis… Jesús simplifica lo necesario para la misión. Del mismo modo que “con dos es suficiente”, tampoco debemos pensar en grandes montajes para poder llevar a cabo la evangelización. Recordemos las palabras del Papa Pablo VI en Evangelii nuntiandi: (41) Para la Iglesia el primer medio de evangelización consiste en un testimonio de vida auténticamente cristiana.
Cuando entréis en una casa, decid primero: “Paz a esta casa”: el discípulo apóstol es portador de paz.
Cuando entréis en un pueblo y no os reciban, salid… En la misión evangelizadora no hay que ser agobiantes, pesados. Debemos recordar que la fe se propone, no se impone.
Está cerca el Reino de Dios: El Reino de Dios es el contenido central del mensaje de Jesús. Él se presenta como el enviado para anunciarlo y como el comienzo de ese Reino. Él mismo es el Reino de Dios. Ésta es la Buena Noticia que debemos transmitir, nos hagan caso o no nos hagan caso.
ACTUAR:
¿He realizado o tengo pensado realizar este verano la revisión del Proyecto Personal de Vida? ¿Me he acomodado en alguna dimensión? ¿Me siento llamado y enviado por el Señor a evangelizar? ¿Estoy disponible para asumir nuevos retos, si es necesario, para “salir” de mi parroquia? ¿Cuál de las indicaciones que hemos escuchado en el Evangelio necesito cuidar especialmente?
El curso, nuestra vida, no se programa en septiembre tras el paréntesis del verano; para entonces ya debe estar todo preparado. Es ahora cuando debemos hacerlo, a partir de la revisión de lo que hemos hecho en los meses anteriores, para continuar creciendo como discípulos y apóstoles.
Y hay una última indicación que necesitamos tener muy en cuenta: no estéis alegres porque se os someten los espíritus; estad alegres porque vuestros nombres están inscritos en el cielo. En la misión evangelizadora no busquemos el éxito o los buenos resultados (que seguramente pocas veces se producirán); busquemos sobre todo ser fieles a la confianza que el Señor ha depositado en nosotros.